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jueves , 14 diciembre 2017
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Estados fallidos o fallas estatales

Dr. Víctor M. Valle

El Arzobispo Escobar Alas deslizó en un discurso reciente  la posibilidad de que pronto seamos un “estado fallido” y eso ha desatado muchas presentaciones y discusiones  en los medios de comunicación. Algunos analistas se han lucido con perogrulladas y galimatías

Varias cosas me quedan claras.

1. Las palabras del actual arzobispo tienen eco, prescription recipe principalmente, order en los ámbitos derechistas. El no es percibido como afín al  arzobispo mártir y héroe monseñor Romero.

2. En el debate político actual de El Salvador se prefiere lo adjetivo a lo sustantivo, lo trivial a lo esencial, lo secundario a lo primario y lo ruidoso mediáticamente a la reflexión orientadora de acciones fecundas.

3. Se ha afincado en el ámbito político una práctica distractora que no permite abordar los problemas de raíz y con eficacia.  Las discusiones son un desafuero, lo horrible que es ser político, la pureza apolítica para optar a cargos políticos, los gastos de la toma de posesión, los regalos de corbatas  y, ahora, el significado de fallido.

4. Las élites intelectuales y políticas y las que “crean opinión” –salvo contadas excepciones-no hacen nada por educar al soberano, y educarse, pues prefieren la opinión ligera y atractiva a la reflexión  bien pensada sobre los problemas nacionales.

Mientras tanto, los problemas esenciales del país siguen esperando de diálogo productivo para acciones estratégicas. Había ofrecido un artículo sobre las raíces de nuestras violencias, en uno que escribí sobre dos niños sacrificados en el patíbulo social (Co Latino jueves 7 de agosto 2014), pero decidí que antes debo exponer mis puntos de vista sobre esto de “estado fallido” que ha lanzado a los aires el arzobispo Escobar Alas.

El concepto de fracasos estatales o estados que fracasan en algunos de sus compromisos ha sido tratado por autores u organismos varios. Max Weber apuntaba como un fracaso estatal el no poder tener el monopolio del uso de la fuerza, o como dicen los juristas, la función de interdicción. Noam Chomsky, dirige los factores del fracaso a los incumplimientos de los objetivos del Estado. Incluso en el campo de la psicología también se tratan los actos fallidos En términos de la práctica política, eso de “estado fallido” se ha puesto de moda después del fin de la “guerra fría”, cuando surgieron ideas atolondradas como lo  del fin de la historia, más mercado menos estado y otras  similares. De lo que se trataba era de aprovechar y consolidar  la momentánea supremacía  de la potencia vencedora en la puja de la “guerra fría”, en cuyo epitafio se escribió en 1989: “Aquí estuvo el muro de Berlín”

Durante el gobierno de Clinton en los Estados Unidos, el vicepresidente  Al Gore constituyó en 1994  un grupo de trabajo (“State Failure Task Force”), que preparó unos estudios para uso de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al respecto de “fracasos estatales” en cursos de acción de estados nuevos o en crisis como Bosnia y Somalia. Las traducciones precipitadas y los tratadistas de esas traducciones comenzaron a hablar, a partir de esos informes, de “estados fallidos”. Nótese que el concepto de “state failure” adjetiva la palabra “state”, o sea que la traducción conceptual es “fracaso estatal” y no “estado fracasado o fallido”. Para los académicos del grupo de trabajo, existen fracasos estatales cuando un gobierno central es débil y no controla todo el territorio; no provee a todos los servicios básicos; padece de corrupción y delincuencia a gran escala,  sufre declinación económica y pone en riesgo la estabilidad de países vecinos.

En los últimos decenios, concretamente a partir de 1994, la cooperación internacional y los centros de investigación académica se han dado a la tarea de construir índices que cuantifiquen los fenómenos y las carencias sociales, ayuden a entenderlos y permitan abordajes más realistas y eficaces para resolverlos. Es el caso del índice de Desarrollo Humano, el Índice de Seguridad Humana, el índice de Paz Global y otros.

En el marco de esa tendencia a construir índices y a tono con la discusión sobre fracasos estatales, el Fondo para la Paz (Fund for Peace), una entidad sin fines de lucro basada en Estados Unidos,  construyó en el 2005 el Índice de Estados Fallidos o Fracasados, índice que por alguna razón, desde este año 2014, se llama Índice de Estados Frágiles. Fallido es cuando un objetivo no se logra. Frágil es cuando algo se rompe o quiebra con facilidad.

Como siempre pasa en esto de los índices o indicadores, para construirlos se combinan variables cuantificables y en el caso de los Estados Frágiles, estas variables tienen que ver con la población, el desarrollo económico, la pobreza, los servicios públicos, la seguridad, los derechos humanos, el imperio de la ley, la intervención extranjera y otros.

El índice de Estados Frágiles (antes Fallidos) de este 2014 permite clasificar a los países en varias categorías que van desde “Alerta Muy Alta”, siendo el más vulnerable Sudán del Sur, hasta “Muy Sostenible”, que solamente lo ostenta Finlandia.

Esta información de 178 Estados estudiados  dice, con datos verificables y comparables, que el Estado más frágil, por sus violencias y deficiencias en políticas públicas, es Sudán del Sur que ocupa el lugar 1 en fragilidad y el más sostenible es Finlandia que, por ocupar el lugar 178, es el menos frágil

El Salvador aparece en el lugar 100.Quiere decir que de acuerdo a este análisis, en términos de fragilidades y sostenibilidad, El Salvador tendría que descender 100 peldaños para estar como Sudán del Sur y tendría que ascender 78 peldaños para estar como Finlandia.

Es más, el  lugar 100 ubica a El Salvador en la categoría de “Alerta”, por sus deficiencias sociales y económicas y en esa categoría también están los países latinoamericanos de Perú, México y República Dominicana. La diferencia es que esos países no gobiernan las izquierdas y no hace falta sembrar miedos.

Estos datos nos dicen que  la apocalíptica visión sugerida por el arzobispo Escobar Alas para El Salvador  no está bien sustentada. Es más, de acuerdo al Índice de Estados Frágiles mencionado, solo la quinta parte de los Estados del mundo se encuentran en condiciones de estabilidad y sostenibilidad económica, política  y social

El Estado Fallido, en términos absolutos, prácticamente no existe. Salvo que el Estado desaparezca por alguna acción. Lo que hay son fracasos estatales en políticas públicas.

En el caso de El Salvador y tomando como base la perspectiva de Chomsky, se debe examinar el nivel de fracasos estatales tomando como referencia el objetivo fundamental que se ha propuesto  el país en los tiempos modernos y es bueno tomar como referente  la Constitución Política de 1983, legitimada por la reformas surgidas de la negociación que condujo a los Acuerdos de Paz. La Constitución vigente dice: “El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común.

En consecuencia, es obligación del Estado asegurar a los habitantes   República, el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social”.

Por supuesto que, como casi todos los Estados del mundo, en El Salvador no se cumplen a plenitud,  para todos los habitantes,  lo que la Constitución consigna como la obligación del Estado. Y eso ha sido así a lo largo de la historia  y por eso hubo una guerra civil, una negociación y unos acuerdos de paz. Las evidentes deficiencias que, en materia de desarrollo y justicia,  aún existen en El Salvador nos deben orientar para llevar a cabo acciones concretas y eficaces que resuelvan los problemas surgidos de esas deficiencias. Es bueno advertir en lo que se está mal; pero es mejor insuflar optimismo en la población para emprender las grandes tareas de las transformaciones sociales.

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