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domingo , 17 diciembre 2017
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ESTADO LAICO Y SEXUALIDAD

Dra. Sofía Villalta Delgado

Las religiones juegan un papel importante sobre la sexualidad: unas permiten a los hombres tener varias mujeres, otras profesan la monogamia y el ejercicio del poder masculino sobre cualquier decisión femenina. Estos postulados facilitan que en la intimidad se genere cualquier tipo de abuso imaginable en detrimento de las mujeres.

Hablar públicamente de la “intimidad” y cómo la viven específicamente las mujeres, es un pecado que tiene una condena pública inmediata sobre la contraloría social que ejerce una sociedad patriarcal. A las mujeres que estamos involucradas –por nuestro trabajo cotidiano– con aspectos relacionados a la sexualidad, nos genera un estado de impotencia sometida a la rigidez en torno a los valores que controlan y transgreden el principio de igualdad, la autonomía y el poder de decisión sobre la propia sexualidad.

El desafío de cómo enfrentar una cruda realidad que castra, limita, prohíbe, somete, regulariza, humilla y subordina la sexualidad de las mujeres al deseo, el poder, la violencia y el dominio que el hombre ejerce en la intimidad de las relaciones de pareja, y que no se resuelve ante los esfuerzos limitados de una sociedad manejada en las diferentes estructuras por el poder masculino, hace que nos preguntemos: ¿cómo se inició esto y hasta dónde nos lleva?

La verdad es que el espacio de la sexualidad está impregnado de elementos religiosos, de moral y ética controlada por pensamientos religiosos y manejados desde el poder político del Estado. Penetrar en estas estructuras de poder no es viable, si no se vive una legítima separación del Estado de cualquier pensamiento religioso. Solo así se puede perder el miedo de hablar y debatir sobre los derechos sexuales de las mujeres, en espacios de igualdad en relación con los hombres.

Bajo el escenario público de un Estado laico, los conflictos que se establecen en la concepción de derechos reflejados en las políticas públicas y las concepciones religiosas implícitas, pueden ser dilucidadas con objetividad y neutralidad, es decir, bajo una visión de derechos en un mundo de iguales.

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