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El Salvador, Sábado 30 de Agosto de 2014
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Miércoles, 28 de Noviembre de 2012 / 07:53 h

En defensa del uso y difusión del lenguaje no sexista

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Jorge Vargas Méndez*
jvargasmendez@yahoo.com

Una verdad indiscutible es que la cultura es cambiante, susceptible al cambio; y la lengua, como parte de aquélla también lo es. Así, la lengua española no es ni la sombra de la que Antonio de Nebrija sistematizó en el libro al que llamó Gramática Castellana (1492), como tampoco lo es la lengua salvadoreña respecto a la que dominó entre las elites españolas y criollas de los albores del siglo decimonónico o entre la mayoría de la población que, por cierto, hablaba lenguas indígenas y una mezcla de éstas con el español, lo que mucho más tarde evolucionó precisamente en la lengua salvadoreña, a la que bien podríamos llamar la Lengua de Salarrué o lengua salarrueriana, con un claro precursor, eso sí: Arturo Ambrogi (El libro del trópico).
Toda lengua, como vehículo de comunicación, evoluciona constantemente a partir de los cambios sociales, económicos, políticos, tecnológicos y otros. No se mantiene estática. Y eso es así porque son las personas quienes la usan, la crean, la modifican, la adaptan a sus propias necesidades expresivas en determinado contexto. En El Salvador, la llegada del ferrocarril en el último cuarto del siglo XIX impuso cambios en la lengua, como también en su momento lo hicieran el telégrafo, el teléfono, la radio, la televisión y, más recientemente, las llamadas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Similar papel ha jugado la plataforma de los Derechos Humanos desde 1948 y, posteriormente, los derechos específicos de las mujeres, entre otros sucesos más.
De ahí que raya en supino anacronismo alguien que, pretextando que hay que ceñirse a los dictados de la Real Academia Española (RAE), se oponga o rechace la actual dinámica evolutiva de la lengua, la cual se expresa en la tendencia a eliminar el sexismo en el lenguaje y que en muchos países, incluido El Salvador, es el correlato más evidente de los avances sociales, económicos y políticos logrados por las mujeres.
Tal evolución lingüística, por tanto, se manifiesta mediante el uso de artículos, adjetivos, sustantivos y formas verbales en femenino, y otros recursos léxicos y sintácticos que buscan visibilizar a niñas y mujeres para reconocerles finalmente su dignidad. En este punto, debe recordarse que es la lengua la que debe estar en función de las personas, y no a la inversa. ¿O las personas deben estar en función de una institución que no las representa? Claro que no. “Nada entra en la lengua sin haber sido ensayado en el habla, y todos los fenómenos evolutivos tienen su raíz en la esfera del individuo”, escribió el lingüista suizo Ferdinand de Saussure.
Así pues, pretender imponer la normativa de la RAE a quienes buscan asimilar un lenguaje acorde a los nuevos tiempos, no sólo es negar el carácter dialéctico de la lengua y la cultura, sino también una actitud que frisa con el autoritarismo que como país debemos superar, lo que lamentablemente haría de la Academia Salvadoreña de la Lengua el último reducto del colonialismo español en pleno siglo XXI. ¿Será esa su razón de ser?

¿Qué dice al respecto la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres?
En cambio, deben saber tanto profesionales del periodismo y las comunicaciones, medios y empresas publicitarias, docentes y toda persona e institución que oficia con la palabra que, a diferencia de los dictados de la RAE que carecen de vinculación con el marco jurídico salvadoreño, la Asamblea Legislativa decretó en diciembre de 2010 la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, la cual sanciona diversas formas de violencia contra la población femenina (Art. 9), incluida la violencia simbólica, que alude a las agresiones mediante toda forma de lenguaje.
De lo último señalado se colige, por ejemplo, que ahora es una falta a la aludida normativa dirigirse a públicos heterogéneos ninguneando la presencia femenina y asumiendo que niñas y mujeres se incluyen en el léxico masculinizado. Hacerlo, además, puede estar revelando una actitud misógina. Por tanto, criticar o ridiculizar a quienes adoptan un lenguaje no sexista o soliviantar los ánimos sexistas que pululan en el entorno, viene siendo una especie de apología al irrespeto del Estado de derecho. Las leyes se hacen para cumplirlas. En eso radica la institucionalidad de un país.
Es obvio que el uso del lenguaje no sexista encuentra y seguirá encontrando oposición, incluso entre las mismas mujeres. No es fácil liberarse de una imposición de larga data y, en este caso, de una lengua androcéntrica que en España se moldeó básicamente a partir de la cultura latina y las religiones patriarcales monoteístas. Pero algo si parece seguro: dentro de un siglo la nación salvadoreña hablará y escribirá muy distinto a la actual y las mujeres tendrán una presencia digna en el universo vocabular, en tanto que esta evolución se perfila, ciertamente, como una auténtica revolución capaz de sacudir las rígidas normas sexistas de la lengua española y sus variantes en diversos países. “La desigualdad es el origen de todas las revoluciones”, escribió Leonardo Da Vinci.
Ya en la propia España hay signos de cambio. Así lo ilustra el informe titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” que Ignacio Bosque, catedrático de la Universidad Complutense y académico de número, presentó al pleno de la RAE en marzo recién pasado, en Madrid. 
En el país, entretanto, seguiremos insistiendo en que la palabra evoluciona, cambia, se transforma, se hace, con y desde la misma gente, y es hasta después que puede llegar la normativa con “sus tijeras de podar idiomas”, como apuntó Miguel Ángel Asturias. De ahí que también insistimos en las palabras de nuestro escritor, poeta, antropólogo y lingüista, Pedro Geoffroy Rivas: “Día llegará –y ojalá llegue pronto– en que una Asamblea Constituyente derogue el absurdo artículo constitucional que declara idioma oficial al castellano e impone al Gobierno la obligación de conservarlo y difundirlo para decretar, siguiendo el ejemplo de Alfonso el Sabio, como idioma oficial de la República de El Salvador, la Lengua Salvadoreña”.
En todo caso, se debe evitar que por negligencia o desmemoria ocurra lo mismo que hace un siglo, cuando a través de la prensa escrita se promovió una campaña que obligó a la población indígena a renunciar a su lengua y cultura nativas en nombre de la “modernidad y civilización”. Ahora, algo similar puede ocurrir, con el argumento de la supuesta defensa de un idioma marcadamente sexista. * Poeta, escritor, miembro del Foro de Intelectuales de El Salvador.

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