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El Salvador, Sábado 18 de Mayo de 2013
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Martes, 30 de Octubre de 2012 / 08:33 h

Opinando sin política N° 710

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Eduardo Badía Serra

La semana anterior ha sido un reflejo fiel de la crisis total que se vive en el país. Uno de los elementos más visibles de ello ha sido el carácter de confrontación que ha habido entre diferentes sectores de la vida nacional, crudo como pocas veces lo hemos visto en estas épocas de “paz”. Algunas “muestras”: El alcalde desaloja a los vendedores ambulantes del centro de San Salvador, en un operativo mayúsculo y sin precedentes en nuestro historia reciente, contando con la colaboración de la Unidad de Mantenimiento del Orden de la PNC; tres mil efectivos y maquinaria pesada se involucran en el acto de masivo desalojo, que afecta, al decir, a unos siete o diez mil vendedores de todo tipo y de todo nivel; huelga en el Hospital Zaldaña de los Planes de Renderos, con manifestaciones paralelas de calle; confrontación entre sindicalistas y autoridades de la comuna de Soyapango, que llega a los altercados físicos, y que por supuesto, provoca acciones de calle y alteración del tráfico y del orden público; transportistas se toman repetidamente las calles de la ciudad, manifestándose a lo largo de ellas y de nuevo confrontando con la autoridad pública; los discapacitados de guerra también van a la calle y se manifiestan exigiendo el cumplimiento de compromisos pactados como producto de los acuerdos de paz; y todo, provocando graves alteraciones al tránsito y al orden, alterando el ejercicio normal de las actividades económicas, y dinamizando aun más el clima de inestabilidad política y social existente. Por otro lado, los accidentes de tránsito y sus consecuencias dolorosas continúan al alza. En un solo día, si mal no recuerdo, el jueves, tres accidentes de alta dimensión provocan muertes inocentes, y en uno de ellos particularmente, el culpable provoca la muerte a tres personas, una señora y dos niños inocentes; todo, teniendo como causa principal, la falta de educación vial y el irrespeto a las normas de tránsito por parte de los conductores,  el exceso de velocidad,  y la conducción de vehículos bajo los efectos de bebidas embriagantes y drogas enervantes. Continúa el caos vehicular, con tráfico congestionado e insoportable, debido a la construcción de nuevas y sibaríticas avenidas, al bacheo, pero sobre todo, al exceso indetenible de vehículos que circulan por las calles de las ciudades.
Los “padres de la patria”, en la Asamblea Legislativa, continúan dando al pueblo muestras de irresponsabilidad y falta de educación mayúsculas: Se habla de “compra de voluntades”, (término este muy interesante y propio para el estudio y el análisis), por altas sumas de dinero, con el objeto de orientar votos; diputados “se sacan  la lotería” en momentos muy específicos de su accionar; el Fiscal General de la República continúa sin nombrarse, esperando probablemente que se cumplan ciertos plazos de prescripción de delitos, y de la forma más pasiva posible, como si no importara que este cargo tan vital para la Nación fuera llenado pronta y adecuadamente; acusaciones sobre la mesa entre partidos, mientras estos buscan “consensos”, (otro término que ya urge de definir adecuadamente, sobre todo en relación con su probable sinónimo de “componenda política”), bajo la mesa; se habla de inversiones millonarias para establecer sistemas que permitan “mejorar la imagen de los diputados”, imagen que sólo podría cambiarse modificando la forma de acción de ese órgano del Estado y haciendo que cumpla con sus obligaciones honesta y responsablemente.
No hay dinero para cumplir las obligaciones ordinarias del gobierno, con los maestros, con los hospitales, con los pensionados, con los transportistas, y todo va resolviéndose recurriendo al manido recurso, mala maña, del préstamo, préstamos que serán pagados por nuestros hijos y nietos sin que ellos tengan responsabilidad alguna en el problema, y  menos aun sin que se les haya consultado. Los economistas más renombrados del país señalan una cruda crisis económica, con crecimientos risibles, aumento alarmante de la deuda, desbalances comerciales cada vez mayores, falta de inversión pública y privada, estancamiento y retroceso de las dos actividades económicas primarias, la industria y el comercio, fuga de empresas y de capitales nacionales, toma de sectores, con características sinárquicas, por parte de empresas y capitales extranjeros, enajenación de nuestros bienes estratégicos,  decaimiento fuerte en el índice de competitividad, etc.
Eso es de lo que el ciudadano común se entera por los medios de comunicación, y comprueba además en su cotidianidad. Es la lamentable realidad que vive un país sin esperanzas y sin fe, triste y solo, esclavo de un sistema político partidario que lejos de representarlo en los diferentes órganos del Estado, se ha olvidado de sus compromisos de campaña y ahora se lucra de las oportunidades que otorga el poder. ¿Quién pone orden en este caos? ¿Quién vuelve por el ejercicio de la libertad de los ciudadanos? ¿Adonde está el Gobierno? ¿Adonde está el Estado? ¿Adonde está la Nación? ¿Adonde está el piloto?  Del caos nadie se hace responsable, y los funcionarios públicos continúan en esa su “calma chicha” en la que suelen medrar, lejos del sufrimiento y de la tortura de aquellos a quienes en su oportunidad salieron a pedir el voto y de quienes ahora han olvidado.
El país necesita restaurar el orden sin menoscabo de las libertades. Este es el difícil dilema entre esos dos conceptos, aparentemente antagónicos pero en realidad complementarios. Dice el Doctor Roberto Lara Velado en su excelente “Estudio Histórico de la Evolución Política de la Humanidad”, que “…una sociedad no es otra cosa que una colectividad, o sea, la agregación de los individuos que la componen, y que….no es posible la existencia del ente gregario sin la existencia de sus miembros…..”. Por lo tanto, continúa, “…todo interés social bien entendido ha de fundarse en la supervivencia de sus miembros, sin los cuales la sociedad no podría subsistir, y que todo interés individual, considerado en función de la realidad social, tiene que procurar la conservación adecuada de tal realidad, ya que fuera de ella no puede desenvolverse la vida humana”.  Continúa el Dr. Lara Velado: “El fenómeno político es un aspecto del hacer gregario del hombre,…..por lo que…los objetivos políticos no pueden ser superiores a los fines generales de toda sociedad humana”. Dentro de estos fines, hay dos elementos inevitablemente necesarios: El concepto del orden y la idea de libertad, que, aparentemente contradictorios, son realmente complementarios. Y tal es la importancia de ambas nociones, que continúa el Dr. Lara Velado diciendo que “el ejercicio del gobierno, si ha de garantizar la consecución de los fines de la Sociedad, que son razón ontológica de su existencia, no puede menos de fundarse, ¡Fíjese bien en esto, estimado lector de Opinando sin Política!,  en el equilibrio del orden y la libertad.(los subrayados son míos). Un orden sin libertad no sería orden social, porque no estaría orientado a la realización de los fines de la Sociedad. Una  libertad sin orden, degenera en libertinaje, el cual hace imposible el ejercicio de la misma libertad”.
Importante, pues, sostener ese delicado equilibrio entre orden y libertad; pero sólo con él pueden lograrse los objetivos de la sociedad. En nuestro caso, aquí y ahora, tal equilibrio no existe. No hay en el país, orden ni libertad. ¿Cómo hacer para lograrlo? De esto seguiremos hablando en próximas columnas. Es necesario. Es urgente. Es vital.   
Al margen de lo anterior, ¡visca el Barça!
He cedido la palabra a Don Roberto Lara Velado, gran intelectual nacional, gran jurista.  Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga mente para comprender, que comprenda.
Pueblo, ¡rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡levántate y anda!
¿De política? ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando si Co Latino me lo permite.

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