El desalojo violento de ventas informales ordenado por Norman Quijano, en unas 30 manzanas del centro histórico de San Salvador, no solo es la continuidad del trabajo cosmético del edil, sino la “dureza” que busca proyectar en el marco de la campaña electoral que se aproxima.
Hoy, los y las capitalinas saben porqué Quijano se compró, y seguramente con ello malgastó fondos de la comuna, un vehículo blindado. Es que Quijano sabe que sus acciones no son de paz, no son de diálogo, sino de violencia, y que pese a que no le abunda la sapiencia, ha aprendido que la violencia genera violencia.
El alcalde capitalino y candidato presidencial de la ultraderechista ARENA retomará el discurso de la “mano dura”, por eso es que, en vez de dialogar con vendedores, de la noche a la mañana decide sacarlos a golpes y a fuerza de tractores. Por eso es que, en España dijo que está en contra de la tregua entre las pandillas, o sea, prefiere los 14 homicidios diarios y hacerle frente a las pandillas.
Es cierto que la población salvadoreña, y sobre todo la capitalina, se merece una ciudad, un centro histórico limpio, seguro, acogedor; que le sirva de lugar de esparcimiento y, sobre todo, de interacción social, desde la óptica cultural y educativa. Esto, obviamente, es posible, con planes serios, sin afectar a nadie, o por lo menos, afectar lo menos posible.
Arrebatarle una forma de vida a siete mil vendedores ambulantes, es decir, a siete mil familias, que significan 70 mil personas, sin ofrecerles una salida decente para que lleven los alimentos a sus hogares, es sencillamente reprochable.
El Procurador de los Derechos Humanos, Oscar Luna, ha sido testigo, y así lo ha hecho público, que los espacios donde fueron asentados los vendedores que desalojaron de las primeras cuadras de la calle Arce, no reúnen las condiciones para comerciar.
Es paradójico, pero cierto, hay más insalubridad en las pocilgas seleccionadas por el alcalde para los vendedores que las calles mismas.
Este país tiene serios problemas de empleo, peso a los grandes esfuerzos que hace este gobierno, de ahí que desalojar a los vendedores, quitarles el único mecanismo para llevar el sustento a los hijos e hijas, es sencillamente un crimen, y el ciudadano de bien debería condenarlo.
Los desalojos de mujeres humildes, sin ofrecerles una opción digna para ganarse la vida, es condenarlas a sumirse en la miseria.
Norman Quijano no brilla por la más mínima pizca de inteligencia, sino de torpeza y dureza, ese es el candidato de derecha que seguiremos viendo en los próximos meses.



