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El Salvador, Domingo 19 de Mayo de 2013
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Martes, 23 de Octubre de 2012 / 09:29 h

Opinando sin política N° 709

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Eduardo Badía Serra

Ciertamente, la novela de costumbres ha sido uno de los géneros literarios mejor logrados en el país, y en América Latina, diría yo. Ya nos hemos referido a algunas de ellas, Jaraguá, Pacunes, Las Tinajas, Cuentos de Barro, Candidato,  Me Monto en un Potro, Trenes, Hombres Contra la Muerte, El libro del Trópico, etc., entre las nacionales, y también a esas soberbias narraciones americanas, Doña Bárbara, Don Segundo Sombra, La Vorágine, María, Los de Abajo, y Amalia, entre otras. Pero hay un género que es muy especial para recrearnos en las realidades que vivimos, y dejarnos enseñanzas que nos reaviven el espíritu y nos induzcan a la búsqueda de mejores derroteros. Este género es la Fábula, en la cual el país no ha destacado tanto, pero sí mucho, sobre todo, con uno solo, León Siguenza, ese gran fabulista cojutepecano que es, sin más, comparable a otros grandes fabulistas universales como Esopo, Samaniego, Iriarte y otros. León Siguenza, 1895-1942, publicó su único libro, sus Fábulas, el mismo año de su muerte, y en ellas ironiza, entre otros temas, contra la política y los gobiernos corrompidos por los males de su época.  La facultad que tienen sus fábulas para actualizarse y recrearse las hacen un clásico. Y es que estos elementos literarios no deben utilizarse como medios para atacar o denigrar a las personas de quienes, figuradamente, se habla, sino que más bien son estas las que deben tomarlas como francos y honestos mensajes para hacerles conocer las posiciones que toman, no siempre las más convenientes para su país. Son, pues, elementos del conocimiento, enseñanzas, que, como tales, deben asumirse y tratar de seguirse. El libro de León Siguenza debería ser objeto de obligado estudio en nuestras escuelas y universidades, y digo, de estudio, sujeto entonces a la crítica y al análisis de sus lectores, maestros y alumnos. Siguenza es realmente poco conocido, pero es un maestro de la moral, mucho más que tantos teóricos retóricos que lo único que hacen es alambicar los conceptos y retorcer los juicios para que nadie los pueda entender y por lo tanto, asumir. Dejo a León Siguenza para que nos ilustre con algunas de sus fábulas. La moraleja constrúyala usted mismo, estimado lector, y de la misma manera, direccione el mensaje a quien usted estime que corresponde. Yo sólo, como siempre lo hago, cedo la palabra

El Águila y el Pato.
El águila voló hacia el infinito
Llevando entre sus alas poderosas
Al venturoso pato, favorito
Sobre todas las cosas.
Viéndose tan arriba, el pobre pato
Sintió tener las alas muy ligeras,
Y creyó el insensato
Que él había volado a las esferas
De la región bellísima del cielo
Como un pájaro audaz que de este suelo
Al levantarse hiende
El viento y lo domina a golpes de ala.
Esto les ha pasado
A muchos funcionarios insensatos,
Que águilas se creyeron, siendo patos.

El Chompipe y la Chorcha.
Un pavo cojo y pesado
Que la cola desplegaba
Todo erguido y esponjado,
A la chorcha preguntaba
Con risible majestad:
-“Por tu vida, amiga, dí,
¿qué dicen en la ciudad
Cuando se trata de mí?”
Contestóle ella de pronto
-“¿Qué han de decir…? La verdad;
Se dice que eres un bobo
Henchido de vanidad”.

El polvo y el Sol.
Un nubarrón de polvo que violento
Del suelo arrebataba
El borrascoso viento,
Y al cielo lo elevaba,
Al claro Sol decía de este modo:
-“Mírame oscurecer tu ardiente fuego”.
-“Sí, le responde el Sol, pero muy luego
Vendrá la calma y volverás al lodo”.

Bueno, León Siguenza tiene muchas otras fábulas muy didácticas, que, por supuesto, no son motivo de la Paes y su nueva versión suavecita, pero que podrían irnos ilustrando cómo debe ser el comportamiento humano y cómo deben tratar de cumplirse las normas morales más elementales. Todas ellas están contenidas en un solo libro, que entiendo ha sido editado por la Dirección Nacional de Publicaciones. Leámoslo, porque, como decía Espino, también de un solo pero extraordinario libro, Jícaras Tristes, ese en el que escribiera ese triste pero real en nuestra actualidad poema llamado Lucita, esa Lucita a quien la ciudad le quemó las alas de la ingenuidad; y ese otro doloroso y angustiante de La muchachita pálida………….”aquella muchachita pálida que vivía…..pidiendo una limosna de mesón en mesón……”, y que “…..Nadie sabe quién era ni de donde venía…….”; repito, pues, como decía Espino en Cantemos lo nuestro:

El terruño es la fuente de las inspiraciones.
¡A qué buscar la dicha por suelos extranjeros
Si tenemos  diciembres cuajados de ilusiones,
Si tenemos octubres preñados de luceros!
He cedido la palabra a dos de nuestros grandes, Don León Siguenza y Don Alfredo Espino. Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga mente para comprender, que comprenda.
Pueblo, ¡rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡levántate y anda!
¿De política? ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando si Co Latino me lo permite.

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