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El Salvador, Lunes 22 de Diciembre de 2014
Última actualización : 27/10:47 h.

Viernes, 19 de Octubre de 2012 / 07:35 h

Protestas sociales: ¿manipulación política?*

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Luis Armando González

En las últimas semanas, se ha suscitado una serie de movilizaciones sociales que algunos analistas, de manera apresurada, han leído en clave de la incipiente campaña electoral que culminará con las elecciones presidenciales en 2014. Es decir, para estos analistas las protestas que se han suscitado (y se suscitarán de aquí en adelante) están motivadas políticamente, lo cual significa que sus dirigentes –se den cuenta o no de ello— están sirviendo a intereses políticos determinados, y no a los de los sectores sociales que dicen representar. O sea, en esta lectura, estamos asistiendo de nueva cuenta a una manipulación del movimiento social con fines electorales.

La principal razón que hace sospechar de la seriedad de la tesis de que el movimiento social actual obedece a motivaciones políticas es lo trillado de la misma.

De acuerdo. Eso es lo que dicen algunos de los analistas de la realidad política nacional. Que ellos lo digan, sin embargo, no quiere decir que su opinión deba ser aceptada sin mayores reparos o que, peor aún, tenga visos de ser una apreciación rigurosa y bien fundamentada. Desde nuestro punto de vista, esto último es lo cuestionable y, en consecuencia, es lo que hace inaceptable tal opinión.
La principal razón que hace sospechar de la seriedad de la tesis de que el movimiento social actual obedece a motivaciones políticas es lo trillado de la misma; siempre, en coyunturas prelectorales y electorales, sobran los que dicen que cualquier movilización social de protesta tiene una finalidad política, pues desde los partidos –“todos hacen lo mismo”, se suele decir— se manipula a los líderes sociales y a las bases de las organizaciones para que ataquen a los rivales políticos de turno.
Esta es una tesis que se repite casi por inercia y comodidad; no añade nada al conocimiento de la realidad, pues tiene como trasfondo la aceptación de que en El Salvador siempre sucede lo mismo cuando hay elecciones, en una especie de círculo vicioso que se repite interminablemente. Si siempre sucede lo mismo, lo único que queda por hacer es constatarlo; y en este caso, la constatación que se hace es que, por estar en una coyuntura prelectoral, la irrupción del movimiento social en las calles no puede más que obedecer a una manipulación política. No hay más que hablar.
¿Pero son tan simples las cosas? ¿Será que con la irrupción del movimiento social actual lo que se tiene es una reedición de prácticas de manipulación política de otras épocas?
Si el asunto fuera como es pintado por algunos analistas, fácilmente se podría concluir que en El Salvador, dado que la dinámica política-electoral es casi permanente, cualquier irrupción del movimiento social siempre estará  motivada políticamente. Y esta generalización ciertamente es absurda. Se podría contraargumentar, obviamente, que eso sólo es así en coyunturas preelectorales y electorales precisas, mientras que en otros momentos el movimiento social irrumpe por motivaciones propias.

¿Pero son tan simples las cosas? ¿Será que con la irrupción del movimiento social actual lo que se tiene es una reedición de prácticas de manipulación política de otras épocas?

Ahora bien, ¿por qué anular las motivaciones propias del movimiento social? ¿Por qué no partir de ellas, dándoles el debido peso, y leer su irrupción más en clave de coincidencia con la dinámica política: una coincidencia que puede ser intencionalmente buscada –por qué no—, pero que no anula el carácter particular de cada protesta y las razones socio-económicas que tiene cada sector para protestar.
Porque homogenizar la irrupción del movimiento social a partir de una motivación única –la manipulación política— deja de lado la enorme heterogeneidad de los grupos sociales que irrumpen públicamente planteando las demandas más diversas, que van desde la reinstalación en puestos de trabajo y resistencia a amenazas de despido (ambas situaciones muy presentes a nivel municipal), demanda de aumentos salariales, reclamos por pago de subsidios (caso de los empresarios de transporte colectivo), exigencias de cumplimientos de derechos en materia de salud, retiro digno y seguridad social básica, etc.   
Lo que sucede es que en un país tan politizado como el nuestro es inevitable que las protestas sociales se tiñan de un color político, ya sea porque quienes las llevan adelante busquen canalizarlas políticamente o porque desde la esfera política se busque sumar adeptos a las propias filas atendiendo sus demandas, lo cual en lo absoluto está prohibido.

Porque homogenizar la irrupción del movimiento social a partir de una motivación única –la manipulación política— deja de lado la enorme heterogeneidad de los grupos sociales que irrumpen públicamente planteando las demandas más diversas…

Con todo, no es razonable –a partir de lo anterior— sostener que los diferentes sectores sociales que protestan lo hacen porque siguen lineamientos políticos, y que si esos lineamientos no existieran no habría protestas. O que como esas protestas se dan en una coyuntura prelectoral, entonces están motivadas políticamente. Coincidencia no es causalidad.


San Salvador, 13 de octubre de 2012


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*Publicado en forma digital en Contrapunto, 15 de octubre de 2012.





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