El movimiento internacional conocido como Cruz Roja, fue creado por el suizo Henry Dunant, un empresario que por motivos de negocio viaja a Italia, el mismo día en que allí se enfrentaban los ejércitos austríaco, francés y piamontés. Y tras la Batalla de Solferino, el 24 de junio de 1859, Dunant vio cómo morían los heridos, que se caculaban en unos 40 mil, sin asistencia.
Entonces, se dedicó a socorrerlos, para ello convenció a la población local para que ayudara a atender a los heridos, sin fijarse en qué bando del conflicto estaban, usando el lema «Tutti fratelli» (Todos hermanos) acuñado por las mujeres de la ciudad de Castiglione dello Stiviere.
Desde entonces, esa labor humanitaria ha sido reconocida mundialmente, y es amparada en convenios internacionales, asumidos por las naciones, que datan de 1927 y 1949.
La labor de la Cruz Roja Internacional y salvadoreña es encomiable, por supuesto; no obstante, en el caso de El Salvador, ese organismo humanitario ha tenido también sus deslices.
Por ejemplo, durante la guerra civil, varios niños y niñas que fueron sacados o entregados por soldados de las zonas de combate, fueron a parar a hogares distintos a los de sus familias biológicas. Hasta hoy, por supuesto, no se ha hecho una investigación seria, y debería hacerse, pero, mientras tanto, esa entidad debería, por lo menos, dar una expliación, de qué es lo que pasó con los niños y niñas que recibían. Este es un llamado también para las señoras que en la década de los 80 eran parte de la Media Luna Roja, no solo por el humanitarismo que prevalece en esas entidades, sino también, por la prevalencia de la verdad.
Más recientemente, la Cruz Roja Salvadoreña ha sido noticia, luego de que estos anunciaran que desde finales de la semana pasada “ya no atienden donantes, por la falta de reactivos”, debido a que el Gobierno no les ha entregado la subvención consistente e un millón 600 mil dólares al año.
Que la Cruz Roja no haya recibido los fondos por falta de liquidez, y no por quiebra del estado salvadoreño, es cierto, pero, magnificar el hecho, e insinuar que en los hospitales nacionales no se van a realizar operaciones porque el 70% de la sangre que recolecta la Cruz Roja ya no la recibirán, es bastante atrevido, perverso y manipulador.
Y más que presionar para que los fondos les lleguen, la Cruz Roja lo que está haciendo es sumarse a la campaña del miedo que la ANEP, ARENA y algunos medios de comunicación de derecha mantienen para sembrar en el imaginario colectivo que este gobierno ha quebrado el país, que el país está en quiebra.
Las finanzas del país, por supuesto, son deficitarias en estos momentos, pero, eso no significa en manera alguna que el país esté quebrado. Esperemos que la Cruz Roja no olvide ni su carácter humanitario, ni su histórica neutralidad.



