Gerson Vásquez De La Cruz/
Universidad de El Salvador, Estudiante de Relaciones Internacionales
Durante muchas décadas se ha debatido y especulado sobre el significado del concepto Terrorismo desde diferentes perspectivas políticas e ideológicas. A consecuencia de esto muchos intelectuales del orbe político pretenden introducir conceptos que definen solamente intereses particulares y no ven holísticamente el enfoque filosófico científico de esta expresión social que a mi juicio, en algunos momentos deja de existir como una señalización objetiva del problema, utilizando la palabra “terrorismo” para calificar movimientos contrarios al statu quo.
Comencemos con identificar el origen y las causas del concepto mal utilizado “terrorismo”. La palabra terrorismo es utilizada en diferentes contextos coyunturales nacionales e internacionales, dependiendo del momento en que se desarrollan problemas del contexto mundial. Por ejemplo, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania, Italia y Japón ya estaban casi vencidas militarmente, el gobierno de Estados Unidos de aquel entonces optó por lanzar dos bombas atómicas en territorio japonés, sobre la ciudad de Hiroshima y Nagasaki, causando la muerte instantánea de más de 100 mil personas inocentes de la guerra. ¿Cómo pudiésemos llamar a esa acción unilateral de un Estado en el presente? ¿Será que alguien bautizó aquella hazaña fuera de las normas éticas de la guerra, como terrorismo, o simplemente fue tomada como causa justa por la “seguridad de la humanidad”?
Como puede observarse, esta fue una eminente acción “terrorista” inimaginable en la historia de la raza humana. Pero nadie llamó terrorista a este Estado que lanzó bombas a Japón, ni siquiera hoy se denomina como tal. Por el sencillo hecho de que el concepto “terrorismo” es empleado para calificar como delincuente del Sistema Internacional, a quienes se rebelan contra éste y no muestran un acuerdo tolerante a las prácticas ejercidas en los contextos político sociales que estipulan la defensa de sus intereses autoritarios de poder. Por lo tanto, es el mismo sistema político y económico mundial el que determina la existencia de Insurgencias Estratégicas (erróneamente llamados terroristas) por parte de grupos o movimientos insatisfechos, quienes operan con cualquier clase de acciones armadas en contra de blancos específicos. Estos hechos violentos causan terror, miedo y temor en la sociedad; por supuesto que sí, pero ya veremos más adelante que terror no es lo mismo que insurgencia o guerra legal… ambas son distintas.
No obstante, es prudente mencionar por qué razones el sistema, llámese económico-político mundial, es el causante de la insurgencia colateral, en el cual, las relaciones Estado-Estado, Estado-nación, Estado-sociedad, y economía versus desarrollo social, son extremadamente desiguales, contradictorias, excluyentes y opresoras.
El sistema internacional contemporáneo establecido sobre la base económica del capitalismo, ha permitido la pobreza y el hambre en más de mil millones de personas; millones de desempleados; guerras innecesarias para los pueblos pero lucrativas para ciertos gobiernos; se ha permitido con tan solo levantar la mano con derecho a un voto, la invasión militar arbitraria a muchos países, donde mueren miles de personas inocentes sin causa justificada; un sistema guerrerista que ha incrementado en un 22% el comercio mundial de armas desde el año 2005 hasta la fecha, generando ganancias en más de cien mil millones de dólares para estos Estados comerciantes, pero de éste dinero, ni un cinco es destinado para paliar el hambre y la pobreza extrema de muchos países extremadamente pobres como los de África, Asia o América, dinero con el cual se pudiesen construir escuelas en todo el mundo, regalar medicamentos a las personas que no pueden comprarlos, construir viviendas gratis; entre muchas desigualdades que no sería suficiente esta página para mencionarlas. ¿Podría entonces el sistema actual mantenerse intacto con tantas injusticias alrededor? Mi respuesta es no. Siempre habrá alguien que busque cambiarlo, no importando los medios para hacerlo.
Frente a esta realidad, la subversión estratégica o “terrorismo”, aparece en su existencia como liberadora, de causa noble, con objetivos redentores, insurgencia de diferentes matices pero que expresan desacuerdo y desconexión con el sistema establecido, porque en verdad existe desconexión, pero no es culpa de los movimientos rebeldes, sino de quienes controlan el sistema, sean estos Estado y elite dominante. Aquí surge el debate de si existe o no el “terrorismo”. Porque, la Insurgencia Estratégica será terrorismo para quienes se vean amenazados por ésta, y no lo será en el contexto psicológico y político de quien la ejecute, pues estos sujetos sociales operan de esta forma para reivindicar lo que ellos consideran sus derechos perdidos.
También los medios de comunicación juegan un papel importante a la hora de calificar un movimiento de “terrorista”. Se ha visto en radios, canales de noticias, prensa escrita y en el internet, como algunos medios que preservan el statu quo y trabajan por mantener el equilibrio de este sistema decadente mundial, tildan de “terrorista” a movimientos que en algunas veces, desde una perspectiva científica social no merecen este concepto peyorativo, con lo cual confunden y engañan al lector. Por el contrario, estos medios juegan el papel de Terrorismo Mediático, mucho más preciso para definirlo, puesto que están diseñados para infundir terror, miedo, confusión e inseguridad en la sociedad.
Es importante definir y re-direccionar el concepto terrorismo para no utilizarlo como algunos intelectuales, organismos, tanques de pensamiento neoliberal o medios extranjeros quieren que le llamemos y respetemos como si fuesen dogmas. Puesto que en América Latina también puede cambiarse el enfoque ideológico de algunos elementos internacionales que definen agendas de trabajo.
En este caso, existen dos clases de terrorismo: el terrorismo legal y el terrorismo ilegal. El terrorismo legal es implementado desde las decisiones gubernamentales, sean estas unilaterales o multilaterales, como sucede actualmente en ciertas instancias internacionales, con el objetivo de invadir un país e intervenir su sistema político, a través de acciones militares progresivas que asesinan a miles de miles de personas inocentes, causando terror, miedo, dolor y sufrimiento en sociedades ajenas a los problemas de la guerra. Este es quizá el más cruel de los terrorismos, con objetivos políticos y económicos claramente establecidos. Asesinar en nombre de la democracia, ¿Qué piensa usted amigo lector?... ¿Acaso esto no es terror? ¿Cómo sienten y piensan aquellas personas civiles inocentes que pierden toda su familia y seres queridos en un bombardeo, donde las explosiones atraviesan los cuerpos de personas inocentes? ¿Será que debaten el concepto “terrorismo” como lo hacemos en las aulas universitarias? ¿O simplemente llaman asesinos a quienes los bombardean? Esto ya se vio en Hiroshima y Nagasaki, luego en Afganistán, Irak, Libia, y quizá pronto en Siria e Irán, y después no se sabe a dónde más llegara el terrorismo legal, siempre en “nombre de la democracia”…
Por último, existe el terrorismo ilegal. Este es el más perseguido y castigado, por medio del cual dependen y se justifican algunas guerras e intervenciones amadas en muchos países. El terrorismo ilegal son los movimientos Insurgentes Estratégicos, que responden con hechos violentos en magnitudes inferiores al terrorismo legal, pero que causan temor, miedo y dolor, claro que sí, pero siempre en menor grado que el anterior. Estos responden con acciones predeterminadas, nunca se sabe por dónde van a operar, pero cuando menos se espera, actúan sin lastima, acertando en sus blancos. Existen por causa de las desigualdades que el sistema político-económico desarrolla paralelamente en su evolución.
En conclusión, tanto el terrorismo legal como el terrorismo ilegal poseen objetivos políticos definidos. Ninguno actúa por inercia o enajenación, la única diferencia es la magnitud del terror que cada uno ejerce. Asimismo, el terrorismo legal y el terrorismo ilegal, se encuentran en lucha constante, ambos causan terror, pero este concepto peyorativo de “terrorista”, solo existe en la mente del que se defiende contra el otro terrorista, aunque quienes causen terror, se consideren siempre defensores de una causa justa. Guerra que terminará hasta cuando seamos capaces de estructurar un Nuevo Orden Mundial inclusivo, equitativo, participativo, igualitario, humano y con un verdadero enfoque social.
En lo personal, no comparto ninguna de las anteriores manifestaciones de Insurgencia Estratégica o “terrorismo”, sea este legal o ilegal, pero es necesario teorizar sobre sus causas para comprender la realidad desde una perspectiva científica y cambiarla por una mejor.®
Miembro de la Asamblea General Universitaria, AGU.