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Viernes, 28 de Septiembre de 2012

Cierre y apertura forzosa del campus de la UES: Algo ha cambiado…

Carlos Gregorio López Bernal*
Universidad de El Salvador

El jueves 27 de septiembre, el campus central de la Universidad de El Salvador fue cerrado por sindicalistas que demandan a las autoridades un aumento salarial. El cierre fue parte de progresivas medidas de presión y protestas que los sindicalistas, que dicen representar a los trabajadores administrativos, vienen ejecutando desde hace varias semanas.
El origen del conflicto es un refuerzo presupuestario que la Asamblea Legislativa otorgó a la UES para se complete el 100% del escalafón a parte del sector docente que aún no había recibido ese beneficio. Según las autoridades, los trabajadores administrativos fueron los primeros a los que se aplicó el 100% del escalafón, pero el sindicato demanda que se tome parte del refuerzo para incremento de salario. Como ya es costumbre, cuando las negociaciones no les favorecen y otras medidas de presión no bastan, proceden a la toma del campus, con lo cual se afecta el trabajo académico y la atención a los estudiantes.
No entraré a discutir la validez de la demanda de un aumento salarial para cualquier trabajador del país; ciertamente que el costo de la vida podría justificarlo. El problema en este caso es que este sector de la UES ya había sido beneficiado con anterioridad, mientras que parte de los docentes aún no había sido incluido. Lo lógico entonces es atender a los últimos, de hecho el dictamen de la Comisión de Hacienda y Especial del presupuesto así lo establece. Es decir, esos fondos vienen “amarrados” para un fin específico y no debieran ser usados para otro.
Sin embargo, la mentalidad sindical de la UES está permeada de un malentendido sentido igualitarista y de un democratismo anacrónico, que propugnan porque todos los que laboran en la UES tienen iguales derechos, pero no iguales responsabilidades. Cuando la realidad contradice esa visión se recurre a medidas de presión como la del jueves. Hasta aquí, ninguna novedad.
Lo realmente interesante y novedoso fue la actitud decidida y valiente de los estudiantes de enfrentar a los sindicalistas y forzar la apertura de las instalaciones. No es que celebre el uso de la fuerza, que lo hubo, pero por suerte sin que nadie resultara lesionado. Esta acción es señal más que evidente de que los tiempos han cambiado, y que los estudiantes se muestran decididos a hacer valer sus derechos, vulnerados por una acción sindical realmente anacrónica y que solo la pasividad de los afectados había permitido. Hay que felicitar a estos jóvenes que ya están hartos de tales desmanes y que espontáneamente respondieron y corrigieron una situación que de otro modo se hubiera prolongado quien sabe por cuánto tiempo.
Ciertamente que la UES deberá pagar la reparación de los portones derribados, pero ese costo es mínimo comparado con lo que implica un cierre de varios días. Es de esperarse que todos los docentes hayan concurrido a impartir sus clases, una vez el campus fue abierto. Si el sindicato sigue en su lucha, que seguramente lo hará, está en su derecho, siempre y cuando no vulnere los derechos de los demás.
En todo caso, los dirigentes sindicales debieran reflexionar mucho sobre el significado de lo acontecido. Los prolongados cierres de la UES en el periodo de postguerra han pasado a la historia. Solo eran posibles por la pasividad estudiantil, que aceptaba sin más que un pequeño grupo, independientemente de si era de sindicalistas u organizaciones estudiantiles,  cerrara el campus para obligar a que se aceptaran sus demandas. Esta vez, la voluntad de las mayorías ha prevalecido. Ojalá también las autoridades universitarias sepan interpretar el hecho y actuar en consecuencia.
Debe señalarse también que el desempeño de algunos sectores de trabajadores en la UES no les da méritos para demandar un aumento salarial. Basta ver el estado de suciedad y deterioro de aulas, servicios sanitarios y zonas verdes de la UES. El panorama es deprimente, a pesar de que un ordenanza de la UES gana bastante más de lo que recibe un ordenanza de la UCA, por poner un ejemplo. Sin embargo el campus de la UCA está siempre limpio. Algo parecido pasa en el sector administrativo, aunque por razones diferentes. Al hablar con estudiantes egresados se constata que su mayor desafío y contratiempo no es hacer su tesis o trabajo de grado; es cumplir con un insólito número de trámites y llenar los requisitos de una administración académica realmente anacrónica. Tampoco hay que generalizar, en la UES hay muy buenos trabajadores, pero su buena voluntad y eficiencia es anulada por la imagen negativa que otros transmiten y por su sistema que no reconoce ni potencia tales cualidades.
Entonces, el reto de las autoridades es hacer valer el imperio de la ley y además dictar medidas que conduzcan a una pertinente evaluación del trabajo realizado por trabajadores y docentes, de tal modo que se reconozcan los méritos y el buen desempeño, pero también se tomen medidas para corregir las deficiencias. Un buen empleado merece un reconocimiento, que no necesariamente tienen que ser en metálico; en contraparte, uno malo o irresponsable tiene que ser obligado a cumplir con el trabajo por el cual se le paga.




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