Por Isabel Sánchez
Ciudad de Belice/AFP
Lanchas rápidas surcan cada vez más sus aguas turquesas y avionetas aterrizan en pistas clandestinas en los claros de su selva: Belice, pequeña joya natural de Centroamérica, tampoco escapa a la violencia y expansión del narcotráfico que carcome a la región.
Por aire, tierra y mar, los carteles mexicanos están usando a Belice, que limita al norte con México, al este con el mar Caribe y al oeste con Guatemala, como un nuevo corredor de la droga que transita de Colombia a Estados Unidos.
"Aunque este no es un país productor, tenemos problemas de tráfico. Es un reto, hay una buena colaboración con México y Guatemala para evitar que se asienten los carteles", declaró a la AFP David Henderson, comisionado de la Policía de Belice.
Los recursos de las fuerzas de seguridad son pocos ante el rápido aumento de las operaciones de los traficantes, que sofistican sus tecnologías. En Belice hay 1.000 policías para los 330.000 habitantes, precisó el comisionado.
"El territorio tiene mucha costa y es muy difícil tener ojos en todos lados. Pero hacemos un esfuerzo por controlar al crimen", afirmó a la AFP Raphael Martínez, portavoz de la Policía.
A pesar de su tamaño (22.966 km2) y de tener pocos centros urbanos, Belice tiene un nivel elevado de violencia, con un alza sostenida de asesinatos en la última década, según organismos internacionales.
En el Estudio Global de Homicidios de la ONU de 2011, Belice figuró con una tasa de 41,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, casi igual que Guatemala, que con Honduras a la cabeza y El Salvador forman el Triángulo Norte de Centroamérica, considerada en ese informe la región más violenta del mundo.
Con unos 80.000 habitantes, Ciudad de Belice, antigua capital, sigue siendo el corazón del país y la zona más insegura: en sus calles operan las pandillas, dedicadas a la delincuencia común y al narcomenudeo.
Belice, que vive del turismo, tiene como el resto de Centroamérica un caldo de cultivo social: 40% de pobreza y más del 15% de desempleo.
Fronteras porosas
Los 150 km de frontera entre México (estado de Quintana Roo) y Belice (distrito de Corozal), marcada por el río Hondo, son vulnerables al tráfico de drogas, armas, indocumentados y mercancías ilegales. También sus cerca de 300 km de costa.
Hace tres semanas, autoridades de Belice y México se reunieron en un sector de la frontera común para analizar el reforzamiento de la seguridad en el combate al narcotráfico y al contrabando.
"Belice es paso de cargamentos de cocaína (...) recala en las costas, por eso trabajamos coordinadamente con la Armada y la Fuerza de Defensa de Belice para cerrar el paso a los traficantes", afirmó a la prensa mexicana esta semana el comandante Anastacio García, responsable de las fuerzas castrenses en Quintana Roo.
El comandante de la V Zona Naval de la Armada mexicana, Conrado Aparicio, afirmó que por Quintana Roo el tráfico de droga ha aumentado por aire y mar, pero también preocupa el tráfico por la frontera con Belice y Guatemala con el método "hormiga", personas que ingresan poco a poco la droga a México, sobre todo por Río Hondo.
"Los carteles tienen sus contactos locales, les pagan con droga o armas. Algunos abastecen de combustible a los aviones o las lanchas, y sirven de guías para que la droga llegue a México", comentó un agente que pidió anonimato.
Lista negra
Hace un año, Belice fue incluida en la lista de países que según Estados Unidos son grandes productores o territorios de tránsito del narcotráfico.
Informes oficiales estadounidenses indican que por Centroamérica pasa un 90% de la droga que va de Sudamérica a Estados Unidos, y que por Belice pasan 10 toneladas de cocaína cada año.
En abril, una avioneta cargada de cocaína se estrelló en la selva de Corozal. Según la prensa local los ocupantes lograron llevarse la droga y la policía sólo halló rastros.
En noviembre de 2011, las autoridades descubrieron en la selva, en el pueblo costero de Punta Gorda, distrito de Toledo (sur), un avión bimotor que sufrió una falla mecánica con 2.600 kilos de cocaína; cerca, estaba un camión con galones de combustible.
El guatemalteco Ottoniel Turcios Marroquín, buscado desde 2003 por Estados Unidos acusado de introducir 1.600 kilos de cocaína, fue extraditado a ese país tras ser detenido en octubre de 2010 en Belmopán, capital de Belice.



