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El Salvador, Miércoles 19 de Junio de 2013
Última actualización : 19/07:08 h.

Viernes, 21 de Septiembre de 2012 / 08:13 h

Buscando la identidad salvadoreña a 191 años de la “Independencia”

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Ramón D. Rivas* 

Continuando con las reflexiones acerca de quién es el salvadoreño de hoy y qué nos hace sentirnos salvadoreños a pesar de todos los  encontrones, sufrimientos y alegrías vividas… Es que la  estructura de dependencia social, económica, política —y por qué no— hasta cultural, religiosa y de identidad a la que hacíamos referencia en la entrega anterior se fue trastocando a lo largo de los siglos. La realidad es que —año 2012— compartimos un territorio en el que nuestra sociedad se debate entre el pasado y el presente, y sus remanentes demuestran aún la sombra de una sociedad agraria que no se quiere aceptar y  que a toda costa los gobernantes se empecinan en “modernizar”. Somos, hoy en día, un país inducido a la modernidad, con el grueso de su gente con tradición campesina, que vive del recuerdo que muchas veces no quiere reconocer. En muchos casos, el salvadoreño de hoy se avergüenza de sentirse  en público y hasta en su propio país salvadoreño; pero en su interioridad se siente cien por ciento salvadoreño donde sea; y reniega cada momento y todos los días, y se hace viejo renegando; y muere enredado en su  destino confuso al que fue inducido. Lo recalco,  el Estado nunca ha asumido verdaderamente su responsabilidad social. Y en este caso, en la planificación de políticas culturales, no se logrará el conocimiento de nosotros mismos. Hay que preguntarnos aquí por qué el Estado, dentro de la racionalidad en la cultura que fue construyendo a lo largo de un proceso no planificado, dejó de lado el aspecto ideológico-cultural; y esto lo hemos visto a lo largo de la historia, ya que las instancias culturales del Estado son las que menos han sido potencializadas. Somos y seremos por mucho tiempo la cultura del maíz y los frijoles con arroz; y la presencia y el deseo de seguir con la milpa se agudizarán a medida que los campesinos urbanizados piensen en su pasado. Los campesinos, al no ver estimulada su cultura de producción agrícola, se van desculturizando y deciden emigrar, con todas las consecuencias socioculturales y económicas del caso, pero siguen siendo campesinos con tradición y creyentes pues la religión que profesan y sus prácticas es también referente identitario. Doña Dinora Rosales de Benítez me decía: “Ser salvadoreño es sentirse espiritualmente orgulloso por tener como patrono de la nación al Divino Salvador del Mundo; disfrutar de la calidez humana que se respira consumiendo toda clase de comidas típicas, como son: beber toda clase de atoles, disfrutar también de las pupusas de maíz y de arroz, así como los ricos pasteles, nuégados, etc. Hay tanto de qué hablar y sentirse ‘orgullosamente salvadoreño’”. Pero también el estudiante Iván Edilberto Gómez me decía: “Ser salvadoreño  es poner excusas para todo. Además, comer pupusas los fines de semana con la familia en la pupusería de la esquina”. Don Alejandro, empleado de vigilante en una empresa de seguridad, me decía: “Ser salvadoreño es comer y disfrutar de un rico plato de ‘tenquiques’ (pupusas hechas de hongos). Y, si no las conoces, no sos salvadoreño (¡ja!)”. Es la ingesta del maíz; pero es también lo religioso lo que nos hace sentir lo que somos. El ingeniero Nick Mahomar, al respecto, me decía: “Para mí, ser salvadoreño significa compromiso  y agradecimiento con la patria  que recibió a mis abuelos y les dio los medios para que progresaran, mismos medios que les ha dado a mis padres y a mí. Por eso,  más que sentirme orgulloso, me siento agradecido y comprometido con ayudar a la patria que me vio nacer en todo lo que ella me demande. Por eso, desde mi posición, siempre he estado pendiente y he ayudado en mis posibilidades a mi querido El Salvador. Y siempre,  por muchos años, todas las mañanas hago esta petición: ‘Divino Salvador del  Mundo, cuida la nación que lleva tu nombre’”. Este es un fenómeno que no solo ocurre en El Salvador, sino que lo vemos a escala regional. Lo que hoy existe es lo que podríamos definir como una globalización del país a través de la migración masiva hacia Estados Unidos, que, naturalmente, el fenómeno se complica cuando se quiere hablar de la conformación de un proyecto de nación. Ante esto, hay que tomar muy en consideración que hablar de un proyecto de identidad nacional es sumamente complejo en un país como El Salvador, ya que hay otras identidades que le disputan la hegemonía a ese querer hacer identidad nacional. Existe, sí, un discurso nacional; pero este no ha sido adecuado en todos los sectores sociales, por la misma incapacidad del Estado. En este país hay una diversificación del Estado: por una parte, está al servicio del poder del grupo dominante; pero, por otra, no ha tenido mucha proyección en la vida de los demás grupos sociales, y la proyección, cuando la ha tenido, ha sido a través de la coerción y la represión o con proyectos proselitistas de tinte hasta populista. Continuará…

*Director del Museo Universitario de Antropología de la Universidad Tecnológica de El Salvador.


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