Asociación de Parteras “Rosa Andrade” se reunieron en Suchitoto, en el Encuentro Nacional de Parteras.
Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino
El reconocimiento por parte del Ministerio de Salud, a la labor que desempeña este grupo de mujeres, y su designación como consejeras en salud sexual y reproductiva, se ventiló en el cuarto “Encuentro Nacional de Parteras”.
El evento celebrado en la ciudad de Suchitoto, Cuscatlán, reunió a parteras procedentes de San Pedro Perulapán, El Paisnal, San José Guayabal, Oratorio de Concepción, Cojutepeque, Panchimalco, Tonacatepeque y Chilanga, entre otros municipios del país.
María Higinia, presidenta de la Asociación de Parteras “Rosa Andrade”, confirmó la necesidad de que el trabajo sea reconocido por las autoridades de salud, ya que cuentan con una instrucción que brindó el Ministerio de Salud y gobierno local.
“Ya tenemos la personería jurídica desde el 2004, que la denominamos Rosa Andrade, somos una entidad sin fines de lucro y trabajamos en los aspectos relacionados con la salud sexual y reproductiva a mujeres de escasos recursos económicos de comunidades rurales y urbanas”, señaló.
Mientras, Vilma Corea, expresó que el encuentro tenía como fin, aunar esfuerzos para lograr una incidencia nacional frente al Ministerio de Salud, a mediano plazo.
La labor de las parteras, agregó Corea, ha contribuido desde mucho tiempo atrás en reducir la muerte materna , y ha contribuido a la prevención de enfermedades sexuales, además de asesoría para la planificación familiar.
“Vamos a trabajar en una red nacional de parteras, y promover la cultura de la salud para mujeres, jóvenes y niñez en el país”, sostuvo.
Morena Herrera, de la Concertación de Mujeres Colectiva Feminista, lamentó la ausencia de funcionarios del Ministerio de Salud que fueron invitados al Encuentro Nacional de Parteras.
“La ausencia del Ministerio de Salud no se vale, me parece que es una manifestación de rechazo que lo menos que se merece, es un plantón frente al Ministerio de Salud. Que se reconozca a las parteras, ellas existen, y necesitan un apoyo”, opinó Herrera.
La descalificación de la asistencia que brindan las parteras a las embarazadas, por parte del personal hospitalario, fue el factor común en los testimonios de estas, quienes consideraron que muchas veces sus diagnósticos no son errados, pero se generan conflictos con los médicos.
“Estábamos trabajando en un marco regulatorio, pero lo cortaron, y se que las parteras del cantón Talpetates, del municipio de Berlín, Usulután, les quitaron la Casa de Parteras, y lo mismo en Huizúcar, debemos exigir que se devuelvan esos bienes por la dignificación del trabajo de las parteras”, manifestó Herrera.
Esperanza, partera desde su adolescencia
Esperanza Vásquez es originaria del cantón San Isidro, Panchimalco, es partera de oficio desde la adolescencia, ahora, suma 63 años, y confiesa que la opción del trabajo se debió , “a la necesidad crítica de atender a las mujeres de la comunidad por la pobreza que vivimos”.
“Yo aprendí con la señora Gregoria Ramos que atendía a todas las mujeres de la comunidad. Ví como lo hacía cuando tuve a mi primer niño, cuando mi hijo zafó y salió -pensé- esto no cuesta, así que, mi siguiente hijo me atendí sola, tuve once hijos, se me murieron tres, dos de ellos por la gran desnutrición, tengo vivos cuatro hombres y cuatro mujeres”, recordó.
Con su filosofía: “Si no damos el primer paso, no sabemos si vamos a caer”, Esperanza se lanzó a atender a las mujeres de su comunidad, por medio de visitas a domicilio y sin horarios establecidos para ayudarlas en el trance del nacimiento.
“Pongo la mano en la panza de la mujer para saber que le acontece, hay médicos que no están de acuerdo con nuestro trabajo, pero nosotras siempre protegemos a las mujeres y a sus niñitos”, comentó la mujer.
Y , muchas veces, con sus propios recursos, suelen comprar sus implementos de atención sanitaria como algodón, gasitas, tiras blancas desinfectadas para amarrar el ombligo, y tijeras”, relató.
Los conocimientos de Esperanza no solo incluye la práctica en el campo y sus conocimientos tradicionales; en 1994 recibió una capacitación del personal del Ministerio de Salud, que se impartió a parteras en el país, que les ha permitido prestar sus servicios.
Con esta autorización lograron obtener la dotación de aditamentos de primera necesidad para atender partos o referirlos a los hospitales. Una identificación, tela para uniformes y otros insumos ahora le son negados, asegura.
“Muchas de nosotras tenemos que ir por charrales para ir atender a la parturienta; o podemos pasarnos todo un día hasta la madrugada atendiendo a la madre y su hijito y nos esforzamos en tenerlos sanitos a los dos”, reiteró.
La experiencia de vida le ha enseñado a Esperanza que una mujer embarazada sino ha pasado “Nueve lunas llenas, no va a parir”, y no le importa si el médico los deslegitima y considera que son creencias ancestrales.



