Texto Zoraya Urbina
Fotografía Rodrigo Sura
Redacción Diario Co Latino
Las bocanas se mueven, quizás a la gente no le guste porque afecta sus viviendas, acaparan sus terrenos, pero se mueven. La de Barra de Santiago, en Ahuachapán, no es la excepción.
Una bocana es la desembocadura natural donde se intercambian las aguas dulces de los ríos, en este caso, los de la microregión sur de Ahuachapán, con el agua del mar.
Lo natural es que se muevan, esto tiene que ver con las corrientes que se forman en el mar y las corrientes de las mareas, explica Oriol Pedraza, de Geólogos del Mundo.
Las corrientes erosionan los márgenes y sedimentan la arena, poco a poco las bocanas se movilizan. Lo que es un proceso natural involucra a las familias de la comunidad El Zapote, en la Barra porque el desplazamiento daña sus viviendas.
Lo mismo ocurre con la bocana de Garita Palmera, que afecta los pobladores de la comunidad El Tamarindo, quienes con los años se han desplazado conforme lo ha hecho el acceso de agua. Aunque, en los últimos años han perdido alrededor de 30 viviendas por el fenómeno.
Ambas bocanas son parte del municipio de San Francisco Menéndez, uno de los más vulnerables del país. Según Benjamín Coreas, de Geólogos del Mundo y de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES, la gente no vive en lugares de alta vulnerabilidad porque le guste, sino porque no tiene otras opciones.
En los últimos 50 años y con el paso del Huracán Mitch, la bocana de la Barra de Santiago se ha movido más, alarmando a quienes moran en sus alrededores. La zona no sólo tiene casas de vivienda mínima, sino algunas de lujo, que sus dueños protegen con muros de piedra.
El análisis del desplazamiento de las bocanas es parte del proyecto “Gestión de Riesgo y Adaptación al Cambio Climático en la Micro región Ahuachapán sur, fase dos (GRAMA)”, indica Coreas. En este proyecto participan las municipalidades de Guaymango, Jujutla, San Francisco Menéndez y San Pedro Puxtla.
El proyecto, ejecutado por la UNES y Geólogos del Mundo, es financiado por la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID). “Tiene como objetivos específicos la generación de políticas públicas locales que vinculen el tema de Gestión de Riesgo, con el ordenamiento territorial y el Cambio Climático hacia la reducción de las vulnerabilidades de la población de los cuatro municipios”, explica.
Parte de los objetivos es fortalecer las capacidades de las comunidades para hacer frente a las problemáticas que les son adversas. La micro región sur sufre de inundaciones en la zona baja y deslizamientos en la alta. “Creemos que es importante que la gente conozca estos temas, que los sepas replicar en sus comunidades y así generar una participación más efectiva en la toma de decisiones con los gobiernos locales”, añade.
En este contexto, recientemente organizaron un taller con técnicos de las alcaldías citadas; líderes comunitarios y miembros de la Oficina Micro regional para que los conocimientos adquiridos sean útiles en las comunidades y no se dependan sólo de las ONG (Organizaciones no Gubernamentales) o de otra institución, indica Margarita Morales de la UNES.
Los habitantes de los cuatro municipios que participan en el proceso son 131 personas, dice Coreas. “Con trabajo directo son alrededor de 1,200 habitantes”. La fase uno del proyecto comenzó en noviembre de 2010 y siguió en 2011.
En esta se elaboró y presentó el “Atlas de amenazas”, documento que señala las zonas más vulnerables.
Actualmente, se trabaja un informe sobre las áreas críticas, en esta se incluye el estudio de las bocanas. La zona es susceptible a cualquier alteración y las autoridades locales han dejado el enfoque “ecosistémico” por el de desarrollo económico, lo que no ha permitido que haya una buena gestión del territorio.
Por eso, para las organizaciones que ejecutan el proyecto es prioritario concienciar a las autoridades para que haya un manejo ordenado y adecuado del territorio.
“Se deben ordenar los territorios con una visión ambiental”, recalcó.



