Salvadoreños residentes en Milán, Italia, conmemoran el Día de la Independencia de la corona de Española. Foto Diario Co Latino/Engelberto Maldonado.
Engelberto Maldonado Pérez
Redacción Diario Co Latino
M. Vásquez y Santos P. no son ficticios. Son dos migrantes entre los más de 10 mil salvadoreños reunidos en un centro deportivo al sur de Milán para conmemorar el día en que la clase criolla centroamericana decidió no depender más de las decisiones de la corona de España.
Aquella acción trasmitida por décadas como un hecho importante y beneficioso para todo el grueso poblacional ha tenido éxito para sostener sentimientos nacionalistas como lo prueban los celebrantes connacionales en Italia.
Bajo el límpido cielo de los últimos días de verano en aquella ciudad europea, Vásquez cubrió su testa con un sombrero azul y blanco rotulado con las palabras Dios Unión y Libertad. Tiene nueve años de haberse separado de sus tres hijos y esposo para buscar mejorar los ingresos económicos de su familia. Con sacrificio viaja cada dos años pagando doble boletos aéreos debido a que su estado migratorio era ilegal y con el riesgo de ser detenida y regresada en alguno de los controles de los aeropuertos europeos. Todo por pasar navidades con sus amados.
Se ve que eres patriota comenté. “Yo amo mi paisito”, respondió. De su salario apenas deja para comer en el mes, el resto lo remesa a El Salvador con el cual paga la Universidad Tecnológica donde su hija estudia el segundo año de sicología, y sostiene gastos de casa y de los otros dos menores todavía en básica.
Dice que migró porque vendiendo pupusas en una esquina de su barrio no tenía ninguna esperanza de hacer realidad algunos sueños de sus descendientes.
Santos tiene 25 años y a diferencia de la mujer llegó a Italia el 5 de agosto. Hasta el momento pasa los días paseándose por las calles y parques mientras no consigue algún trabajo. Su mirada refleja incerteza porque la esperanza que vino a buscar aún no llega. Desea laborar en la edilicia porque es en lo que trabajó dos años de continuo pero después se quedó sin empleo. Lo llamaban por semanas o días sus conocidos, situación que no ha cambiado por tres años. “Me vine porque sueño ayudar a mis padres y darle mejores oportunidades a mi familia” comentó. Mientras los alto parlantes hacían escuchar a todos el himno nacional y la oración a la bandera dijo que le vino nostalgia por el país. Contó que mientras deambula por la ciudad se pregunta porqué se vino. Recuerda sus amigos con los que se reunía para ver los partidos del Alianza, con los que jugaba fútbol, con los que iba a trabajar por días, con jornadas largas y maratónicas porque así lo exigían los ejecutores del proyecto.
Pese a las cosas desagradables que vio y vivió dice que este mes y medio de desempleo que tiene en Italia lo hace pensar en regresar. No olvida la vez que armando las paredes con tabla roca sometido a jornadas largas y bien trabajadas, se cayó de un andamio mal montado. Su amigo empleador lo llevó al hospital y le recomendó decir a los médicos que la caída fue en casa de una tía mientras limpiaba canales porque sino la empresa para la que trabajaban tendría problemas. Recuerda el medio día que se dirigía a almorzar por el parque central de Ilobasco y que un salvaje asesinó a un hombre en un pick up, que se detuvo frente a una librería, quizá para comprarle algunas útiles a su hija que, con uniforme de escuela, lo acompañaba.
Según dijo cuando trabaje se sumará a esos centenares de salvadoreños que envían remesas por el bien de los suyos y de ese modo contribuyendo al consumismo de éxito para negocios de telefonía, de restaurantes, de centros turísticos, de autos, y una serie de suntuarios, universidades y además los buenos salarios de políticos como bien lo señaló el padre José María Tojeira en el articulo de la semana anterior en Co Latino.



