Eduardo Badía Serra
Pues sí. No debemos confiarnos. Penrose y muchos otros científicos serios nos dan un poco de tranquilidad cuando afirman que la especie está protegida del avance tecnológico debido a ese “ingrediente no algorítmico” esencial en los procesos de pensamiento consciente. Hay algo, pues, en la actividad física del cerebro, que está más allá de la computación, que produce conciencia, y que no puede ser simulada computacionalmente. Muchos otorgan al “sentido común” esa propiedad distintiva del cerebro humano sobre las computadoras. Nunca, dicen, una computadora podrá disponer de “sentido común”, (y nunca, los políticos de este país, agregaría yo). Pero, repito, no debemos confiarnos. Hay otros, y de tanto renombre científico como el que más, que no opinan igual, como Stephen Hawking, por ejemplo. En unas declaraciones que diera al periódico The Daily Telegraph y a la revista Focus, decía Hawking que “…..la humanidad está condenada a desaparecer antes que finalice el milenio por los efectos de un virus devastador, natural o artificial, o por catástrofes ecológicas, o por la inteligencia artificial, siendo esta la que probablemente desencadenará tal final antes que las otras causas posibles; y ello, a menos que los hombres colonicen el espacio o se rediseñen genéticamente”. Hawking se refería probablemente al tercer milenio. De nuevo, pues, aparece esa idea que va situando al hombre ante la inexcusable necesidad de colonizar el espacio, cosa que también Barrow y Tipler confirmaban en 1985 en su obra The Anthropic Cosmological Principle, puntualizando, eso sí, que ello requeriría unos pocos millones de años, período que nos permitiría buscar una alternativa para que antes del viaje, todos los políticos nacionales hubieran desaparecido, evitando con ello que también se volvieran colonizadores. Hawking, contrario a su amigo Penrose, sí cree que las computadoras pueden superar a la especie humana, y basa su afirmación en una ley que es medio ley y medio no ley, (como las sentencias de la Corte por efecto de las cúpulas partidarias), la Ley de Moore. El ADN, dice el cosmólogo británico, evoluciona muy lentamente. Comenzó, hace millones de años, a evolucionar a razón de un bit cada cien años; ahora lo hace a razón de un bit por año. Esta lenta evolución puede modificarse, acelerándola a placer, mediante el uso de biotecnología. Hawking hace entonces su propuesta, un tanto maquiavélica si se quiere: No hay que pelearse con la inteligencia artificial; más bien hay que unirse a ella y utilizar sus propias potencialidades para diseñar y crear un hombre nuevo modificado genéticamente. “Si la humanidad no se autodestruye y se esparce por el sistema solar, dice, y luego por las estrellas más próximas, sobrevivirá. Para ello, hay que modificar al hombre genéticamente…..” ¡Mire usted lo que dice este hombre!, apenas titular de la cátedra lucasiana de Matemática en Cambridge, Inglaterra, cátedra que antes ocuparon, ¡vuelva a fijarse, estimado lector!, nada más y nada menos que Isaac Newton y Paul Dirac. ¡Y nosotros aquí preocupados por el bono que se acaban de recetar, previa aprobación de Corte Plena, excepto los cuatro grandes, los del sindicato del Órgano Judicial! ¡Y por el nuevo Fiscal! ¡Y por el adjunto! ¡Y por la campaña electoral que nos mantendrá entretenidos los 20 meses próximos! ¿No cree que mejor debiéramos estar estudiando el espacio para ver a qué estrella nos vamos a ir, preparando la valija y eligiendo la línea aérea menos explosiva en cuanto a sus precios? En tanto, y ya que “los chiles verdes no le dieron sabor al caldo”, como se esperaba el viernes pasado en el Cuscatlán, (¡a ver qué sucede ahora por la noche!), mejor dejemos por un rato en paz a la Asamblea y sus cúpulas partidarias, (más grandes que las de Pénjamo), y dispongámonos a discutir sobre las aporías de Zenón, o sobre quién fue primero, los universales o las cosas, o sobre los diálogos de Hilas y Filonús,……que en todo caso, el tamal del fiscal y su adjunto ya está hecho, y el paquetito del bono sindical listo para repartirse.
Esta idea del hombre modificado no es tan nueva. Ya lo anticipaba Helmer, aplicando la técnica de Delfos, quien decía que para el año 2025, el hombre no será hombre sino “a saber qué”. Hawking, lo que hace, es actualizar la idea y proponer el método y la forma de hacer tal modificación. Y no es que esté él de acuerdo con ello, o contento con que deba hacerse, sino que simplemente reconoce que es algo que inevitablemente sucederá, querrámoslo o no, a menos que se instaure un orden mundial de carácter totalitario que impida que ello se haga. Entonces «habrá que tratar con ello, y lo mejor es en ese caso, prepararse y ayudar”, finaliza.
Bueno, no es malo distraerse de vez en cuando. La selecta empató el viernes pasado, cuando todos los salvadoreños anticipaban un triunfo de por lo menos cuatro a cero sobre Guyana; la “nueva corte”, producto de la “salida” olímpica maquinada largamente en Casa Presidencial por las cúpulas partidarias, ya comenzó a dar muestras de vida: clientelismo político, amiguismo, partidismo, pago de promesas como la del bono ese que se acaban de recetar, etc., etc., etc.; vamos entrando en el nuevo lío de la elección del fiscal y su adjunto, cuya “salida”, por los vientos que soplan, ya está siendo fraguada anticipadamente; nos esperan, y ya han comenzado, veinte meses, unos seiscientos días, de campaña electoral presidencial, con todas las linduras que suelen presentarse en las mismas; y así por el estilo. Con un panorama tan alentador, ¿Porqué mejor no hablar de lo que será el hombre dentro de unos cuantos millones de años, cómo será, adonde vivirá, y cuánto valdrán los viajes para trasladarse desde la Tierra, en el Sol, hasta Betelgueuse, en Orión,….. Eso sí: ¡Cuidado cuando pasen por Próxima Centauro, porque allí vive un genio maligno que puede hacer que a medio viaje quedemos alejándonos de todo eternamente, haciéndonos rojos y viajando para siempre!
He cedido la palabra a Don Stephen Hawking. Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga mente para comprender, que comprenda.
Pueblo, ¡rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡levántate y anda!
¿De política? ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando si Co Latino me lo permite.