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El Salvador, Lunes 15 de Septiembre de 2014
Última actualización : 27/10:47 h.

Martes, 11 de Septiembre de 2012 / 07:05 h

La Batalla del Moscarrón, 30 años después

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Mapa del norte de Morazán que ubica el amplio territorio que abarcó la Campaña Militar “Comandante Gonzalo”. De San Fernando, la guerrilla controlaba el Cerro Buena Vista, Cerro Cacalote, Cerro Cerrón, Montaña del Moscarrón. De Perquin, Cerro Perquín, Cerro el Gigante. De Torola, el Volcan Torola, Cerro el Amate y Agua Zarca. Lolotique, el Cururo, el Volcancillo, Zapotal, Calle Negra. De Arambala, El Conacaste, Los Ramírez, cerro El Perico. Chilanga.

 

Francisco Elías Valencia
Redacción Diario Co Latino
Fotografías: Antonio Valencia Fajardo

Sin lugar a dudas, la Campaña Militar “Comandante Gonzalo”, mejor conocida como la Batalla de El Moscarrón,  que desarrollaron las guerrillas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del 5 al 20 de junio de 1982, en  casi todo el norte del departamento de Morazán, no solo fue una acción militar de gran envergadura para el ERP, que dejó importantes lecciones como la de pasar de una modalidad de combate -atacar posiciones fijas-, a otra superior, la de atacar al enemigo en movimiento; sino, también, para el resto de organizaciones que conformaban el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que les permitió una nueva perspectiva para hacer la guerra de guerrillas y, de paso, moralizar a todos sus combatientes.
Para 1982, el ejército gubernamental, entrenado y financiado por los Estados Unidos,  había comprendido la modalidad y tácticas de combate de la  guerrilla salvadoreña, de ahí los fracasos militares de esta, lo que, agregado al relativo éxito electoral de finales de marzo de ese mismo año, se puso en duda, inclusive, la guerra revolucionaria entre alguna o algunas organizaciones guerrilleras.
La Campaña “Comandante Gonzalo” buscaba atraer refuerzos militares a San Fernando, para hacer una gran emboscada, y provocar la mayor cantidad de bajas al enemigo y, de paso, recuperar por lo menos 500 fusiles y otros pertrechos de guerra, la cual se preparó y, por eso, se fortificó el terreno, con muchos meses de anticipación, en la Calle Negra, a la altura de lo que hoy es el kilómetro 200, entre Perquín y Jocaitique. Pero la batalla de aniquilamiento no se dio en el lugar escogido, sino en la zona baja de la montaña de El Moscarrón, donde fueron aniquiladas tres compañías del ejército gubernamental, y de donde nació el nombre de la batalla, que sintetiza el éxito de toda la operación, que incluyó la captura del entonces viceministro de Defensa, el coronel Francisco Adolfo Castillo.
Las unidades militares de San Fernando, unos 200 soldados, carnada para la emboscada, no fueron aniquiladas al lograrse el primer objetivo, porque logró huir hacia Colomoncagua, Honduras, desde donde, en helicóptero, fueron trasladados hacia Torola, confirma un sobreviviente del ejército adversario, de nombre René.
Por medio de Teresita Guardado, voz del ex grupo musical guerrillero Tucumay Camones,  supe de las anécdotas que relataban sobrevivientes de aquella maniobra y batalla. Unos fueron mandos guerrilleros, otros combatientes.  Así fue como nació mi interés por documentar esa campaña guerrillera, mediante los testimonios directos de quienes participaron; y, con la ayuda de Marisol Galindo, a quien también se entrevistó, se contactaron a varios de los que participaron en la campaña militar guerrillera.
Uno a uno, como lo hicieron hace 30 años, procedentes de diversos puntos de la zona oriental del país, fueron llegando al pequeño pero acogedor negocio de Marisol, atrás de la también histórica Iglesia católica de Perquín, el mediodía del sábado 25 de agosto.
En el patio trasero del negocio se instalaron las mesas, cubiertas por una lona, para salvaguardarnos de la fuerte tormenta que inició a media entrevista, pero que no levantó a nadie de sus asientos.
En las siguientes páginas encontrará tres preguntas generadoras para todos, para provocar los testimonios, los cuales fueron interrumpidos con preguntas específicas a los entrevistados, cuyas respuestas representan la riqueza de los recuerdos y hasta de sus convicciones.  
Los testimonios de Arnoldo, Ventura, Mario, Násser, a la sazón jefes guerrilleros, y la de Carlos, un excombatiente, son complementados con  el análisis de Marisol, que fueron más allá de la batalla del Moscarrón. Pero, el tema no se agota; más bien, queda la invitación a continuar registrado, esa rica experiencia de la guerra revolucionaria de El Salvador.

1. En qué momento ustedes se incorporan a la lucha.

Arnoldo (Cristo Negro)
Nombre: Maximiliano Amaya Chavarría
Bueno, cuando yo inicié la lucha fue en el 77 (1977). Inicié en el movimiento social. Entramos a la parte de los  campamento en el 80 (1980), ya por derecho, a enfrentarnos. O sea, que anduve tres años en la lucha clandestina. Ahí andaba haciendo diversas actividades, incluso allí teníamos que encubrirnos hasta de la familia. Todo esto era un poco silencioso por el problema del enemigo,  por eso siempre andábamos encubiertos, por eso ni a la misma familia le contábamos en qué andábamos.
- ¿Cuál o cuáles eran sus seudónimos?
Arnoldo.

- ¿Ese es el único seudónimo?
El único seudónimo, sí, el único, y Cristo Negro que me pusieron de apodo estos jodidos (ríen todos).

- ¿En qué momento se hizo jefe militar?
Yo entré como combatiente, después me dieron de segundo mando de escuadra, por el 81 (1981). Estando de posta con el primer mando de escuadra, el jefe de Pelotón había quedado con el resto del pelotón en el campamento, de repente una unidad (enemiga) de aquí de Perquín bajó el campo Guaruma y nosotros estábamos de posta y mirábamos el movimiento, el carreral (corren sin dirección) de gente y a nosotros no nos avisaban. Le dije al jefe que fuéramos a ver, pero se negaba, pero al fin me dijo vamos a ver. Al llegar al campamento todos parecían pollos, corrían para un lado y para otro, y no hallaban posición, el mando se les había ido con las cocineras, y entonces, le digo al primer jefe de escuadra que pusiera la primer línea de fuego porque estos vienen para arriba. Mirá, me dijo, voy a ser sincero con vos, yo no puedo coordinar el combate, agárralo vos y a mi poneme en cualquier trinchera que yo le vuelo penca. A los 15 minutos me habían herido, pero nos mantuvimos, estuvimos como cuatro horas en el combate. Después informé al jefe de zona de que el jefe de pelotón se había ido, y me dieron el pelotón por unos 22 días, hasta que terminó el operativo. Vuelvo de combatiente, pero a los pocos días me mandan a llamar y me dan un pelotón, allí estaba el compañero Násser cuando agarro ese pelotón yo. De ahí para acá quedé al mando de pelotón.

Ventura
Nombre: Catalino Gómez Argueta
Al principio, en las Ligas Populares 28 de Febrero, mi seudónimo fue Alfonso, pero, ya cuando… porque tuve la oportunidad de formar parte del primer contingente de hombres y mujeres que fundamos el primer campamento, en esta zona norte de este departamento de Morazán.

- ¿En qué lugar?
Fue en junio de 1980, en Caserío Raíces, del cantón Agua Zarca, de Torola.

- ¿Quién era el responsable en ese momento de ese campamento?
Definitivamente el responsable era el finado Balbino Carrillos, conocido como “Fidias”. Y, ya en lo que fue, en lo militar, ya fue Jaime Ayala, que es de Jocoaitique. El seudónimo de él es “Renato”. Anduvimos bastante tiempo en la misma unidad.

- ¿Cómo se hizo jefe militar Usted?
Como la guerra fue por fases, definitivamente, en las diferentes fases nosotros aplicábamos diferentes tácticas. Y, digo, costaba, en aquel entonces, adaptarse a las tácticas. Porque, nosotros, cuando fuimos a traer… porque tuve también la oportunidad de ir a traer el primer lote de armas, hasta las Playas de Conchagua, en octubre de 1980,  cuando nos entregaron a nosotros esos 500 fusiles Fal, nos dijeron a nosotros, bueno, con esto sí…

- ¿Provenientes de Nicaragua?
Posiblemente, porque no tenía otra perspectiva. Con esas armas nosotros llevamos a cabo la primera ofensiva el 10 de enero de 1981, y pasó uno a una fase superior de la guerra. Que en aquel entonces nosotros no andábamos ni radios de comunicación sino que lo que se mantenía era nada más un correo de una escuadra a otra escuadra, de un pelotón a otro pelotón, de una sección a otra sección, y así.
Recuerdo, cuando nosotros regresamos de vuelta a la zona centro, quien pasaba con un radio era nada más esta Lety, era uno, un radio, y de allí a lo mejor tendrían algotro en la Guacamaya (el puesto de mando central del ERP), tal vez.
Nosotros en ese entonces decíamos: bueno vamos a la Ofensiva Final, nohombre, era a comenzar que íbamos el turno.
- ¿Tenía eso claro, Usted, o creía también que podría ser ofensiva final?
A, pues, si la creíamos.
Nosotros en octubre del 80, definitivamente, fuimos desarticulados. Si aquí nos seguían a nosotros como un perro sigue a una cotuza (roedor), porque no andábamos armas. Pero cuando ya conseguimos las primeras armas, indiscutiblemente que ya fue otra cosa.

- Y cuando fue a recoger esa armas, usted estaba en logística.
Yo no trabajé en área administrativa, todos los que fuimos…(estaban ya en el área militar) y nos entregaron los fusiles. Si nosotros queríamos traer dos o tres fusiles nos daban, pero, varios de nosotros, cuando uno está cipote (joven)…

- ¿Qué edad tenía en el 80? 
16 años. Cuando yo me organicé en las Ligas Polares fue en 1978, yo tenía 14 años. Ya cuando fundamos el primer campamento tenía 16 años. Si la guerra definitivamente fue por fases, y en las diferentes fases uno asume diferentes tácticas.

-¿Cuando asume la primera responsabilidad como jefe militar?
Es que en esa cuestión, por ejemplo, a partir del 81, cuando fuimos a la Villa del Rosario ya era un mando de escuadra. En el 84 sí anduve bajo mi responsabilidad como 160 hombres, unos días, porque se nos puso serio también la cuestión, cuando ya pasamos a otra fase (la de desconcentración de la BRAZ). Yo recuerdo que en ese entonces hubieron compañeros que eran mandos de pelotón que se fueron porque, era totalmente diferente cuando operábamos con 150 o 200, las columnas, y de allí a las unidades de 30 o de 15, y así. Y ya por último que dijeron, no, hay que hacerlas de diez o cinco para ir a pelear. Porqué, porque era una nueva táctica: la de las unidades guerrilleras.

Mario
Nombre: Rolando Cáceres
Tuve varios seudónimos. El primero fue pedro, y el segundo fue Mario, con el que me he quedado hasta el final. Me incorporo a la organización… conozco de la organización, en 1979, de la organización del ERP, y tomo la decisión en Julio del 79 venirme para El Salvador con un compañero salvadoreño que estaba en la misma columna guerrillera en Nicaragua. Una situación algo difícil.
Los que estábamos allí decidimos: si salimos vivos de esta situación nos vamos para El Salvador. Y así fue que pudimos resolver la situación esa y los cuatro que estábamos allí, nos venimos…bueno, éramos tres nicaragüenses y un salvadoreño. Y nos venimos los cuatro para acá.

- ¿Porqué eligieron el ERP y no otra?
Primero, porque el compañero que andaba con nosotros allí en esa fila era del ERP. Y segundo, porque también pertenecíamos a la Tendencia Tercerista, que de una u otra forma comulgaba con la visión pragmática o práctica de la guerra y por eso, pues, decidimos con el ERP. 

Násser
Nombre: Carlos Argueta
Me incorporo a mis 14 años en 1979, y me incorporé donde yo vivía. Cantón Cañaverales, jurisdicción de San Fernando. Aquí cerquita. Las primeras tareas pues fueron de instrucción militar, aprender un poco sobre instrucción militar, y después de eso fui correo tres meses, una tarea bien bonita, y después fui jefe de escuadra tres meses, y después fui jefe de pelotón tres años, y después fui jefe de sección dos años y después ya estuve en la Plana Mayor de Operaciones del ERP, hasta que terminó (la guerra).

- Cada tres meses ibas avanzando. (De tres en tres, interviene Marisol Galindo). Aprendía rápido o no habían mandos, se le pregunta en forma de broma. Yo creo que no habían mandos y entonces decían, bueno vamos a poner a este que se vaya a morir, y a saber por qué no me morí, responde también en forma de broma. Tengo registradas 2300 veces que pude haber muerto.

- ¿De esas 2300 en cuál es en la que estuvistes a puntos de morir o en un hilo?
¡Uff!, un montón. Aquí nomás en Perquín, cuando tomamos Perquín la primera vez, en el asalto a la Guardia. Lo hicimos por el lado de la bartolina, por el lado sur de la comandancia, íbamos con Elmer, que era el jefe, otro compañero que está enfermo y no pude venir ahora, íbamos al asalto cuando un guardia como de aquí allá (se refiere a una corta distancia) nos agarró con un G-3 y le despozoló  la rodilla a Glorito, y mejor nos retiramos con él.

- ¿En qué año fue?
Eso fue en el 81. Es cuando se hacen los primeros siete guardias prisioneros, en lo que va de la guerra en El Salvador. Y cinco paramilitares. Y de ellos también se quedaron dos guardias con nosotros. Que después nos tocó estarlos custodiando, y bueno, éramos cipotes nosotros, y nos poníamos hasta a jugar naipes con ellos, y llegó Walter “El Che” y nos regañó. Dijo: “Todo prisionero está las 24 horas pensando cómo escaparse, y ustedes son los custodios, y si para irse los van a matar, los van a matar”.
Y así, un montón de circunstancias, de ahí para la ofensiva (1989), creo que fueron momentos bien difíciles.
- Násser ¿Cómo te hiciste jefe militar? ¿Cómo era Arnoldo como jefe militar?
La verdad es que en lo que estuvimos trabajando juntos, yo pienso que hicimos un equipo de trabajo, porque yo era el segundo jefe después de él. Nos metíamos unas maniobras que… Era un buen jefe. Inclusive, después de que estuvimos en el Pedrero, allí fuimos a Torola varias veces a hacer algunas acciones y estuvimos haciendo varias maniobras en el terreno. Y luego nos tocó una pequeña misión también con este hombre: 160 hombres a traer armas hasta el Caracol, a Jucuarán (Usulután, zona costa), saliendo desde Guaruma, caminando solo de noche y después de recibir las armas allá, bueno, cuando íbamos caímos a una emboscada ¿verdad? (se dirige a Arnoldo, quien asienta y especifica: en Yamabal), y lo peor es que solo 20 compañeros con armas, y 130 prácticamente sin armas. Pero de allá para acá (de regreso) veníamos demasiado armados, cada quien podría traer hasta dos fusiles y munición, lo que la fuerza física de uno pudiera.
Recuerdo que una de las anécdotas que me tocó a mi, Ah no, pero como la pregunta era sobre él: buen jefe.

- Vamos a la parte de la anécdota.
Anécdotas hay un montón, la primera, veníamos de traer armas, y Arnoldo, me acuerdo que se ponía allá (simula larga distancia) y me asignaba a mi que me viniera por toda la columna viendo que nadie se fuera a dormir, porque veníamos súper fundidos. Pues, hombre, estábamos en un lugar que se llama San Jacinto, pasando San Miguel, que nos iluminaba todo, la ruta, las luces de la Tercera Brigada. De repente, eran como las 4 de la mañana, y yo revisando allá los últimos, me acuerdo de aquel… Núñez, que no se fuera a dormir, y habían tres compañeros que lloraban como que eran niños con la carga, pero llorando, incluido Memito. Entonces, dijimos, vamos a descansar aquí, y así fue, y me arrecosté en un cimiento, la gran puta, y allí me quedé, todos agarran camino y yo me quedo en el cimiento dormido, y cuando despierto mano, al otro lado de la calle unos viejos arriando las vacas, puta, y aquí dije, yo no conocía allí, y me levanto y empiezo a ver el rastrerío (huellas) y salgo jalado (rápido). Allá los fui a alcanzar, como 500 metros adelante. Sentí que esa vez, a saber que me iba a pasar allí.

Marisol
Nombre: Marisol Galindo
Yo sobre el Moscarrón tengo poco que decir, sobre el punto de vista de que no estaba aquí en Morazán cuando sucedió. Pero, yo me llamo Marisol Galindo, Me incorporé en el año 75 (1975) en el marco de la lucha popular. Nunca he tenido seudónimo, solo en la vida muy, muy clandestina que me llamaba “Miriam”. Y en el 80 empiezo a ser parte del Comité Central del ERP. En el año 78, en la dirección de las Ligas Populares 28 de Febrero. Trabajé durante la guerra en muchas cosas; ya dije, en la lucha popular, todo el tema de organización. También trabajé mucho en el tema de la construcción del movimiento de solidaridad, en diversas partes del mundo. Ya después, aquí en la guerra. Ya cuando la guerra estaba desplegada yo vine aquí a finales de 1983, aquí a Morazán, y aquí estuve toda la guerra, con pequeñas salidas a otros frentes, pero la mayor parte acá. Aquí trabajé siempre en temas organizativos, con la escuela que teníamos, que se llamaba “Escuela Revolucionaria Liliam Mercedes Letona”.
Ya al final de la guerra salí de nuevo, de aquí de Morazán, en agosto del 90, de nuevo clandestina para San Salvador.
El trabajo que hago en ese tiempo es el de articulación política con otros sectores para poder empujar el proceso de negociación.

2. Sobre la batalla del Moscarrón. ¿Qué importancia le dieron en aquel momento. ¿Cómo podría describir esos momentos?

Arnoldo
Nosotros en esos momentos describimos esa campaña como una gran oportunidad que se nos dio a todos, porque hasta ese momento no todos andábamos armados, muchas de las escuadras andaban con contacto, unas bombas que hacíamos de tirro (la envoltura), porque no ajustaban las armas para todos.
Cuando habla Joaquín Villalobos en El Mozote, con nosotros, de que vamos a una campaña, y que vamos a recuperar 500 fusiles, creo que todos nos preguntábamos cómo, cómo era recuperar esos fusiles.
Entonces, no lo hallábamos, dónde, pues.

- ¿Usted ya era jefe de Pelotón?
Sí, era jefe de pelotón.

- ¿Cuánta gente tenía a su mando?
Andaba 26 gentes.

- ¿Todos armados o unos medio armados?
Andábamos una escuadra que andaba media armada, solo con contacto, nada más.
Entonces, cuando dan el inicio que se tome Perquín y San Fernando, bueno, comenzaron a concentrar toda la fuerza. Y a nosotros nos tuvieron como una fuerza de reserva, dos secciones, la del “Che” y la de “Hernán”. Yo andaba con Hernán y quedamos aquí en Peña Hueca. Inicia el asedio a San Fernando el día cinco de junio.
El día 8 nos dieron orden que teníamos que romper con tres compañías que venían avanzando para San Fernando, y que ya venían cerca de San Fernnado, pero que teníamos que pasar nosotros  a la retaguardia de esas compañías, y fue cuando nos dieron la orden, a las doce del día, que comenzáramos a romper fuego en medio de esa compañía. A romper cerco y empujarlos al lado de la frontera de Honduras, para no dejarlos que escaparan.
Logramos hacer ese cerco en la tarde, ese día ocho. Comenzamos y mantuvimos las emboscadas, para no dejar que nadie se escapara. Ahí teníamos que tener reducidas esas tres compañías hasta que logramos cercarlas.
O sea, que esa batalla llevó casi cinco días para hacer todo el encierre de las tres compañías.
Y cuando ya se hizo todo el encierre, casi a los cinco días de combate, fue la orden de asalto que había que… se rendían o se morían. Fue el momento en que allí se rindieron 75 hombres de las tres compañías y se tomó el control de Moscarrón. Fueron cinco días de combate.

- ¿Sin descanso?
Sin descanso. Ahí no había descanso. Día y noche. Nosotros, de noche teníamos que estar -cada jefe de pelotón- revisando la columna de punta a punta, que no se fuera a dormir nadie. Era duro, porque el que se dormía, el enemigo le caía.
Nosotros disparábamos cada diez minutos para ver si la gente estaba despierta, cada posición tenía orden de disparar cada diez minutos. De repente yo venía de revisar la columna de aquí de la quebrada al Tempisque… cuando sentí el rafagazo. Ya mataron a alguien, dije, y salgo rápido. Un soldado se fue acercando, acercando hasta que llegó y le pegó la pedrada al fusil del jefe de escuadra, entonces el embrocó el fusil y se lo echó (mató) allí. Estuvo a punto de que al muchacho le quitaran el fusil.

- ¿En esos cinco días de combate, cuál fue el  más difícil para Usted?
No, difícil casi todos fueron, porque nosotros todos los días teníamos invasiones de hasta de 50 hombres que se nos iban sobre de cada grupo que teníamos en el río. Allí era una quebrada, es una altura a ambos lados, entonces ellos su onda era salir por ese río, para atravesarse para Honduras.
La misión era aniquilar todo lo que cayera allí a puro contacto. Todo lo que se acercaba a esa quebrada allí quedaba, no podía salir de regreso.
A pesar de que un teniente se logró tirar una noche con una ametralladora, pero fue a caer en una poza, y cayendo a la poza allí quedó el muerto.

- ¿De la gente que llevaba bajo su mando, cuanta gente le mataron?
No, gracias a Dios no tuve ningún muerto. Todos salieron ilesos de esa campaña.

- ¿Tuvo miedo, en ese combate?
Es que siempre cuando se entra a cualquier combate… yo creo que es mentiroso el que me diga que no siente miedo, porque todo mundo siente miedo. El miedo se combate en el momento en que uno entra al enfrentamiento con el enemigo. Allí se va el miedo, se va todo. Ya no se acuerda de nada uno, solo morir o matar. Son las dos cosas bien definitivas que uno lleva. Así es la situación del combate.

- Y cuando Jonás (Jorge Meléndez) o alguien dijo: “Aniquilando un batallón triunfa la revolución, ¿qué pensó Usted?
No, eso lo mirábamos normalmente, como una consigna. Aniquilamos más de dos batallones y no triunfó la revolución. Pero sí, era una experiencia buena.

- ¿Cuál es el momento más triste de esa batalla que recuerda?
De la batalla del moscarrón.

- Sí, de la Batalla del Moscarrón.
Bueno, prácticamente fue el momento de aniquilamiento. Fue triste por la situación de que allí tuvimos que ir moviendo los muertos para ir al aniquilamiento porque los muertos mismos nos sirvieron de trinchera. Lo triste era mover a esa gente ya con manteca, y todo allí, porque se estaban deshaciendo, irlos poniendo adelante para acercarse uno donde estaba todo el resto de la unidad de ellos.

- ¿Los mismos soldados de ellos sirvieron de trinchera?
Sí, los mismos soldados servían de trinchera. Así fue ya el final de ese aniquilamiento del Moscarrón.

- ¿Usted estaba ahí?
Sí, ahí estuvimos siete días en ese combate

Ventura
- ¿Y usted que recuerda de esa operación?
Bueno, definitivamente fue la operación militar, la primera según mi criterio, operación militar que duró y también los resultados que se obtuvieron fueron definitivamente grandes. Digo, porque, por primera vez, nosotros tuvimos la oportunidad de derribar el primer helicóptero en esa zona norte de este departamento de Morazán.
Era un Hughes 500, una avispita, en el cual se transportaba el Vice Ministro de Defensa en aquel entonces el coronel Francisco Adolfo Castillo. Ese helicóptero, definitivamente, lo derribamos nosotros, de la fuerza que andaba al mando, un compañero nicaragüense “William Negro”.
Como a las 5 de la tarde, después de una tormenta alumbró el sol y se nos hizo presente ese helicóptero en el área de combate. Y el nos dio la orden (William) que los que tuviéramos calibre 7.62 mm. había que concentrarle fuego al helicóptero para que no se saliera.

- ¿Qué día fue ese?
Fue el 17 de junio de 1982. Bueno, nosotros le concentramos fuego y no se salió, ahí se quedó, no se salió. Ahí murió el coronel Salvador Beltrán Luna, en El Alto. Nosotros llegamos cerca donde estaba el helicóptero, solo prendía un globito y salimos de regreso. Esa tarde que se derribó el helicóptero, esa noche se salieron los cuilios (soldados) que estaban en San Fernando.

- ¿Rompieron el cerco?
Se salieron por una quebrada. Aquí hay mucho que hablar, en la situación esa, porque realmente, fue de grandes logros porque a nivel nacional e internacional tuvo peso. Y aún sigue teniendo porque está en la historia, indiscutiblemente.

- Hay narraciones que dicen que a esa altura de la guerra, antes de la Batalla del Moscarrón, estaba desmoralizada la guerrilla, ¿Es verdad eso?
No, en el caso de nosotros, durante la guerra, yo sé de que todos nosotros, desde un principio fuimos preparados en el campo político, en el campo ideológico y en el campo militar y también en el campo espiritual. Digo, si nosotros íbamos a un combate sabíamos que íbamos a combatir, que quiénes íbamos a regresar, quienes iban a regresar, quiénes nos íbamos a quedar no sabíamos, solamente Dios.
Cada uno de nosotros tenía, nuestra propia creatividad.

- Alguna acción que Usted realizara con su gente, ¿diferente a lo que el mando le había dicho? 
Es que había que tomar decisiones en el momento más oportuno.

- ¿Recuerda una de esa decisiones? 
Por eso digo, eso nos lo explicaban a nosotros desde un punto de vista inicial, que en el momento, pues, había que...

- Pero ¿recuerda Usted alguna decisión que tomó en ese momento, porque era preciso, para que no se le escaparan, para salvaguardar la vida o la de sus compañeros?
Claro que esa onda sí, digo, porque yo recuerdo cuando… me voy a retroceder un poco, cuando en el Caserío Raíces, nosotros una vez estábamos de posta , yo y otro compañero que murió, era primo de este, el finado Salvador Ernesto. El tenía un fusil ametralladora Browning y yo tenía un Garand. Entonces, se nos hizo presente un helicóptero y le dije hagámosle fuego. No me dijo, hay que esperar orden primero, pero, lamentablemente, ese helicóptero nos mató cuatro compañeros: al finado Luis, la finada Lila, al finado Chabelo y al finado Porfirio Ventura.
En esa cuestión había que tener uno la iniciativa, y yo desde esa vez, digo yo, en el caso ya de los medios aéreos, hay que tomar decisiones en el momento. Uno tenía que analizar también el armamento y la distancia, indiscutiblemente.

- El armamento que tenían todavía no eran M-16 , para esa Batalla (El Moscarrón)
No, la mayoría eran fales. Fusil Fal y Garand. Eran los que más se utilizaban en ese entonces. Pero a partir de ese día comenzamos a andar los G3.

- ¿Cuánta gente llevaba Usted?
Once nada más. Una escuadrita Nada más. Ahí andaba Camilo, ¿te acordás? Sevillano (dirigiéndose a Mario, quien confirma).

- ¿Su escuadra capturó al Viceministro?
No, no, fue otra gente. Que lo derribamos nosotros, la gente de William Negro, indiscutiblemente que fuimos nosotros.
- ¿El recuerdo más triste de esa batalla para Usted?
Ese día que nos hicieron tres desembarcos.

- ¿Sintió que no iba a salir vivo de allí?
No, si a lo mejor, estábamos conformes, pero como vuelvo y repito, en el momento oportuno uno siempre tenía que aplicar la creatividad y la agresividad en el combate, porque al no aplicar esos principios se lo aplicaban a uno.

Mario
- ¿Qué recuerdas de esa batalla?
Lo que pasa es que nosotros veníamos de una serie de actividades de la acampamentización de los compañeros. Veníamos de la  ofensiva del 10 de enero, veníamos de varios combates y no todos habían sido exitosos. Veníamos de comernos varios revesazos, de experiencia, no,  y resultado de eso teníamos los resultados de las elecciones del 82, que nos matan al Comandante Chelito Gonzalo.
Chelito Gonzalo era uno de los cuadros de la zona de San Miguel-Usulután y una persona muy querida por nuestra organización y por todos los combatientes que lo conocíamos, y este compañero muere en esa campaña militar que tenemos en contra de las elecciones.
Dado esa situación, pues, también el enemigo, en este caso la Fuerza Armada y los estrategas, habían descubierto nuestra modalidad de combate, que era la “Resistencia Activa”.
Hacíamos un frente para chocar con ellos y por la retaguardia hacíamos maniobra para desestabilizarle y tratar de golpearle. Eso ya lo tenían en conocimiento ellos.

- ¿Dónde aprendieron esa modalidad?
Dicen que la madre de la ciencia es la necesidad y teníamos necesidad de sobrevivir y más que todo ir templando a los hombres y mujeres combatientes, a perderle el miedo a las balas, porque sí había que enfrentarse, que no sabíamos pelear, estábamos aprendiendo a pelear.
- Pero, hay alguien que te recuerda, digamos, haya sido el creador de esta modalidad de la Resistencia Activa? Que les dijera, hoy vamos a atacar al enemigo de esta y esta forma.
Yo creo que aquí no se lo vamos a acreditar a una persona, pero sí hay que reconocer también que el compañero jefe militar nuestro de la región era Jorge Antonio Meléndez, Jonás, y era la persona con mucha energía e inyectaba ese entusiasmo de derrotar, no perder ninguna oportunidad para derrotar al enemigo.   
Dentro de todas sus euforias y todo, siempre tomaba  a bien a tomar iniciativas como esa. Y para mi, yo creo que es,  no estoy así diciendo que él fue, pero para mi como conociéndolo a él, si creo que de él vino esa iniciativa de hacer un modelo de táctica de ese tipo.

- Sin embargo, los estrategas del enemigo se dan cuenta de la modalidad de lucha.
Sí, y entonces había que cambiar. Entonces, la Comandancia del ERP comienza a analizar la situación porque en el país estaba un poco difícil. Había una situación de la pregunta que hacías ya rato, de que habían organizaciones del  agrupamiento del FMLN que estaban más bien tirando la toalla. Hay que decirlo así. Habían compañeros que estaban pidiendo salir al exilio, que hubieran buques de la Cruz Roja Internacional, en Acajutla, para sacar a todos los combatientes. Había una organización que decía que había que hacer la revolución desde Nicaragua para Centro América, y otras organizaciones que estaban pidiendo migrar del país. La situación estaba difícil.

-¿Se pueden mencionar esas organizaciones?
Creo que ahorita vamos a dar punto a lo que estábamos, no, a la campaña Comandante Gonzalo, y vamos al momento no, que la Comandancia del ERP decide concentrar toda su fuerza viva que están en el país en Morazán. Llama a la gente de La Unión, de Usulután, de San Miguel, de San Vicente, de San Salvador y las concentró en Morazán. Casi todas las fuerzas vivas que eran personas con experiencia ya en combate, concentrarlas en Morazán.

- ¿Cuanto tiempo duró ese proceso de concentración? ¿Y como creen que lograron evitar que el enemigo lo detectara?
No te podría decir porqué no lo detectó el enemigo, pero como era una cuestión de disciplina. Porque toda la guerra se refleja en disciplina. Todos los logros se reflejan en disciplina.
Entonces, había una orden de moverse de San Vicente para el norte de Morazán y esa orden era indiscutible. Y que se iban a mover en tantas noches y llegaban a Morazán en una semana, por decirte algo. Y allí había que llegar, muriéndose pero llegar.
Entonces, toda la fuerza se concentró en Morazán y se comenzó a diseñar ya la operación: “Campaña Comandante Gonzalo”, que así se llamaba, y ello llevaba el propósito de aniquilar al enemigo en movimiento, no irlo a buscar a los cuarteles, a las ciudades, sino que tratar de agarrarlo en movimiento para darle un golpe contundente.
Por eso se diseña la operación, como bien lo decían los compañeros, tomarnos Perquín en ese momento y asediar San Fernando y hacer otra serie de actividades en el norte de Morazán.
Qué es lo que pasa en esos momentos. Se toma Perquín, pero antes de todo quiero decirte que la “Campaña Comandante Gonzalo” tenía un propósito y la consigna en ese momento era: “Derrotando un batallón, triunfa la revolución”. Esa fue la consigna que teníamos en ese momento.
Se despliegan las fuerzas, hay que tomarse Perquín, asediar San Fernando como carnada para que vinieran a liberar a ese grupo de comandos que estaban en San Fernando y la emboscada de aniquilamiento estaba en la zona donde hoy casualmente se mide el kilómetro 200 de San Salvador para acá. En ese lugar que se llama el Guanacaste, toda esa zona estaba atrincherada, preparado todo lo que era la administración, de logística, comida, enfermería y todo, en esa zona, para hacer el magno combate para aniquilar un batallón elite. Estamos hablando de más de 1500 soldados, en esa batalla.

- ¿Recuerdan que batallones eran los que participaron?
Bueno, nosotros esperábamos un batallón Biri, un batallón de reacción inmediata, pero, el que recuerda más ese batallón es quien estuvo allí, en ese lugar, el compañero Násser, y me gustaría que lo mencionara.
Se vinieron todo el dispositivo. A mi me tocó atacar la pista de Chilanga, en Gotera, con un mortero 60, y una escuadra, porque allí estaba la base aérea.
Los helicópteros se abastecían y evacuaban heridos. Entonces nuestra misión era atacar eso.
También recordamos que en esa época también se había dado la destrucción casi del 70% de la aviación salvadoreña en el aeropuerto de Ilopango, que fueron un grupo de compañeros de Fuerzas Especiales del ERP, que habían destruido esa aviación en tierra y los Estados Unidos, en este caso, Ronald Reagan, le había dado a la Fuerza Aérea Salvadoreña los mentados y famosos Dragon Fly A-37, que nunca los habíamos visto. Fue en esa batalla (El Moscarrón) que vimos aparecer los aviones A-37. Para nosotros fue una alucinación. Nos sorprendieron, pues, nunca los habíamos visto.
Y además la dotación de helicópteros. Entonces, cuando nosotros, en esa operación de la “Campaña Comandante Gonzalo” se dan una serie de actividades, eventualidades dentro la coyuntura política, la coyuntura militar, la coyuntura social, porque había una organización, habían personas que estaban emigrando para los refugios, habían personas que estaban saliendo fuera del departamento para la cabecera departamental. Había un fuerte trabajo en todas las ramas y eso también era más fuerte para nosotros porque íbamos como a graduarnos de los cursos militares que habíamos tenido en la práctica, en combate, a graduarnos con esa batalla.

- ¿Solo estuvistes en Chilanga, o te viste obligado a moverte para ocupar otra posición como parte de la operación?
Se nos aventó el ejército, unas compañías del Batallón Morazán. Se nos aventó por el lado de Pueblo Viejo, en el Cacahuatique, y tuvimos que hacerle frente para distraer,  amarrar fuerzas.

- ¿Cuántos días hicieron frente?
Allí fueron como cuatro días nomás.

- ¿Cuánta gente llevabas?
Eran como 25 o 26 personas las que estábamos allí, en ese pelotón.

- ¿Cuál es el recuerdo más triste que tenés de esa batalla?
Más que triste fue la gran sorpresa de ver los aviones nuevos (Dragon Fly 37), o sea, la intervención más directa (de parte de EE.UU) porque, ver los fugas ya estábamos acostumbrados, que nos tiraran bombas, pero ver aviones camuflajeados y con una velocidad, y más que todo la efectividad que tenían en el tipo de acciones que hacían era demasiado para lo que estábamos esperando en ese momento.

Násser
La verdad que a nosotros a veces nos apasiona hablar de esos temas, más ahora que ya pasó todo. Y de alguna manera también, hablar de estos temas es recordar a tantos compañeros que murieron en esas batallas.
Lo cierto es que como ya todos los compañeros dijeron, cuando se da esta operación, el gobierno y la Fuerza Armada, al FMLN le estaban tendiendo un cerco diplomático y militar bien fuerte, al grado tal que muchos países amigos ya dudaban de si realmente nosotros éramos una fuerza que podíamos tener incidencia en que el país no podía solucionar sus problemas sin que el Frente fuera tomado en cuenta.
O sea, el gobierno había logrado llevar hasta allí la situación.
La pregunta que tu le hacías a Ventura, desmoralización en sí no era que había, sino que lo que había era una situación de que nuestra Modalidad de Combate, que Mario describe, como que había llegado a su fase de agotamiento.
El enemigo nos había estudiado ya el comportamiento, había roto su modalidad de Defensa de Posiciones Fijas, y nos mantenía en asedio continuo y eso hacía que nosotros también no pudiéramos articular nuestras operaciones.
Eso plantea la necesidad de buscar ese nuevo esquema de combate para golpear al enemigo, porque no se le podía convencer a los gobiernos amigos ni a ningún pueblo solidario del mundo de que realmente lo que estaba diciendo el gobierno era mentira. Había que hacer algo que realmente se materializara en una victoria militar y vender eso al mundo.
 Y es así como, para hacer esa operación,  se concentró fuerza de Guazapa, San Vicente, de Tres Calles, todo Usulután, todo San Miguel, norte de La Unión. En esos  lugares solo se quedó gente como las milicias, haciendo ciertas actividades de distracción y todo se concentró en la zona de Guarumas y El Mozote, Cañaverales, para diseñar todo ese plan y no fue algo que se comenzó ahí el cinco de junio. Como decíamos nosotros, y eso es así: las batallas se ganan en un 70% en la planificación y un 30% en la fase de ejecución.
Nosotros nos habíamos tardado tres meses solo fortificando el terreno para dar esa batalla de aniquilamiento de ese batallón especial que nos pudieran meter en un avance, luego que estuviera asediado, aniquilando a las posiciones enemigas en Perquín y San Fenando.
Así es como esta gran batalla que después se termina consumando en el Moscarrón, y que comienza como bien lo decía Mario la “Campaña Comandante Gonzalo”, en honor al Chelito Gonzalo, nosotros teníamos diseñado que esa gran batalla se iba a dar entre Jocaitique y Perquín, y no en el Moscarrón. Ese era el diseño inicial.
Pero nunca nos imaginamos de que el ejército, ante el aniquilamiento de todos los comandos que habían aquí en Perquín, se nos iba a aventar con todo. Entonces, avanzaron sobre la calle negra con los dos batallones elites que en ese momento tenían. El Batallón Atlacatl avanzó a Oscicala y de ahí a Jocoaitique, todo eso lo tenían ellos controlado. Y eran 1800 hombres, porque así comenzó. No era batallón sino que brigada. Brigada Atlacatl.   
 Y el Batallón Belloso, que tenía un promedio de 800 efectivos avanzó por el costado oriente de la Calle Negra, en dirección a Perquín los dos. Se basificó el Atlacatl en Jocoaitique, en la canchona, que le decíamos nosotros, hoy la comunidad Segundo Montes, en Los Quebrachos; y en La Planta (cerro), el Batallón Belloso. Y de allí comenzaron a avanzar.
Nosotros teníamos la primera línea de fuego a la altura del Cururo, y esa línea de fuego bajaba por la línea del Cururo a topar cerca del tanque de Jocoitique; y la segunda línea la teníamos en El Conacaste, a pegar al Coyote, a las Guarumas, Zapotal.
Y la tercera línea de fortificación estaba prácticamente en la primera estribación de la pinaloza del Gigante, a bajar por la loma Chaparrera, a llegar justamente al Coyote.
Entonces, mientras aquí (Perquín) se dio el aniquilamiento y los comandos estaban asediados en San Fernando, el ejército se propuso también avanzar con tres compañías que las saca de la Tercera Brigada, que venía la primera, tercera compañía de la Tercera Brigada, y la cuarta compañía de armas de apoyo de la sexta brigada, y con esos, la misión de ellos es venir a rescatar los comandos que están encerrados en San Fernando. ¿Porqué hacen eso?, porque los dos batallones elites, la supremacía que tenía el ejército en ese momento, los teníamos estancados allí. Tenías siete días que no pasaban. Y si estos no pasan, hay que ver donde más, es así como meten esas tres compañías por allá (por Carolina-Torola).
La misión de nosotros sigue siendo contener ese avance de esos dos Batallones, empantanarlos allí,  causarles lo más que se pudiera de bajas, mientras que el enemigo empieza a avanzar con esas tres compañías. Llegan a Torola, de allí avanzan hacia el norte y es donde chocan con una escuadra que prácticamente estaba en el Volcán de Torola. Esa escuadra los empieza a jalar porque ese era el propósito. Ellos empiezan a seguirlos. Dijeron ya vamos a llegar a San Fernando, pero, mientras, los compañeros estaban generando toda la maniobra.
Así es de que esta batalla que al final pocos recordamos que se llamaba “Comandante Gonzalo” y que íbamos todos a esa batalla asombrados, en el sentido de que, puta mano, operar allí y cien fusiles y con esa consigna de que “Derrotando un Batallón Triunfa la Revolución”, era insólito. Si muy pocas victorias habíamos tenido hasta ese momento de esa magnitud. Sin embargo, nos aventamos al ruedo y la gran batalla que íbamos a dar de liquidar aquí en la Calle Negra, donde habíamos hecho toda la fortificación del terreno, no se da y se termina dando esa gran batalla aniquilando esas tres compañías en El Moscarrón.

- ¿Cómo hicieron para mover, desmontar las emboscadas, las posiciones?
No se desmontó ninguna contención. O sea, las contenciones se mantuvieron. Lo que sucede es que toda la fuerza que atacó el punto central que era aquí en Perquín, como aquí se aniquiló todo, esa fuerza quedó libre y esa fuerza se lanzó entonces, en dirección a San Fernando, donde se tenían rodeados a los comandos que estaban allí, que la misión no era aniquilar esos comandos, sino que tenerlos asediados para que esos no pudieran también reforzar a Perquín.
Nosotros estábamos hablando, sin temor a equivocarme, como unos 1500 a 1700 hombres, nosotros, solo la fuerza nuestra. (1700 guerrilleros, confirma Mario). Estoy hablando de hombres combatientes, no todo lo que estaba alrededor de eso, porque allí habían logísticos, administrativos, hospitales, población que nos llevaban información, que hacían trinchera, etc.
Como aquí (Perquín) se da el aniquilamiento queda controlado, entonces, toda esta fuerza se vuelca para allá, a esa defensa. Decir que en esta operación también tuvo participación una organización más, a parte de nosotros el ERP, y fue la RN (Resistencia Nacional). La RN tenía una fuerza efectiva, más o menos como de 40 hombres, en Barillas Negras, en la zona de Corinto, y también ellos participaron en la contención, en el sector del Portillón, de Arambala, al mando de Ramón Arce.
Esas contenciones se mantuvieron inamovibles hasta que estos compañeros aniquilaron esas tres compañías allá.
Allí hay dos fosas, donde en cada fosa hay 40 hombres enterrados, soldados, en un pozo, en el pozo de Amadeo, 500 metros al sur poniente de montaña El Moscarrón y la otra fosa en la estribación sur de la montañona del Moscarrón. Había un montón de soldados de los que estaban muertos y eso era una gran epidemia. De aquí de esta zona se llevaba gente a enterrar.
Cuando eso termina, los demás compañeros se tienden para este lado a reforzarnos a nosotros también.
A nosotros nos tocó una misión pero súper difícil, inclusive… (Le intervienen otros, ya vos con…) (Ah, no quieren que cuente, pregunta Násser, como no, adelante, le dicen riéndose anticipadamente de lo que viene después) .

¡“Armas Bacteriológicas”!
Resulta que yo les cuento,  y que hoy suena como una anécdota, pero que es una cosa real. A nosotros nos llegó la noticia de que la compañía número uno del Batallón Atlacatl, que era la Recondo, eran brujos todos, y no dejó de impactarnos, tal es así que hasta cebolla y ajos mandamos a traer con los cocineros para echarles a las balas para ver si era cierto que eran brujos. Pero la cuestión es que nos inventamos, porque ellos si vinieron a Jocaitique, usar por primera vez esto es bien delicado que salga en el Co Latino (bromea Násser y sigue) por primera vez armas bacteriológicas, armas químicas, y es que nos fuimos hacer del cuerpo del tanque que ellos se abastecían de agua, allí deshicimos sapos, ranas, todo lo que hallamos, y les pegó una disentería a esos hijos de puta que sacamos dos compañías fuera de combate.

- O sea, además de las tres que aniquilaron sacaron de combate dos más.
Del Batallón Atlacatl, y les ordenaron que se salieran del pueblo porque les estaban dando veneno. O sea, les pegó una disentería, y eso porque lo conocimos a través de la inteligencia, que tuvieron que evacuar esas compañías.

-¿Y quien fue el responsable de esa travesura?
El que le parió esa idea fue a Jonás. Y la que la materializamos fuimos nosotros. Fue una operación muy inteligente.

- Násser, decías que la operación no comenzó el 5 de junio… sino tres meses antes.
Como no, el 5 de junio. Lo que yo trato de decir es que una batalla militar no se gana en la ejecución. La ejecución fue el 5 de junio, ya en combate, pero, nosotros esa operación la veníamos preparando. Yo solamente he dicho lo que concierne al atrincheramiento, a la fortificación del terreno. Pero, no, nosotros habíamos venido entrenando militarmente para hacer ese tipo de maniobras de ataque, de aniquilamiento, fuego de maniobra, todo, todo eso era parte de la preparación previa para cuando fuéramos a la ejecución estar bien adiestrados para no fallar. A eso me refería que estuvimos trabajándola con mucho tiempo, diseñando todo el esquema. Pero una gran virtud que nosotros tuvimos y que no se expresa solo en esa operación es que nosotros teníamos una capacidad, una elasticidad para poder adecuarnos a las variantes del momento.
 Y eso era a lo que el Chato Vargas (Ernesto) le molestaba, y por eso empezaba a dar unas cátedras, ¿tal vez se acuerdan? (Le pregunta a los otros entrevistados) cuando quería encubrir una derrota militar, sino que un problema de la dialéctica de que los terrorista y no sé que… que estos subversivos.
Nosotros si teníamos diseñado hacer ese aniquilamiento acá, de inmediato lo modificamos y se ejecutó allá. Y así hicimos infinidad que podríamos describir y exitosas, por qué, por esa capacidad de movernos, de cambiarnos de prioridad en la dirección del ataque.

- Sin lugar a dudas, en plena campaña modificaron todo, sin mover la fuerzas
Habían fuerzas que eran inamovibles, tenían que estar allí. Y nosotros… Allí se dieron cosas que ya son detalles que como lo que decía Arnoldo, que fue a Cárcamo, al compañero que le agarraron el fusil, un jefe de escuadra, batalla cuerpo a cuerpo.
- ¿Batalla cuerpo a cuerpo?
Batalla cuerpo a cuerpo.
Nosotros ahí estuvimos una vez, cuando estos (se refiere a los otros) habían llegado a reforzarnos, para que no se tomaran el cerro Gigante los del Atlacatl, se nos metieron tres compañías en la parte de atrás de nuestro dispositivo y estuvimos tres días allí prácticamente rodeados, y de frente nos hacía unos ataques, Dios mío, pero mortíferos, con todo lo que se puede imaginar usted de artillería, aviación, y por detrás nos agarraban con cañones 90 y punto 50, esos del Atlacatl, porque es una punta, buscando por la calle del Conacaste hacia Guaruma. Ese cerro, un día nos quitaron esa posición a las 4 de la tarde, después de un gran combate, a mi me tocaba esa posición y tuve que llegar donde el camaradita Basilio, a darle parte que nos habían quitado la posición, y de allí a Diego, era jefe de la sección. Y nos dice, pues, la orden es que esa posición hay que retomarla de nuevo, y empezamos a trabajar y a las doce de la noche llegamos de nuevo y les hicimos una bañada con bombas de contacto, creo que fueron más o menos dos horas de combate y les quitamos la posición y nos quedamos todo el santo día de nuevo. Y ese día que nos quedamos allí, a las 4 de la tarde nos quitan de nuevo la posición.

- No eran buenos para defender posiciones Ustedes.
Eso era terrible, eso era terrible allí, y de nuevo llega la noche y otra vez con aquellas matatadas (recipiente hecho de henequén o nylon) de contacto. Recuerdo ahorita a Valentín Taura, que murió allá por occidente, en la desconcentración de la BRAZ (Brigada “Rafael Arce Zablah”, del ERP), que era un hombronazo, más grande que “Cristo Negro” (Arnoldo), y el hermano, Juan, “Rebusca”, Netillo y, este, Gaspar… pero la onda es que el viejo Valentín y este Juan Taura, dos matatadas de contacto llevaban cada uno y volvimos a atacar esa posición. Como ya tenían la experiencia de la noche anterior, desde que empezaron a caer las blancas encima soltaron la posición y empiezan aquellos por una chaparrera para bajo que solo sonaban las cacerinas (depósito para la munición) y les quitamos la posición de nuevo. Ese fue ya, el último día que defendimos esa posición y ya no nos la quitaron al siguiente día. A las doce de la noche ya la misión estaba cumplida. Si no mal recuerdo ese día creo que fue el 19 0 20 de Junio. (20, corrobora Mario). Porque después de eso nos retiramos, ya Castillo (el viceministro de Defensa) estaba hecho prisionero. Llegamos al Mozote, porque la batalla no terminó ahí, o sea, esas tropas que les hemos mencionado ahorita son las que están en pleno combate, pero el ejército sigue sacando más unidades de otros lados y las empieza a tirar para acá. Total que el norte de Morazán tuvimos que desalojarlo y dejamos fuerzas acá que los estuviera entreteniendo.
A mi me tocó la misión final de llevar 29 heridos, 29 bajas que habías tenido en toda la campaña. Salimos al Junquillo, a Yancolo, Llano El Nance a cruzar la Calle Negra, cerquita de la pista de Chilanga, para el Cerro Cacahuatique. Para allá llevamos a todos nuestros heridos. Y dentro de esos 29 heridos llevábamos, no quiero pecar de inexacto, no menos de 15 en camilla, que si los dejabas en la camilla esos hombres ahí quedaban, no se podían mover.
- ¿Y el resto de fuerza para donde se retiró?
 El resto de fuerza se quedó acá amarrando todo el dispositivo enemigo, pero todo el resto de la fuerza tuvimos que salir con la seguridad de todos los heridos que habíamos tenido para sacarlos a la zona del Cacahuatique, que es una retaguardia que había quedado, que el ejército no le ponía cuidado porque aquí estaba todo concentrado. Así es que esa batalla, nosotros registramos que fueron 19 días, pero la verdad es que anduvo más allá de los 19 días.

Se incorpora Carlos
Nombre: Santos Carlos Romero
- ¿Cuál fue su responsabilidad en la Batalla del Moscarrón? ¿Tenía unidades al mando?
No, era combatiente.

- ¿Qué recuerda de esa batalla?
Primero que fue una gran victoria, y segundo que nosotros iniciamos, casi iniciamos el combate. Yo recuerdo que nosotros tomamos Perquín. Y después de eso nos dieron la orden de recibir esa fuerza. Venían unos 350 soldados, eso fue lo que nos dijeron. Realmente, no teníamos nosotros idea, pero, venía un refuerzo pasando por río Torola y el pueblo de Torola, y a nosotros se nos dio la orden de detener o contener esas fuerzas enemigas.
Nosotros estábamos acampados aquí en Chaguitón, de allí salimos una escuadra de diez hombres y cabal nos encontramos donde se llama ahora el Moscarrón. O, sea, en cruz de calle que hay allí, y allí iniciamos nosotros lo que fue el enfrentamiento. Allí nosotros logramos, tomar unas posiciones, pequeñas posiciones, unas pequeñas alturas, cinco de este lado y cinco del otro, combatientes nuestros, nos ubicamos y logramos detener el avance.
Lo mejor que el enemigo no hizo fue maniobrar, porque solo éramos diez personas. Yo recuerdo que ellos solo intentaron por la calle, y por la calle. Nosotros logramos en los primeros minutos de combate causarle tres bajas.
Traían un perro adiestrado. Un perro muy grande, que lograba evadir las balas, o sea, saltaba de un lado al otro la calle, se echaba y así, pero se los logramos matar.

- ¿Cuál era la función del perro, para ellos?   
Mire, primero es que un perro con su olfato puede detectar a las personas, aunque estén escondidas, esa es una de las funciones. Como de reconocimiento. Los perros estaban entrenados para eso, pero no tantos perros, porque de lo que yo recuerdo, uno, ese nomás.
Nosotros iniciamos el combate como a la una de la tarde. Recuerdo que antes de eso había una escuadra adelante, en un lugar que se llama el Volcán de Torola, pero la escuadra era, digamos, de menos experiencia de combate y tampoco tenía la capacidad de sostener al enemigo, por la capacidad que tenía el enemigo en cantidad de hombres y de armamento. Aquellos se retiraron y por eso nos enviaron a nosotros.
Entrando nosotros, digamos, en choque, con ellos, porque allí no es que estuviéramos en posición, sino que nos encontramos. Supongo que no había un plan así de aniquilamiento al enemigo porque no estábamos, digámoslo, las fuerzas nuestras concentradas ni preparadas.
Entramos en combate y resistimos hasta las cinco de la tarde, retrocedimos al enemigo alrededor de unos cien metros.

- ¿Solo los diez?
Solo los diez, y logramos recuperar el lazo con el que se habían pasado el río Torola, y un sargento muerto, un fusil G3 y un lanzagranadas M-79.
Como a las 6 de la tarde, entre oscuro y claro, usted tal vez ha visto las luciérnagas cuando  comienzan a alumbrar, entró una agrupación nuestra, que era la del finado Will, por la derecha donde estábamos, y no teníamos buena coordinación porque, una, estábamos bien limitados de comunicaciones, de radios, (ahora tenemos muchos, dice, al observar los teléfonos celulares sobre la mesa). No teníamos ni radio suficientes, ni nada. Andábamos uno (radio) por cada diez personas. Entonces, yo recuerdo que tuvimos que atacar a los compañeros, que iban por la derecha. Nosotros disparábamos y ellos también, pero de suerte nadie salió herido, pero sí cruzaban las balas como dice este (se refiere a Násser), en la noche se ven las brasitas, y no salió nadie herido.

- ¿Qué edad tenía Usted y cuál era su experiencia militar a esa altura?
Experiencia militar le podría decir que no tenía, no estaba a cero, pero tampoco tenía mucha. Nosotros teníamos lo básico, como era tendernos, avanzar, podíamos hacer maniobras, cosas así. Pero, valoración en cuanto a capacidad de valorar al enemigo, si nosotros en ese momento podíamos o no avanzar, yo allí estaba mal.
- Pero ya había participado en batallas que se necesita de….
Claro que sí.

- ¿Y cuantos años tenías? (Repregunta Marisol Galindo).
Por Dios, gracias por ayudarme. Andaba por allí por los 18 años. Entre 17 y 18.

- ¿Y Qué pasó cuando llega esa unidad?
Ah, bueno, hasta que nos hablamos y ya coordinamos, y cuando comenzamos a coordinar nosotros entramos en confianza. Además, nos vinieron los mensajes de que venían las otras columnas. Eso nos llenaba a nosotros de valor, y, además, que ya habíamos hecho retroceder al enemigo. Hasta donde retrocedió esa noche, hasta allí se mantuvo, porque el problema que ya ni para allá ni para acá, ni para ningún lado podían ellos.

-¿Estaban copados ellos?
Esa noche se rodearon y continuaron los combates hasta el día siguiente en la mañanita. Ellos comenzaban a moverse y comenzaban los disparos.

- ¿Se puede decir que su unidad es la que inició los disparos contra lo que luego iba a ser la batalla decisiva, por el aniquilamiento, por la recuperación?
Así es. Fue una escuadra. El mando se llamaba Guerrero. Tenemos a un compañero que todavía allí está, en la PNC, se llama William, el era el segundo mando de escuadra. Él me enseñó allí a combatir, porque yo tenía mucho miedo a las balas. Yo me cubría mucho porque…, pues era peligroso, no (todos ríen).

- ¿Y qué fue lo que le enseñó?  
William, parado, en medio del charralito (arbustos y adopta posición de perfil, de lado) que hasta aquí le llegaba (muestra arriba de la cintura), parado y disparando. Y yo decía, y a este no le pegan, a pues, yo me fui enderezando despacio y fui agarrando confianza y no pegaron tampoco.
-¿Y se le quitó el miedo?
¡Jm!. Se me quitó un poco el miedo.

- ¿Qué otras cosas recuerda de esa batalla?
Mire, esas fuerzas enemigas venían en refuerzos de las fuerzas que en San Fernando estaban rodeadas, estaban asediadas por las fuerzas nuestras. Ellos venían en refuerzo. Entonces, cuando nuestros jefes analizaron que ya nosotros teníamos la posibilidad de ganar ese combate, fue cuando se rodearon y pasamos allí alrededor de tres días, dos días de combate, y al siguiente día ya casi era rebusca. Buscando los que se habían logrado escapar. Los muertos estaban regados.
Yo logré llevar al teniente Romero en una bestia (caballo). Yo no participé en la captura de él, pero si me lo dieron, que lo llevara para el campamento y como 45 soldados prisioneros.

- ¿Cuál era la actitud, el comportamiento del teniente Romero?
El teniente Romero, cuando íbamos por el camino le decían los soldados: “Mire mi teniente, tenemos mucha hambre, y decía el teniente, esperen hijos, ya vamos a conseguir comida. Él siempre era tranquilo, pasivo. No se le sentía agresividad, ni irrespeto, nada.

- ¿No participó en la acción de asalto y aniquilamiento?
No, nosotros no participamos en eso. Mantuvimos posiciones, a unos 20 metros del enemigo. Allí quedaron muchos con algodones, gente que la habían estado curando, y quizá del frío y la falta de atención médica murieron. A nosotros nos hacían llegar muchas granadas de mano, bombas de contacto, también eran muy efectivas, talvez por eso han de haber muerto.

- ¿Qué enseñanza le dejó a Usted esa batalla? 
A mi como persona, lo que le conté de William, allí aprendí yo, tal vez una locura, pero, quizás a tener un poco más de valor y que el enemigo no era tan efectivo.
Como movimiento revolucionario fue una victoria que en ese momento, por las condiciones en las que estábamos nosotros, en desventaja, y el ejército nunca había tenido una derrota como esa, para nosotros fue muy importantísima, y eso hacía crecer la moral de cada combatiente, de cada integrante del movimiento revolucionario.
Ellos después de eso lograron movilizar cinco batallones especiales, estuvieron allí por la Planta, de Jocoaitique, la base, y estuvimos combatiendo por cinco días más. Eso es lo que yo recuerdo.

Marisol Galindo
- ¿Estaba ya en el exterior Usted en ese momento?
Sí.

- ¿Qué decían los diplomáticos, sobre todo aquellos que apoyaban la Declaración Franco-Mexicana?
Es que la declaración Franco-Mexicana nace después de esta batalla. Precisamente creo que Mario es el que enfoca el hecho de que había poca expectativa respecto a cual era el futuro del movimiento revolucionario en El Salvador. Dijéramos que el hecho de que se hubieran dado las elecciones que son -la fecha no la recuerdo exacto-, pero creo que son a principio de marzo del 82 (28 de marzo del 82, confirma Mario), que es donde cae el compañero Gonzalo, por eso el nombre de la batalla. Quizá lo importante, es decir que el contexto, era de que ciertamente había desmotivación en algunos sectores de la izquierda, del FMLN en ese momento que, como ya sabemos es la alianza de cinco organizaciones. Había esa como desmotivación, incertidumbre porque durante las elecciones, el planteamiento fue impedir las elecciones y además porque se pensaba de que la población no iba a acudir a las votaciones y lo que se da es que si hay lugares en los cuales la gente sale a votar. Entonces, hay desmotivación.

- Perdón, recuerdo que ya para esa fecha la Comandancia General había lanzado la consigna de crecer, vencer y multiplicarse.
Sí, después de la ofensiva del 10 de enero del 81, hay un repliegue de todo el movimiento hacia las zonas de los frentes de guerra, que no eran todavía, dijéramos, el concepto que después llegó a tener de retaguardia o zona liberada, y el planteamiento era que había que fortalecerse, que había que crecer , que había que defender, pero, después de las elecciones del 82 se da todo ese desconcierto político también y es donde viene todo el planteamiento de que hay que mantener y hay que ganar la ofensiva estratégica de las fuerzas revolucionarias. Ya, a esas alturas, cada organización tenía su estructura, pero, éramos reconocidos como FMLN.
Pero, la manera en la cual dentro del FMLN se marcaba una estrategia a seguir era imponiéndola en la práctica, demostrando que era correcta, que tenía viabilidad y de allí es donde surge todo el planteamiento que Mario y Násser han explicado de concentrar fuerza por parte del ERP y mostrar que era posible ir a la ofensiva, y hacer un golpe tan contundente que lograra el reconocimiento para empezar, cohesionar al FMLN en su conjunto, en torno a un nuevo momento de la guerra, que el mismo ejército enemigo entendiera que estaba enfrentado no a unos pocos de guerrilleros que andaban por allí por el monte viendo como sobrevivían, sino que se estaban enfrentando a una fuerza que era capaz de aniquilar y que a nivel político internacional se reconociera. Y por eso es que después viene el reconocimiento de la fuerza beligerante, por parte del reconocimiento Franco-Mexicano,
Y, si pues, claramente el momento ese que se crea logra todos sus objetivos menos el de que triunfara la revolución derrotando un batallón. Lo que si se produce es un avance en la situación, un mejor posicionamiento de las fuerzas revolucionarias en el país para seguir combatiendo y de hecho en ese momento es que el resto de compañeros del FMLN empiezan también a aplicar el concepto de concentración de fuerzas y también a aplicar desde el punto de vista de estrategia militar propiamente dicho y de táctica el uso de maniobra al enemigo en movimiento, ya salimos de atacar solo posiciones fijas y se crea un nuevo momento, que también tiene su agotamiento.
Porque todas las modalidades estratégicas de combate tuvieron en un momento determinado un agotamiento y la gran riqueza del FMLN estuvo en saber en cada momento definir cual era la estrategia que tenía que seguir para hacer lo que estábamos haciendo, que era estar alzados en armas para cambiar la realidad político, social y económico que tenía este país, y, sobre todo, terminar con la dictadura militar.

“¿Porqué Lucha el FMLN?”
Hoy hablábamos con Mario de un famoso documento que se llamó “¿Porqué lucha el FMLN?”, porque, por momentos como que en medio de una guerra se presenta esa confusión o esa pérdida de la perspectiva o no se tiene unidad en torno a como seguir avanzando; entonces, este momento, para contestarte tu pregunta inicial, o sea, qué significa la batalla del Moscarrón dentro de la revolución salvadoreña, es precisamente dar un giro en un momento de avance no en lo militar, porque si es cierto capturamos no se cuantos soldados, cuantos fusiles, pero lo más importante fue que se siguió avanzando en el proceso, y a nivel internacional, aunque lo principal que hacíamos era el trabajo de organización y aglutinamiento de la solidaridad internacional, pero también teníamos participación en la discusión global política de las estrategias que se iban a impulsar y estaba claro para donde era que apuntaba la movida y fue una movida adecuada porque nos pusimos en el tablero del proceso en un posición de avanzada.

3. ¿Se arrepienten de haber participado en el proceso? ¿qué enseñanza les dejó la guerra? Hoy que son civiles, ciudadanos.

Arnoldo
Yo la guerra la siento como una escuela, porque realmente se aprendió mucho, se aprendió a convivir con todos los compañeros. Porque aquí se convivió como familia. El dolor de uno era de todos y si una tortilla hallaban se repartía entre los que estuvieran. Esa hermandad nos mantuvo mutuamente a uno, todo lo que fue el proceso de guerra.
Y arrepentirse, yo creo que en este momento quizás no nos arrepentimos todavía, porque seguimos luchando, porque la revolución no la hemos alcanzado como la queríamos, porque hemos llegado a un proceso, pero falta todavía para modificar todo lo que nosotros queremos, porque realmente no nos hemos sentado todavía en la realidad que queremos como pueblo salvadoreño, porque la democracia que nosotros buscábamos en ese entonces no se ha dado todavía. La guerra fue una escuela, yo soy analfabeta, no sé escribir nada, pero aquí aprendí mucho, y lo he hecho en la práctica.

Ventura
Yo creo que arrepentirse uno por lo que ha hecho en un proceso como el que nosotros vivimos, por un periodo de 12 años, no. Lo he dicho y lo digo, que son tres fases bien fundamentales, siempre me gusta hacer una reflexión: Uno es cómo vivía este país antes de la guerra, (dos) y cómo vivimos nosotros durante la guerra y lo que aprendimos durante la guerra, (tres)  y lo que hemos logrado visibilizar después de la guerra.
Y yo de arrepentirme porque haya dejado la fuerza de mi juventud en la guerra no me arrepiento. Pero, hay una cosa bien fundamental, y yo digo, Dios sabe el porqué a lo mejor la guerra no se logró en su totalidad, tal y como en aquel entonces fue nuestra visión. Porque todos los compañeros y compañeras que dieron todo, lo que fue la vida durante la guerra, pues, ellos vivieron con una visión en el cumplimiento de una misión y todos nosotros que de alguna u otra manera tuvimos que enfrentar diferentes circunstancias durante el conflicto armado, pues definitivamente también nos damos cuenta. Yo digo, hubieron cambios, indiscutiblemente que sí, de eso hay mucho que hablar, pero que, aunque yo hasta este momento no haya recibido ningún beneficio porque anduve en la guerra, no lo hice por eso, pero he visto el sistema cómo fue y cómo está siendo todavía. Nosotros, durante la guerra fuimos preparados en el campo político, en el campo ideológico, en el campo militar y en el campo espiritual. Para los que creemos y confiamos en Dios. Pero, como la injusticia ha existido y existe siempre, definitivamente, nos queda bien clarito como la luz del día: la explotación y la injusticia ha existido y existe. Pero que yo me voy arrepentir porque anduve en la guerra no.  

Mario
Arrepentirme, no. Porque, puedo agradecer que estaba la época donde yo estaba en mis ideas revolucionarias. Se dio un momento revolucionario en toda América Latina y estar yo en esa época también siento un privilegio estar en ese momento.
No puedo pasar por alto la educación de mi familia. La conducción de mi padre y mi madre. Una pareja de personas muy solidarias, que eso permitió poder expresarlo en el espíritu revolucionario que se fue construyendo en mi para aportar en la transformación social, tanto de Nicaragua como en El Salvador. Y aquí estar en un proceso que se prolongó por doce años, y déjenme confesarle algo, que cuando yo me vine para El Salvador, veníamos solamente por tres meses, porque iba a ser rápido el cambio, la insurrección, la toma del poder. La realidad nos prolongó doce años y no me arrepiento.
Primero, porque, siempre lo he dicho, he aprendido mucho en la práctica, como dice Ventura (quiso decir Arnoldo), y lo he aprendido de esta sociedad, de este grupo social de campesinos de Morazán y con muchos compañeros de diferentes niveles y estratos sociales del ERP, y con ellos yo me he identificado toda mi vida y pienso que lo que uno aprende y lo que uno vive es lo que es. Y aquí estoy por eso, porque creo que el papel que desempeñamos en este proceso fue importante, los logros que hicimos tal vez no con la utopía con la que entramos a la guerra, de querer alcanzar totalmente el triunfo, que por ratos me pregunto que si fue mejor que no ganáramos la guerra militarmente, porque ya es otra situación de más profundidad el análisis, ya que en este proceso se dieron cosas muy adelantadas, y muy difíciles, pero valió la pena. Y no simplemente por lo que estamos narrando hoy, sino porque valió la pena el sacrificio de tantos compañeros, mujeres y hombres que se murieron, que quedaron a lo largo y ancho de este país. A esos les debemos este proceso y creo que si nosotros intentamos ser revolucionarios todavía tenemos tiempo de seguir como decía Arnoldo, de seguir en este proceso de cambios de la sociedad. Claro, de otra trinchera, pero con la misma visión de transformar la sociedad.
Yo siempre he diferenciado una cosa, que tal vez puedo diferir de algotras personas, pero para mi no es lo mismo ser de izquierda que ser revolucionario, son dos cosas muy diferentes. Porque de izquierda cualquiera puede ser, pero el escalón de ser revolucionario tiene otro mérito más alto.  Pero para mi valió la pena.

Carlos
De arrepentimiento yo, creo que nosotros no tenemos nada. Nosotros estamos agradecidos (de) la época que nos tocó vivir y lo que aprendimos, porque aprendimos mucho a querernos. Fue toda una escuela en la que nosotros entramos y crecimos y eso creo que solo se puede terminar cuando termine lo que hay que hacer en este país. Hay muchísimo.

Násser
La verdad es que tu pregunta es una pregunta que ya pierdo la cuenta de cuantas veces me la han hecho. A veces en entrevistas, a veces en conversatorios como este, a veces en la universidad y en otros eventos, pero es una pregunta que siempre surge.
Y yo les digo sencillamente: ¿De qué me puedo arrepentir? O sea, no tengo nada de qué arrepentirme. Me siento dichoso, primero de estar vivo y me siento orgulloso de haber estado en el lugar que me correspondía estar.
Y más allá de eso me siento orgulloso también de haberme graduado en una de las universidades más íntegras que fue la guerra durante doce años. Aprender a sentir miedo en todo momento, aprender a sentir dolor, sufrimiento, hambre.

- ¿Cuál fue tu momento más doloroso en la guerra?
Está yuca esa pregunta de nuevo. Ya me la hicístes dos veces. Un momento difícil de sacrificio es para mi, cuando fuimos a atacar la tercera brigada de infantería en el 83, en San Miguel, porque, quizá no a todos nos tocó igual. Eso es lo bonito que en esto cada quien puede narrar desde su vivencia. Antes de llegar a San Miguel, hicimos un enorme sacrificio de 29 días solo de combates, de caminatas, de desvelo, de hambre, de todo. 29 días de sacrificio. Durante la época de la BRAZ, ese es para mí el más difícil. Luego para la ofensiva del 11 de noviembre (1989), enorme sacrificio, al grado tal que, yo recuerdo que fui,  con mi gente, los últimos que venimos a esta zona, porque yo aquí vine hasta el propio 24 de marzo del 90 (1990), desde el 12 de octubre (1989) que salí de acá.
Y yo llegué a considerar , cuando andábamos allá por la zona oriente de San Miguel, por unos grandes arrabales allá por Yayantique, Yucaiquin, Uluazapa, Comacarán, que nunca habíamos conocido, y rodeados de patrullas enemigas por todos lados, con siete heridos de camilla, sin comer tres, cuatro o cinco días, sin tomar agua.

- ¿Cuánta gente llevabas?
Éramos 190. Porque la misión era mantenernos en la zona, ya sea mantener presencia, trabajo político o atacar al enemigo, desgastarlo. Yo llegué a considerar, con el personal, que los verdaderos revolucionarios estaban allí. Que inclusive, la época de la BRAZ, para mi era un capítulo demasiado chiquito, demasiado pequeño, para ese enorme sacrificio que en ese tiempo se estaba haciendo. Porque en la época de la BRAZ, y ellos no me dejarán mentir, para nosotros fue de victoria tras victoria. Aquí podemos amanecer narrando batalla tras batalla, y en cada una de esas batallas teníamos bajas pero eran victorias desde: Jocaitique, Cacaopera, Corinto, Alto El Ahuacate, Cacahuatique, Ciudad Barrios, Sesori, Nuevo Edén de San Juan, Tercera Brigada, bueno, infinidad, y solo fue de victorias. Mientras que, todos los que llegaron al período de la ofensiva habíamos tenido que pasar por situaciones tan difíciles, como yo les cuento, anoche nada menos estábamos haciendo unas reflexiones del 85 (1985), cuando nos metieron por primera vez…fue la segunda escalada de intervención norteamericana, cuando  nos zampan una flota de roqueteros y Hudges 500 hasta decir ya no. Esos hijos de puta se daban el lujo que aquí tiraban el grupo de soldados, los levantaban y cuando sabían que íbamos más adelante los tiraban más adelante y teníamos que salir para acá, los levantaban de allí y los ponían adelante. Una mierda difícil.
Y les cuento la anécdota de que Sabinón me dijo: “Hoy sí, hoy si perdimos la guerra” (ríen). Sí, una tarde como esta (se refiere a la lluvia intensa que cae). Y porqué, le digo a Sabino, “Puta, yo me organice porque Goyo Negro andaba aquí (Goyo el de San Vicente, les aclara y asiente Arnoldo) y Goyo está en la Cuscatlán (Radio del Ejército) llamándonos que nos rendimos porque ya la guerra ya la perdimos. Y yo ese es el hombre al que a mi me organizó. Yo hoy si siento que hemos perdido la batalla”. Y le digo: Hijuelagranputa, vos cagado y creyéndole a ese hijo de la gran puta, le digo yo. Mirá, a Licho (máximo jefe operativo del ERP en la zona, después de Jonás) lo pueden matar, a Jonás lo pueden matar, a Joaquín Villalobos lo pueden matar, o se pueden rendir, y yo no ando siguiendo ideales de ninguna persona, sigo ideales propios. Esa es mi convicción, no me arrepiento.

Marisol
Yo no soy una persona, que veo mucho para atrás, o sea, en términos de plantearme de que si hubiera sido así o si hubiera sido allá, sino que para mi la vida es la vida. Uno tiene un pasado, presente, y puede llegar a tener un futuro. Esa es mi visión de vida, por supuesto, no me arrepiento  a lo que dediqué mi vida. Tampoco rechazo lo que se logró. Pienso que es bastante de lo que teníamos planteado y pienso de que fue objetivo el final, era la correlación de fuerzas nacional e internacional la que mandaba. Entonces, las decisiones que se tomaron, creo yo que fueron las acertadas para salir de esa etapa en una situación favorable. Porque tendríamos que referirnos a otros lugares y a otros movimientos de liberación que han tenido otro tipo de finales, pues, o de situaciones. Entonces, no tengo esa nostalgia, dijéramos, que en algunos casos si se presenta y total respeto, pues, al que piensa de que no debió haber sido así. Pienso que son, como decía Násser, son posiciones personales que no tienen mucho que ver con lo que otro piensa, porque al fin y al cabo uno es persona y eso es lo que define, verdad. Entonces no, no me arrepiento tampoco. Para nada.


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