Zoraya Urbina
Redacción Diario Co Latino
Jóvenes de comunidades en riesgo tienen esperanza de cambiar sus vidas e incidir en la sociedad, gracias al Programa Jóvenes Constructores El Salvador.
El Programa es coordinado por Catholic Relief Services (CRS), entidad que está en el país desde 1967; cuenta con el financiamiento de USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y es implementado a través de Fe y Alegría, un movimiento internacional de educación popular y promoción social, y la Fundación Quetzalcoatl, que trabaja con jóvenes en situación de alto riesgo y violencia.
Mediante el programa se forma a los jóvenes para que sean agentes de cambio en sus vidas, familias y comunidades, y se busca que estos se inserten de manera productiva y para que con su ejemplo hagan un cambio positivo en la sociedad salvadoreña, dice Balmore Córdova, de CRS.
El programa acoge a jóvenes en las edades comprendidas entre los 16 y 25 años, indica. Todos tienen que haber concluido el sexto grado, tiene estar desempleados y fuera del sistema escolar, de bajos ingresos económicos y que están expuestos a la violencia, explica Mauricio Barrios de la Fundación Quetzalcoatl.
Roberto Carlos, uno de los primeros beneficiados con el programa en la Comunidad Atlanta, en Mejicanos, indica que Jóvenes Constructores cambió su vida. “Aprendí que todos somos seres humanos, que conversando es como podemos entendernos, todos podemos cambiar si de verdad queremos hacerlo, si se puede se logra”, destaca.
“Jóvenes Constructores está basado en el modelo de YouthBuild, una iniciativa para la construcción de habilidades, liderazgo, autoestima, relaciones, capacidades, activos comunitarios, y “empleabilidad” a través de la creación de proyectos de vida de los jóvenes de forma individual y colectiva. Actualmente se implementa en seis sedes pero los jóvenes provienen de más de 50 municipios del país”, informa el CRS. Una de las sedes funciona está en la colonia 10 de octubre, San Marcos, que es considerada de alto riesgo.
Ahí, los muchachos reciben una formación completa: desde herramientas para hablar en público, cómo presentar un currículo, cómo ser más preactivos, hasta los cursos de panadería, cosmetología, mecánica, entre otros. Las otras sedes, están en Soyapango, Mejicanos y en el resto del país.
Estela Maritza, de 29 años, es madre de tres niños, en el curso anterior, recibió el curso de panadería, ahora vende pan dulce en la iglesia y a sus conocidos. “Mi objetivo es tener mi panadería, que sea más grande, ya tengo lo esencial, el horno, el tiempo y las ganas, esta es una gran oportunidad”, dice esperanzada.
De acuerdo a datos de CRS, desde marzo de 2010 a diciembre de 2011, un mil 713 jóvenes en riesgo se han formado completando su capacitación el 83.2%. Poco más de la mitad (54.8%) de los participantes han conseguido insertarse luego de finalizar el programa y 43.6% han conseguido entrar en alguna actividad productiva, empleo o microempresa, convirtiéndose en líderes.
Tal es el caso de Rosy, quien después de capacitarse, consiguió un empleo en una sala de belleza, gracias a la gestión de empleo del CRS, que es parte del proyecto. Andrea Pineda, gerente del lugar, asegura que las recomendadas del programa son responsables, con iniciativa y con muchas ganas de trabajar.
“Yo doy fe de que vienen bien preparadas, son personas que muestran gran entusiasmo y compromiso por su trabajo, estas niñas, sí tienen ganas de trabajar y por eso les damos la oportunidad, porque creemos que este tipo de proyectos sí son importantes y valen la pena”, indica.
Esa transformación se logra gracias a los esfuerzos de los equipos multidisciplinarios, la metodología integrada, la apertura de más de 180 empresas y sobre todo, la decisión de los jóvenes de asumir la responsabilidad por su futuro, dice Balmore.
“Lo que nos motiva para trabajar son los jóvenes, cada vez que los veo, recuerdo que asumí un compromiso para trabajar por ellos, porque sé que pueden dar lo mejor de si mismos y transformar la sociedad”, concluye.



