Alma Vilches
Redacción Diario Co Latino
A sus 69 años Alejandra Gómez todavía lucha por subsistir como si estuviera en las mejores épocas de su vida, cansada por cargar con el peso de los años, no pierde la esperanza de encontrar lo que necesita para mejorar su condición de vida.
Sencilla y con la amabilidad característica de quien piensa que las cosas pueden mejorar, nos recibe en su hogar, construido con pedazos de láminas, plástico, cartón y otras cosas que le son útiles para rellenar alguno de los muchos agujeros de las paredes y techo.
Tranquilamente, y con cierto quebranto en su voz, explica que desde la muerte de uno de sus hijos su condición de vida empeoró, ya que este era su principal apoyo para sobrellevar las calamidades de la precaria situación de vida.
Desde entonces ha intentado buscar alguna forma de ganarse la vida, pero la sabiduría de sus años no es suficiente, necesita la fuerza de su juventud para convencer a cualquier incrédulo que es capaz de desempeñar alguna sencilla tarea, con la que pueda obtener algunos dólares para alimentarse.
En algún tiempo, Gómez se dedicó a la elaboración de pan, oficio que ahora ve lejano, por lo que añora poseer el dinero suficiente para comprar un pequeño horno y dedicarse nuevamente a deleitar a sus vecinos con el sabor del pan.
Cuando entra a lo que llama cocina, sus sueños se derrumban, sus precarias condiciones la hacen volver a su realidad de manera abrupta, por lo que solo le queda resignarse y preparar sus alimentos en una improvisada hornilla de leña.
“Aquí no hay un pedacito bueno, toda la lámina está arruinada, como no era de buena calidad, rápido se echó a perder, por el humo que hago es que se logran tapar los hoyitos de las láminas”, explicó la afectada.
Gómez dijo que viven momentos de angustia cada vez que llueve intensamente, ya que el lugar en que habita desde hace 12 no cumple con las condiciones adecuadas, pues está construida a las riberas del río Acelhuate, en la comunidad Gallegos II, en San Salvador.
No solo le preocupa salvar su vida, sino también la de su bisnieta de apenas unos meses de edad, que sin saberlo es una fuente de vitalidad que inyecta nuevas energías a las décadas de vida de la preocupada mujer.
Según Gómez, en un buen día, su nieto a penas logra ganar unos tres dólares en la recolección de materiales reciclados, por lo que no puede exigirle dinero para reparar alguno de los muchos problemas de su casa, ya que también debe llevar el sustento a la pequeña niña.



