Texto Zoraya Urbina
Fotografía Karla Miranda
Redacción Diario Co Latino
Los peces “cuatro ojos” nadan, casi corren sobre el agua, en loca marcha de un lado a otro, mientras dos muchachos recogen sus trampas para contar los cangrejos azules atrapados. El ambiente caluroso marca la proximidad del mediodía. Niños buscan conchas o curiles, punches; jóvenes almacenan en sus lanchas los peces seducidos por las carnadas; hombres y mujeres buscan alimento o insumos para vender y subsistir.
El manglar de Garita Palmera, en San Francisco Menéndez, Ahuachapán, (en el occidente de El Salvador) es el escenario donde interactúa este variopinto grupo. En su seno alberga exuberante biodiversidad... sobreexplotada.
Allí crecen las especies de mangle Rhizophora o mangle rojo, el Avicennia Nitida conocido como Istaten, el botoncillo, entre otros. Pero este bosque de mangle manglar desaparece poco a poco víctima de la tala indiscriminada y con él la biodiversidad que alberga.
Como respuesta a este acuciante problema, las comunidades Bola de Monte, El Tamarindo, Garita Palmera y Botoncillo, iniciaron un proceso para proteger el bosque salado que, entre otros beneficios, los provee de alimentos y les sirve de barrera natural contra las olas y los vientos que podrían destruir fácilmente sus casas.
Los pobladores son apoyados por la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES), en coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y la alcaldía del lugar, explica el técnico Carlos Flores.
La preservación del manglar es parte del proyecto regional con la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), “Gestión del agua para la adaptación al Cambio Climático”.
A principio de año, la UNES presentó un estudio realizado a fines de 2011, por el investigador César Funes Ábrego, el documento reveló que la tala excesiva que de las comunidades para obtener madera y leña es la responsable de la deforestación el bosque. Flores dice que son unas 100 hectáreas las que se han talado en los últimos años.
Añade que son alrededor de 20 comunidades, las que se ubican cerca del manglar, pero las más afectadas si desapareciera el ecosistema, serían las cuatro mencionadas, esto afectaría la vida de casi ocho mil habitantes, entre niños, jóvenes y adultos.
Otro de los problemas del manglar, es que buena parte de sus suelos se han usado para la agricultura, sembrados de caña de azúcar, maíz y plátano donde antes habían grandes cantidades de mangle.
“Mire si hasta una cancha de fútbol han hecho”, señala un lanchero para llamar la atención sobre el improvisado espacio, aledaño a una plantación de caña.
El técnico de la UNES explica que previo al proceso de concienciación de los pobladores sobre la importancia del bosque salado para su vida, las comunidades no estaban organizadas, por lo que no podían coordinar acciones en defensa del manglar.
Además, no existían políticas nacionales de Medio Ambiente y el Gobierno no estaba comprometido en la protección de los recursos naturales del país, explica Nelson Arévalo, del MARN. “Ahora se trabaja para evitar que los efectos del Cambio Climático impacten en el Medio Ambiente, estamos conscientes que todo lo que hacemos impacta nuestro entorno”, dice.
”Cualquiera llegaba y cortaba los árboles y como no teníamos fuerza, no podíamos hacer nada”, ratifica Mauricio Lemus Polanco, de la comunidad El Tamarindo. Por eso, para defender su ecosistema, las comunidades se comprometieron a protegerlo.
Con seriedad absoluta, más de cien personas, entre hombres y mujeres, levantaron su mano derecha y juraron proteger el manglar.
“Este es el comité de protección del manglar, que tendrá que realizar diversas acciones para asegurarse de el bosque salado ya no será explotado”, indica Flores.
Dragar canales, sembrar más mangle en varias manzanas del bosque que está deforestado, proteger a los animales que no hayan alcanzado su vida adulta y evitar la tala de los árboles, son algunas de las medidas que tendrá que implementar el comité, que está apoyado por la Policía Nacional Civil de la zona, explica Lemus Polanco.
“Esto es importante por las generaciones que vienen tras de nosotros, quizás no disfrutemos de lo que ahora vamos a cuidar, pero vienen más personas, niños que serán los adultos del mañana, por ellos protegemos lo que están tan deteriorado”, afirma Carmen Díaz, del Botoncillo.
Concurso “Rio Paz es vida, refugio y comida”
Otra de las actividades que recientemente impulsó la UNES, como parte del proyecto “Gestión del Agua para la Adaptación” fue la organización de un concurso de dibujo para que los alumnos de los centros escolares del municipio, cerca del rio Paz, tomen conciencia sobre la importancia del afluente para la comunidad, dijo Virginia Barrow, de la UNES.
“En el río paz hay peces, tortugas, hay animales que también tienen derecho a vivir, así como los humanos “, dijo Javier Alexander Marroquín Calderón, al explicar la importancia de proteger la biodiversidad del río.
Hubo cinco ganadores, y 15 menciones honoríficas. Francisco Rodríguez, de la alcaldía de San Francisco Menéndez, felicitó a los participantes que demostraron con su arte y creatividad la importancia de cuidar el Medio Ambiente.
“No fue fácil seleccionar entre los más de 500 dibujos que mandaron, se revisaron las técnicas, las edades de los niños; para seleccionar cada uno, se justificó las razones de por qué se escogían los dibujos”, indicó.
Parte del trabajo para proteger el manglar ya comenzó, los pobladores, la alcaldía, Medio Ambiente, la Policía y la UNES ya dieron los primeros pasos, el tiempo dirá si el esfuerzo valió la pena.