Seguidores del arzobispo mártir Oscar Arnulfo Romero, colocan flores al conmemorar el natalicio del pastor.
Bianca Segura
Redacción Diario Co Latino
«Jesús se despojó de su carne y de su sangre para entregárnosla a nosotros. Como él, nosotros estamos invitados a despojarnos para darle a los demás y pensar en ellos», afirmó el padre Gerardo Poter, párroco de la Iglesia El Rosario, durante la misa que se celebra en la cripta de Catedral Metropolitana.
Durante la liturgia, el sacerdote insistió que pensar en los demás es la única vía para lograr los cambios que queremos en la sociedad.
«Estamos llamados a pensar en cómo podemos contribuir al Reino de Dios y trabajar por un verdadero cambio», insistió.
Ante un sistema económico que excluye a los demás y donde prevalece “el amor a sí mismo antes que el amor al prójimo”.
El prelado afirmó que es necesario que los feligreses piensen en el otro desde un enfoque humano, “como Jesús hace con nosotros a través de su palabra. De lo contrario, no se realizarán los cambios para realizar una sociedad más justa”.
El párroco explicó que el «despojo» que Jesucristo realiza de su cuerpo y de su sangre se ve reflejado en la eucaristía. La eucaristía es el símbolo de que Cristo se encuentra en lo humano y lo divino , donde Él se convierte en una inspiración para que los feligreses continúen su misión de vivir y actuar en servicio de los valores del Reino de Dios.
En la celebración de la eucaristía se recordó el 95 aniversario del natalicio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, uno de los personajes más queridos por el pueblo salvadoreño.
Monseñor Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, San Miguel. Con tan solo 13 años, Romero ingresó a la vida eclesial en el Seminario menor de la Ciudad de San Miguel.
Más tarde, estudió en el Seminario de San José de la Montaña, en San Salvador. En 1942 fue ordenado sacerdote, a la edad de 24 años y, un año más tarde, fue nombrado párroco de Anamorós, Departamento de La Unión.
En 1977 fue nombrado Arzobispo de San Salvador por el Papa Pablo VI. En ese cargo, Monseñor Romero conoció la crueldad de grupos de seguridad contra los civiles e inocentes y las injusticias en un país marcado por las desigualdades económicas y sociales.
El asesinato de sacerdotes y de feligreses fue lo que le impulsó a Romero a convertirse en la voz de los pobres y de los más vulnerables, a través de sus homilías.
A causa de sus homilías y la defensa del pueblo, Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa en el Hospital de la Divina Providencia el 24 de marzo de 1980, a manos de un comando de los Escuadrones de la Muerte. Sin embargo, su legado y sus enseñanzas se estudian y se trasladan de generación en generación.
En la semana, varias organizaciones religiosas y sociales celebraron el aniversario de su natalicio con distintas actividades.



