MADRE: Doctor, no sé qué le pasa a mi hijo... no habla.
LOCUTOR: A los sicólogos infantiles no les falta trabajo. Sus consultorios están llenos de papás y mamás llevando a sus varoncitos. Pocas niñas o ninguna veremos en esas salas de espera.
LOCUTORA: Las niñas empiezan a hablar antes que los niños. A los tres años, tienen el doble de vocabulario que un niño de la misma edad.
NIÑA: ¡Es que somos más inteligentes!
LOCUTOR: No es cuestión de mayor o menor inteligencia, sino de dominio verbal. Las niñas tienen más facilidad de palabra. Construyen frases más largas. Cometen menos errores.
NIÑO: (TARTAMUDEANDO) Te... te... di... di...go...
LOCUTORA: El tartamudeo y la dislexia son cuatro veces más frecuentes en los niños que en los niñas.
NIÑA: ¡I’m a leader in my school!
LOCUTOR: Las niñas aprenden lenguas extranjeras más rápida y fácilmente que los varones.
NIÑA: Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal. ¿Cuál de los tres tristes tigres tragaba más? (RISAS)
LOCUTORA: A ellas les gustan los juegos de palabras, los trabalenguas, inventar historias y hablar con personas mayores. Hacia los doce años destacan en gramática, ortografía y comprensión de lectura.
LOCUTOR: Si le preguntamos a nuestra hija adolescente qué tal estuvo la fiesta de anoche, nos relatará con detalles lo ocurrido, qué música bailaron, qué vestidos llevaba la gente... Si le preguntamos a nuestro hijo varón, éste contestará:
CHICO: Ah... Estuvo bien.
LOCUTORA: No hay duda. Las mujeres son más locuaces y expresivas en todas las latitudes, en todas las culturas.
LOCUTOR: Esta diferencia radica en el cerebro. La configuración del cerebro femenino es distinta al masculino. Para hablar, las mujeres utilizan ambos lados de la corteza cerebral, ambos hemisferios. Los hombres, no. Apenas pueden usar el lado izquierdo.
LOCUTORA: El cerebro de la mujer está mejor integrado que el del varón. Esto fue así desde los albores de la Humanidad.
LOCUTOR: Los hombres no evolucionaron para ser comunicadores, sino cazadores. Persiguiendo a un bisonte o a un mamut, utilizaban señas. Se sentaban silenciosos a observar la presa durante horas.
LOCUTORA: Las mujeres, por el contrario, hablaban constantemente con sus crías. De ellas dependía el desarrollo del lenguaje en los recién nacidos. Hablaban entre sí durante la recolección de alimentos. Hablaban con sus compañeros silenciosos cuando regresaban de las largas cacerías. Eran las señoras de la palabra.
LOCUTOR: La palabra es el logro supremo de la Humanidad, su característica distintiva.
LOCUTORA: Un logro conquistado por las mujeres y entregado, como el mejor de los regalos, a toda la especie humana.
BIBLIOGRAFÍA
Allan y Barbara Pease, Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas, Amat, Barcelona 2000.



