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Martes, 14 de Agosto de 2012

Opinando sin política N° 699

Eduardo Badía Serra

¡Punto y seguido! ¿Se acuerda usted, estimado lector, de “La caldera del diablo”? Esa vieja novela televisiva duró, si mal no recuerdo, bastante más de un año. ¿Y se recuerda de “Chica italiana viene a casarse”? Esta, probablemente alrededor de un año. María la del barrio por allí anduvo también. Betty la fea quizá un poco menos. Bien, nosotros, en nuestra novela nacional, probablemente podamos pelear por esos record, compensando un poco el que no hayamos ganado nada en los Olímpicos; pero la diferencia es grande: Antes, el placer de ver la belleza única de Lana Turner y la simpatía inmensa de Angélica María y de Thalía, así como la atorrante presencia de esta Betty, que en el fondo no era tan fea, compensaba la dedicación y el tiempo. En nuestro caso, ya no queremos saber más de nuestros “magistrados” nombrados en abril y de nuestros diputados. Seguramente hay diferentes opciones en la televisión y en los medios para dedicarnos a ellas y olvidar ya ese penoso acto de bochorno al cual hemos estado sometidos, y así continuamos, por tanto tiempo.
Seguimos dando vueltas a la rueda, como en La casa que Jack construyó y en Estaba la rana sentada  cantando debajo del agua. No caminamos, o más bien caminamos sin avanzar, siempre retornando al mismo lugar, gastando esfuerzos y recursos que nos son tan caros y limitados. Pero así andamos, como el burrito aquel que daba dos pasos para adelante y otros cuatro para atrás. Y en el fondo, sabemos dónde estamos pero no cómo estamos. Eso me recuerda aquel famoso gato de Schrodinger. Erwin Schrodinger es uno de los físicos más notables que ha existido dentro de la nueva ciencia. Es el creador de la famosa Ecuación de Onda, una de las ecuaciones en la física moderna de más fácil comprensión pero de más difícil solución. Schrodinger, austríaco, premio Nobel en 1933,  sucesor de Max Planck en la cátedra de Física de Berlín, y también uno de los más connotados filósofos del siglo XX, a raíz de la controversia existente en torno a la dualidad onda-partícula escribió su famoso experimento, conocido, como he dicho, como El gato de Schrodinger. Este gato es un gato que, como en nuestro caso, se sabe dónde está pero no cómo está. La probabilidad científica es que esté medio muerto y medio vivo, o mejor aun, que esté muerto pero también que esté vivo. La verdad es que El gato de Schrodinger  constituye en sí uno de los tantos misterios de la ciencia. Lo describo de manera simple: Se coloca un gato dentro de una caja cerrada, de cuyo interior nadie puede ver nada desde afuera, junto con un átomo que tiene un 50 % de posibilidad de desintegrarse y matar al gato, (o, a veces, con un dispositivo que activa un arma que dispara una bala que mata al gato). El observador externo sabe que adentro hay un gato junto a un dispositivo que lo puede matar, pero no sabe si está vivo o está muerto pues nadie que esté afuera puede saber si el dispositivo se activó. La interpretación pasa por el uso de los llamados estados cuánticos, y como el principio de superposición indica que si el mundo puede estar en un estado A y también en un estado B, también podrá estar en un estado que sea la combinación de ambos, luego entonces el gato puede, o bien estar vivo, o bien estar muerto, o estar vivo y muerto a la vez. 
Bueno, pues eso es un poco lo que nos pasa a nosotros, la gente de la calle, la sociedad civil. Desde afuera, no podemos ver nada de lo que pasa en esa misteriosa y secreta caja en donde nuestros átomos radioactivos están discutiendo el futuro de la Nación. No sabemos si la Nación, (en este caso, el gato), sigue viva, o está ya muerta, o si también está a la vez viva y a la vez muerta. Como las reuniones son secretísimas, la caja es hermética, y esta contiene un  solo gato con numerosísimos átomos radioactivos que pugnan por ver quien se desintegra primero y mata al gato, yo pienso que este nuestro pobre gato ya está más muerto que Juan Charrasqueado. Sin embargo, esperemos……..a lo mejor sigue vivito y coleando. El problema es cuánto deberá esperarse para saberlo, porque al paso que va el asunto, superaremos el record de La Caldera del Diablo, o al menos el de Chica italiana viene a casarse, o el de María la del barrio, o ya de perdis, el de Betty la fea. Decía Shakespeare que el desdichado no tiene otra medida que la esperanza; pero Heráclito nos da un poco de fuerza cuando afirma que sólo con esperanza se encuentra lo inesperado.
Punto y aparte: ¡Qué bien por México! Campeones olímpicos de balompié. ¡Qué cosa para estar alegres! La selección mexicana demostró, además de su innegable gran calidad futbolística, una extraordinaria garra y un orgullo nacional que han sido ejemplo para todos. Derrotó a los mejores del mundo, y se lleva una presea que enaltece a ese país hermano pero también a toda Centroamérica, pues la Concacaf, después de este triunfo, ya no será la misma, dado que también Honduras, otro de sus miembros, desarrolló una encomiable labor, siendo reconocido su equipo como uno de los mejores de la justa olímpica. ¡Bien por México! ¡Bien por Honduras!
Bueno. He cedido la palabra a Erwin Schrodinger, ese gran filósofo místico y a la vez enorme físico, con su gato de Schrodinger, que, aunque parezca contradictorio, está vivo, pero también está muerto………..¡como nosotros! Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga mente para comprender, que comprenda.
Pueblo, ¡rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡levántate y anda!
¿De política? ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando si Co Latino me lo permite.




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