Miriam Murcia se realiza el examen para detectar si padece algún tipo de alergia.
Texto y Fotos: Rodrigo Sura
Redacción Diario Co Latino
Cuarenta y tres pequeños frascos simétricamente ordenados, algunos de ellos etiquetados cual especímenes de un insectario: cucaracha, zancudo, etc. El resto de la mesa la complementan una pequeña aguja, un gotero y una computadora. Miriam Murcia observa intrigada. “No se preocupe, tranquila, en cuestión de 30 minutos sabremos el resultado”, le dice con voz suave y una sonrisa Marlon Ochoa, alergólogo del Hospital Rosales. La prueba para diagnosticar si el paciente es alérgico ha comenzado.
El Dr. Ochoa define a las alergias básicamente en “enfermedades que tiene un fuerte componente hereditario, es decir, una predisposición genética y se desarrolla al formarse defensas de la alergia a componentes del ambiente que son inofensivos o inocuos llamados alérgenos, que son pólenes o polvos de plantas, árboles, grama, epitelios de animales de pelo y plumas, insectos, mohos de la humedad y los cuales sirven para determinar si una persona es alérgica y , sobre todo, a qué le provoca dicho padecimiento”
Una alergia puede afectar las vías respiratorias, nariz, garganta, bronquios, ojos y la piel. Entre los síntomas se encuentran los estornudos, congestión y secreción nasal, dolor facial; rinitis alérgicas. En casos que afecte o se localice en la piel serán urticarias, eczemas, dermatitis atópicas y en los ojos están lagrimeos, picazón y conjuntivitis alérgica”
Cada uno de los 43 frascos contiene un alérgeno y es la prueba de rigor para diagnosticar si un paciente padece alergias y determinar qué la provoca. Miriam, quien ha viajado desde Chalatenango, hace su segunda escala en un hospital, viene referida del Hospital Nacional de dicho municipio del norte del país. Es de mencionar que dentro de la red pública de salud solo San Miguel y San Salvador cuentan con unidades de alergología y se estima que en El Salvador hay un alergólogo por cada 50.000 habitantes. El Hospital Nacional Rosales cuenta con dos.
“Relájese, iniciaremos el examen”, dice el médico. Se trata de la prueba de punción. Sobre el brazo derecho de Miriam se colocan con el gotero una gota de cada alérgeno, con la aguja se realiza un leve pinchazo sobre cada gota, luego hay que esperar unos 30 minutos para ver el resultado. Miriam debe esperar fuera del consultorio, la lista de espera es de cinco pacientes más. El nosocomio registra pacientes de primera consulta (por alergia) en un aproximado de 600 por año y atención a pacientes ya diagnosticados entre 3.000 a 2.500 anualmente.
Es el turno de María Guadalupe Nájera, quien no puede ocultar su nerviosismo al ver los frascos y la aguja. El doctor Ochoa coloca las gotas de alérgenos y procede a la “prueba de punción”. No transcurrieron ni 10 minutos de finalizada la prueba cuando aparecieron alteraciones en el brazo derecho de María.
“María, dos de los alérgicos colocados dan muestra que usted el alérgica al zancudo”, comenta el doctor sin vacilar. Las dos zonas “pinchadas” en la piel de muestran una leve inflamación, los extractos del alérgeno colocado en esa área eran de componentes químicos extraídos de zancudos.
Un alérgeno provoca una reacción de hipersensibilidad e involucra el reconocimiento del mismo como sustancia “extraña” y ajena al organismo en el primer contacto. En exposiciones posteriores, el sistema inmunitario reacciona a la exposición de forma excesiva, con la liberación de sustancias que da lugar a los síntomas propios de la alergia. Según el doctor Ochoa, María debe iniciar un tratamiento que durará entre 3 a 4 años para erradicar por completo el padecimiento.
Mientras tanto, Miriam vuelve al consultorio. “No veo nada extraño, aparentemente el resultado es negativo”, le dice el doctor, mientras redacta sus datos en la base de datos de su computadora y le prepara una nueva referencia para el hospital del cual provenía. Miriam se retira conforme, le complace saber que su padecimiento no es de carácter alérgico.



