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El Salvador, Jueves 23 de Mayo de 2013
Última actualización : 23/11:44 h.

Viernes, 10 de Agosto de 2012 / 10:37 h

Un reencuentro que tardó 30 años

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María Maura Contreras, se reencuentra con su hijo Serapio Cristian Contreras, después de 30 años, cuando los soldados del criminal Batallón Atlacatl se llevaron al niño de un año y 18 meses de edad y a sus dos hermanas.



Beatriz Castillo
Redacción Diario Co Latino

María Maura Contreras no pudo contener su emoción y se echó a llorar mientras sus brazos se confundían con los de su hijo, Serapio Cristian, quien fue separado de su regazo por miembros del ejército salvadoreño, el 25 de agosto de 1982, y al que reencontró ayer, luego de 30 años.
“Mis ojos siempre te miraban”, dice Maura al oído de Serapio, quien se muestra un poco confundido por la escena de los abrazos y el llanto incontrolable de la mujer, sumado el de otros dos hombre (su padre y su padrastro) y otros cinco jóvenes, que cargando niños le dan la bienvenida en la humilde vivienda de los Contreras.
“!Mira, él es tú padre!, ellos son tus hermanos y tus sobrinos”, le orienta Esther Alvarenga, directora de Pro Búsqueda, a Serapio, quien no sale del show que provoca un reencuentro como el que vivió ayer.
Según la documentación en poder de Pro Búsqueda, el Batallón Atlacatl realizó un operativo militar alrededor del volcán de San Vicente, denominado “Operación Anillo”, en agosto del 82 María Maura y otras familias originarias del Cantón San Buena Vista, en San Vicente, se habían refugiado en un pequeño valle, identificado como la “Conacastada”, por temor a la violencia que imperaba en la zona. Sin embargo, a pesar de buscar refugio, los Contreras fueron alcanzados por los soldados del Batallón Atlacatl, que impulsaban la operación “Anillo”.
“Los bombazos, disparos y gritos despavoridos de la gente y los niños llorando por la tronazón encima de nosotros y los soldados insultando a todos nosotros, me robaron mis hijos”, recuerda Maura. Entre esos niños estaba Serapio Cristian, de un año y 8 meses; Herminia Gregoria, de 4 años, y Julia Inés de cuatro meses.
Los Contreras no solo fueron arrebatados de los brazos de su madre, si no que fueron separados entre ellos, según se ha logrado documentar.
Serapio, quien vivió los últimos años bajo el cobijo de sus padres adoptivos en San Vicente, no recordaba esa historia. Fue hasta hace unos años que se enteró que había sido adoptado y que existía la posibilidad de que sus padres biológicos estuvieran con vida. Su madre Maura había movido cielo y tierra para reencontrarlo.
“Estaba a la esquina de la casa”, dice Maura, antes de reencontrarse con su hijo, ya que Serapio ha vivido los últimos 30 años en el Cantón Flores, de San Vicente, y ella vive en el Cantón Las Anonas, en Tecoluca, también de San Vicente.

Los Contreras y su historia de reencuentros
Los Contreras tiraron la casa por la ventana ayer, no era para menos, había que celebrar luego de 30 años el regreso de Serapio. Maura y el resto de los Contreras podrían abrazar y ver con vida a uno de sus tres hijos desaparecidos en 1982, además, es la victoria de una lucha que inició un día después de que el ejército se llevara a los niños.
“Gracias a Dios, le he podido preparar un almuercito, imagínese cuanto ha pasado. Yo siempre me lo imaginé chiquito y bonito, pero hoy, el 25 de agosto iba a cumplir 30 años de no verlo, pero Dios me ha ayudado”, dice con una enorme sonrisa Maura.
La mujer de 57 años no dejó de luchar, de denunciar el caso de sus tres hijos, de pedir ayuda al Padre Jon Cortina y a las organizaciones que se fundaron luego del conflicto armado, para ayudar con la búsqueda de personas desaparecidas.
Maura cuenta que luego de no encontrar ni vivos ni muertos a los tres niños, inició su verdadera lucha. Primero en las calles y lugares cercanos de dónde ocurrió todo.
Pero esa lucha se extendió y tuvo más eco en 1986, cuando llevó su caso a los medios de comunicación y encontró la ayuda del Padre Jon Cortina. “Gracias a Dios él me puso esa imagen del Padre”, dice.
Con la colaboración de Pro Búsqueda y del Padre Cortina, Maura logró reencontrar primero a su hija Herminia Gregoria.
Herminia recuerda que sufrió mucho con la separación, incluso maltratos con la familia que la crió en Santa Ana y luego con la familia que decidió vivir en Guatemala.
Asegura que las heridas que dejó la separación forzada no sanan y que no puede “haber perdón”. “Sólo Dios que los perdone, ese daño fue muy difícil y no se perdona nada más así..”.
Muy a pesar de ese dolor y de esa resistencia, ahora Herminia se muestra feliz y emocionada por encontrar otro de los eslabones perdidos en su vida: su hermano Serapio.
“Es lo más bonito que nos puede pasar reencontrarnos con mi hermano, que nos desaparecimos el mismo día.
No será lo mismo, no podemos recuperar lo vivido, pero llegar a este día es muy bonito” dice Herminia con voz quebrantada.

Pro Búsqueda y su aporte
El Padre Antonio, de la parroquia San Francisco de Asís, ofició ayer una misa de acción de gracias por el reencuentro de Serapio, en medio de familiares de los Contreras y amigos.
La misa se ofició en el patio de la casa de los Contreras bajo la sombra del palo de “zorra” y unos cocotales. “Este momento es tan especial”,, dijo el padre, al mismo tiempo que reconoció la labor encomiable que realiza la Asociación Probúsqueda en el país, que fue fundada por Jon Cortina y que hasta la fecha ha logrado reunir a más de 500 familias.
Incluso, el mismo padre recomendó a los Contreras bautizar el enorme árbol de “zorra” con el nombre del Cortina, que murió el pasado 12 de diciembre de 2005.
El legado de su trabajo sigue vivo y se refleja en cada reencuentro que se genera luego de su partida.
Esther Alvarenga, directora de Pro Búsqueda, aseguró que el caso de los Contreras inició desde 1994 y sin la labor de Maura, nada hubiera sido posible.
La Asociación logró, luego de varios años de investigación y de indagaciones, primero dar con el paradero de Herminia y luego con Serapio, en este último caso no existe ninguna duda, ya que se realizó una prueba de ADN.
Las pruebas científicas para Pro Búsqueda se han vuelto una herramienta exitosa, se pueden cotejar las muestras que se tienen en el banco de perfiles genéticos con muestras de aquellos jóvenes que pueden ser niños que desaparecieron en el conflicto armado.
Hasta la fecha, Pro Búsqueda ha logrado resolver  377 casos, aunque indican que existen cerca de 500 más por resolver. S
in embargo, el caso de los Contreras es simbólico porque incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, luego de conocer el caso en septiembre de 2003, y de recibir pruebas y testimonios, ordenó al Estado salvadoreño  investigar y reencontrar a los tres niños desaparecidos, sin embargo, el Estado no cumplió con este llamado. 

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