Por Néstor Martínez
IndamislamPress
La cuota de sangre del pueblo sirio aumenta cada día sin que a los agresores, disfrazados de “rebeldes” apoyados por los Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y las Naciones Unidas, se les calme la sed de víctimas.Ya antes hemos asistido a la inmolación de pueblos enteros en Latinoamérica bajo dictaduras apoyadas por los Estados Unidos e Israel, ahora en estos años somos testigos del sacrificio del pueblo árabe.
Irak, Libia, Egipto, Afganistán, Pakistán, Siria, Líbano, Palestina, entre otros, siguen sacrificando a sus mejores hijos e hijas, todo para someterlos a los deseos imperialistas de los Estados Unidos y sus aliados.
El mundo se pregunta si estos baños de sangre son necesarios y si no será un resultado pobre cuando finalizan estas intervenciones disfrazadas.
Basta echar un vistazo sobre la actualidad en Libia o Irak, para saber que dichos países retrocedieron muchas décadas para su desarrollo, pese a la riqueza que se explota bajo su suelo.
En Egipto, la tan famosa “primavera árabe” dejó intacto el poder militar que incluso ¡anuló la Asamblea Legislativa! Sin que sucediera ningún escándalo, y los militares no quieren dejar el poder.
Muchos altos profesionales abandonaron Irak o fueron asesinados por turbas enloquecidas. Hoy en día Irak parece del tercer mundo, insisto, con semejante riqueza petrolera. Y de Siria, ya no se diga. Los terroristas, sin claro apoyo popular, sino de los imperialistas, atacan a mansalva los pueblos, y luego a la defensa que hace el gobierno sirio se le llama masacre.
Fuera del ámbito árabe, la carga de la crisis capitalista financiera es descargada en las espaldas de los pueblos, como Grecia, España, Italia, Gran Bretaña, Francia, Portugal, lo que está desatando serios problemas sociales. Nuevas víctimas de los desafueros capitalistas.
En el pasado de Latinoamérica muchas culturas, como la Azteca, Maya o Inca, hacían sacrificios humanos en busca de beneficios para todos, obtenidos los resultados deseados se suspendían los sacrificios. Estos ritos fueron calificados de barbarie.
Pero la escala en que los imperialistas sacrifican seres humanos es muchísimo mayor que la de nuestros antepasados, mayor y peor, ya que los beneficios de los sacrificios modernos son para unos pocos, mientras que el pueblo, tras apaleado y explotado, obligado a pagar las pérdidas de los ricos.
Para estos nuevos inmoladores no hay justicia que los lleve al estrado, ellos son su propia justicia, la aplican cuando quieren y a quien quieren, los demás asistimos con la cabeza agachada a testificar sus iniquidades.
Veamos ejemplos. En Siria, al igual que en Libia se exige democracia al estilo occidental, a los gobernantes legítimos se les acusa y acusó de déspotas, asesinos, represores y una sarta de lindezas vociferaras por los Estados Unidos y sus aliados.
Pero nadie dice nada de Arabia Saudita gobernada por una monarquía desde hace muchos años, de Bahréin, otra monarquía nada popular; igual sucede con Kuwait, y Qatar, una monarquía absoluta. En esos países no hay “primaveras árabes” y si las hubo fueron reprimidas, incluso por otros países como en Bahréin.
Es que el pecado de los países en que sucedió la mal llamada “primavera árabe” no eran aliados de los Estados Unidos e Israel, así que éstos inventaron una nueva forma de intervención, de la que ya conocemos sus resultados.
Rusia y China, que apoyaron la caída del líder Muamad El Gadafi, aprendieron a ya no dejarse tomar el pelo por los Estados Unidos, Israel, la ONU y sus aliados en el caso de Siria, y vemos constantemente su rechazo a resoluciones que con toda seguridad van a incrementar las muertes y no a evitarlas. Los imperialistas viven de la sangre de los pueblos.
Toda la maquinaria, forma por gobiernos, organizaciones e instituciones se vuelven cómplices del baño de sangre que enfrenta la Humanidad, y los futuros que habrá a juzgar por los vientos que soplan.



