MSP.DR.Roberto Germán Tobar Ponce
Quiero saludar a los estimados lectores de este vespertino, y decirles que la situación que en estos días, los políticos han generado en el ámbito nacional sobre la legalidad de las elecciones de los magistrados de la corte suprema de justicia, lo que pudo solucionarse institucionalmente ha transcendido a la política internacional, con lo que queda en evidencia que no sabemos lavar nuestra ropa, en casa necesitamos que instancias externas lo hagan, esto si es preocupante, pues si no conocemos nuestras leyes o las aplicamos a nuestras conveniencias, entonces los ciudadanos y la inversión extranjera dudarán del régimen jurídico del país, y por ende de la credibilidad de las instancias jurídicas.
Hoy en día la sociedad está viviendo un momento histórico en que el hombre científicamente e intelectualmente es un gigante pero moralmente es un pigmeo, por eso el pueblo exige que los políticos sean no solamente «legales» sino también «morales», es decir, que respeten normas que no son sólo jurídicas, sino también normas morales, durante los últimos quince años las prácticas de no transparencia, han atravesado en todo el mundo una transformación de tal envergadura, que actualmente se presentan como una de las principales amenazas a las libertades, de los pueblos, por eso debemos valorar si el estado, los funcionarios, las instituciones, y los ciudadanos, respetamos las leyes. Ante este dilema les presento a continuación, un pasaje de la Revolución francesa donde fue condenado Luis XVI y su esposa María Antonieta a la guillotina por traición a la Revolución Francesa. Ante esto el pueblo francés leal al rey inició múltiples protestas, al grado de enfrentarse a Maximilien Robespierre, uno de los dirigentes políticos que luchó por formar la República y la destitución de Luis XVI.
A este caudillo de la revolución francesa, el pueblo Francés le gritaba, ¡no mate a nuestro rey! y Robespierre les contestó: “yo no lo voy a matar, lo va a matar la Ley”.
Traigo este pasaje de la revolución francesa pues esto evidencia el grado de respeto que tenían los políticos franceses de sus leyes en 1758, esto debería estar imitándose por esta casta de políticos, que caminan en ambos sentidos de las agujas del reloj, en nuestro país.
Si estos señores supieran que el rostro de la patria es el rostro de la justicia y la libertad, entonces estarían respetando nuestra constitución. Quiero compartir con ustedes lectores una anécdota que me contó el abogado Dr. Rogelio Bustamante, de grata recordación, sobre el famoso «chachi” guerrero, que fue Presidente de la Asamblea Legislativa, y a quien lo visitó para dirimir un conflicto sobre una ley en la construcción de una carretera, y el le dijo: “oídme chele, yo quiero decirte que nuestra carta magna es una de las mejores de Latinoamérica, por eso cuando nos dicen que nuestras leyes son malas, me da risa, pues los que las torcemos somos los políticos; recordad que como abogados que somos, la ley a los amigos se las interpretamos y a los enemigos se las aplicamos”.
A mí me enseñaron cuando estudié en el Instituto Nacional General Francisco Menéndez, en la asignatura Moral, Urbanidad y Cívica, impartida por el profesor Humberto Perla Flores, que la ley es para todos igual y la deberíamos respetar para vivir en armonía social.
En los momentos de la guerra en nuestro país, Monseñor Romero decía en sus homilías que la ley es como la serpiente, solo muerde al descalzo. Por eso el malestar generado por la no aplicabilidad y el cumplimiento de la ley ha motivado reacciones de toda naturaleza, ya sea en bien o en mal. Lo que si debemos saber es que la ciudadanía ya maduró y sabe distinguir lo bueno de lo malo, en buen salvadoreño se dice lo que está a la vista no quiere anteojos, y si no se aplica la ley en forma adecuada, se crea un malestar general, entre trabajadores, estudiantes, académicos, y gremiales profesionales.
Todo esto ha generado en el país un caos jurídico, político y por ende un estado en peligro de no contar con la herramienta jurídica, para poder tener gobernabilidad y no caer en la anarquía. Creo que todos hemos visto como algunos políticos sonríen aun cuando mienten, pero lo hacen en forma descarada, sin sentimientos y esto me recuerda a la sonrisa con que vivió Maquiavelo, ya que todos los que hemos leído sus escritos de este polémico personaje la sonrisa respondía a las miserias de la vida, para no dejarse vencer por la pena, el desdén y la melancolía y para no dar a los hombres y a la fortuna la cruel satisfacción de verlo llorar.
Pero su sonrisa no era solamente su manera de defenderse de la vida, era también su manera de sumirse a ella. En la sonrisa de Maquiavelo había un amor a la libertad y la igualdad de los hombres. Todos nos hemos dado cuenta que las cosas de estado no se deben manejar en forma visceral, pues hace que actuemos parcializados, y nos olvidamos del respeto de nuestras libertades y a la gobernanza del país, esto daña la credibilidad de sus instituciones y del gobierno, ante los países hermanos. Yo quiero decirles a los lectores, que mi análisis, que he venido planteando, viene a terminar con decirles que todos nosotros hemos estado acostumbrados a venir viendo los atropellos por funcionarios judiciales a diario, en gobiernos anteriores, el gobierno de los EE.UU.. cuando era su Embajador el Sr. Douglas Barclay, este vio un Sistema judicial ineficiente, politizado y corrupto en el país, estas expresiones de este Embajador formó parte de un mensaje confidencial enviado por el, al Departamento de Estado.
Hoy cuando veo a una Corte a través de una sala de lo constitucional que ha trabajado de una manera que ha hecho la diferencia a las otras salas creo que debemos ejemplarizar con algunas sentencias que otras salas tenían como mora judicial: 1) Resolvió un caso a favor del líder del FMLN Schafik Handal y habilitó a su familia a reclamar indemnización por daños y perjuicios ocasionados en su honor, 2) Ordenó la disolución de una comisión de Diputados creada para investigar a la Inspectora General de la PNC, Zaira navas; la demanda fue presentada por el Ministro de justicia y Seguridad Pública de ese momento, Manuel Melgar, 3) Ordenó el proceso de cancelación de los partidos políticos PCN Y PDC, porque en el 2004 no alcanzaron el porcentaje de votos requeridos por la ley vigente para subsistir. 4) Resolvió a favor de una señora humilde en un problema legal en contra de la Prensa Gráfica, que le significó a esta el pago de una importante cuantía económica; 5) Declaró que el Presidente de la República no puede traspasar dineros de un ministerio a otro, sin la autorización de la Asamblea Legislativa. También se dijo que son ilegales las llamadas “Partidas Secretas”; 6) En el conflicto entre la transnacional McDonal’s y un Empresario Salvadoreño, se resolvió a favor de este último, y 7) Se ha admitido una demanda de amparo presentada por la Superintendencia de Competencia en contra de la Sala de lo Contencioso Administrativo, por haber anulado a esta una multa millonaria (más de tres millones de dólares) impuesta a dos empresas harineras. Se ha dicho que la seguridad jurídica es la protección de la confianza, para que el desarrollo económico tenga éxito, los latinoamericanos deben de garantizar que sus Estados actúen razonable y predeciblemente, deben ser capaces de anticipar las consecuencias jurídicas de sus acciones. Y de confiar en los demás, también deben actuar de acuerdo con las reglas del juego, en un mundo globalizado, sin embargo, la confianza es indispensable. Los países con más confianza son los países más preparados para desarrollarse, debido a que sus ciudadanos pueden basar sus acciones en una expectativa razonable de cómo los demás se comporten. La inseguridad jurídica es un problema especial, en Latinoamérica, debido a esto los ciudadanos no saben las consecuencias de sus acciones o cómo el Estado va a reaccionar a sus proyectos. La seguridad jurídica es esencial en el imperio de la ley, es decir, en el cumplimiento, la observancia y la aplicación de las leyes vigentes. La seguridad jurídica es el fundamento del Estado de Derecho.
La inobservancia de la Constitución y la ley es sinónimo de impunidad, inseguridad y caos. Por ello, todos debemos empeñarnos en fortalecer las instituciones del sector justicia y comprometernos en prestigiarlas, respetarlas y dignificarlas. El futuro de nuestra democracia y de nuestras libertades y derechos depende de nosotros. Yo quiero decirles que un hombre no trata de verse en el agua que corre, sino en el agua tranquila, porque solamente lo que en sí es tranquilo puede darnos tranquilidad a todos.
Termino este artículo como siempre lo hago, con un mensaje esta vez de Aristóteles, quien dijo: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona” .



