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El Salvador, Martes 18 de Junio de 2013
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Miércoles, 01 de Agosto de 2012 / 07:23 h

El más grande lavado de dinero al descubierto

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Por Néstor Martínez
Indamislam Press

“El capital industrial es el Dios Padre que ha dejado como Dios Hijo al capital comercial y bancario, y el capital monetario es el Espíritu Santo; son tres, pero uno solo en el capitalismo financiero”

Rudolf Hilferding, en su libro “Das Finanzkapital” (1909)


El espíritu de una cuenta de ahorro es que el cliente tiene una suma de dinero no consumida que la traslada al mercado financiero con el fin de obtener una renta capital. Es decir, si usted no gasta en la totalidad su salario, tiene un excedente en el que ponen sus ojos las entidades bancarias, para lo cual ofrecen pagarle intereses.

El banco entonces “capta dinero” que invierte en otras actividades financieras (préstamos, por ejemplo), y en esas actividades el banco obtiene plus valía suficiente para él y para los pírricos intereses del cliente propietario de la cuenta de ahorros.

Ahora imagínese que no es un cliente de pequeñísima cuantía, sino un, digamos, empresario exitoso, quien como resultado de sus actividades comerciales, dispone de un gran excedente, y aplica el mismo mecanismo del pequeño ahorrante, pero en una escala mayor, y busca bancos que le sean rentables, encontrándolos por lo general fuera del país de origen.

Sigamos con el ejercicio mental. Ahora usted es un delincuente de altos quilates, que obtiene sus ganancias de actividades ilegales o criminales como narcotráfico o estupefacientes, contrabando de armas, corrupción, desfalco, fraude fiscal, crímenes de guante blanco, prostitución, malversación pública, extorsión, secuestro, trabajo ilegal, piratería y terrorismo, por ejemplo, entonces se preguntará cómo “limpiar” ese dinero mal habido.

Usted disfraza ese dinero de muchas maneras, ya sea en empresas falsas, falsas ganancias, estados financieros alterados o con la complicidad de los bancos y de los gobiernos. Pero quiere sacarlo, “limpiarlo”, protegerlo de las inestabilidades políticas, por ejemplo, o evitar que investigadores descubran el origen del dinero.

Entonces se da cuenta que hay entidades bancarias que no preguntan sobre el origen de los fondos, ni se requiere de mucho, digamos, papeleo, le prometen incrementar su capital, sin importarles que millones de gentes sufran o mueran por la falta de ese dinero, o por la inversión para obtener más ganancias.

Esas entidades se llaman Paraísos Fiscales. Antes el referente era Suiza, ahora este país tiene seria competencia. El objetivo de esos paraísos fiscales es hacer que los fondos, sea cual sea su origen, aparezcan como el fruto de actividades legítimas y circulen sin problemas en el sistema financiero mundial, incluso regresan al sistema financiero local ya legitimados. Esta actividad es conocida como trabajo de capitales parásitos.

La maquinaria para rentabilizar esas inversiones implica inversiones en las bolsas de valores, en empresas transnacionales, en préstamos a gobiernos, incluso como inversión en otros bancos… negocios hay muchos en este mundo globalizado por el capitalismo. Se forma así, una oligarquía financiera con grandes repercusiones en la economía mundial y local. Una oligarquía que no está en crisis, porque esta la trasladó a las espaldas del pueblo.

La punta del iceberg

Así, recién el grupo Británico Independiente Tax Justice Network (TJN), publicó datos reveladores de esta gigantesca maquinaria para lavar dinero.

Basados en reportes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco de Pagos Internacionales (BPI), la TJN afirma que los diez mayores bancos privados del mundo manejaron más de 6 billones de dólares en 2010 con destino a paraísos fiscales, casi el triple en relación a los 2,3 billones de cinco años atrás; que las personas más ricas de 33 países de América Latina y el Caribe enviaron más de 2 billones de dólares a paraísos fiscales entre 1970 y 2010.

El estudio de la red Tax Justice Network (TJN) calcula que millonarios de todo el mundo han fugado con la ayuda de la banca internacional a más de 80 refugios impositivos entre 21 billones y 32 billones de dólares, el equivalente al conjunto de las economías de los Estados Unidos y Japón. Casi un décimo de ese dinero, unos 2,05 billones (una cifra similar al PIB brasileño o italiano), pertenecen a latinoamericanos.

Los paraísos fiscales

Los paraísos fiscales son: Alderney, Andorra, Anguila, Anjouán, Antiguia y Barbuda, Antillas Holandesas, Aruba, Australia, Austria, Bahamas, Bahréin, Barbados, Belice, Bermudas, Botswana, Brunei, Campione, Canadá, Chipre, Costa Rica, Dinamarca, Dominica, Emiratos Árabes Unidos, Guatemala, Guernsey, Hong Kong, Hungría, Irlanda, Islandia, Israel, Islas Cook, Islas Caimán, Islas Maldivas, Isla de Man, Islas Marshall, Jamaica, Japón, Jersey, Jordania, Labuán, Letonia, Líbano, Liberia, Liechtenstein, Luxemburgo, Macao, Macedonia, Madeira, Malta, Nigeria, Niué, Norfolk, Nueva Zelanda, Omán, Países Bajos, Panamá, Puerto Rico, Reino Unido, República de Chipre del Norte, República Dominicana, Saint Kitts, Samoa, San Marino, St. Vincent y Granadinas, Santa Lucía, Sark, Seychelles, Singapur, Somalia, Suecia. A estos países van a parar las ganancias mal habidas.

Los ricos latinoamericanos

Los brasileños escondieron en sitios como los caribeños Antigua y Barbuda, Bahamas o Dominica unos 519.500 millones de dólares, el equivalente al 160% de la deuda externa del gigante sudamericano. La cuenta incluyen los fondos que se fueron de ese país entre 1970 y 2010 y las ganancias que generaron lejos del control tributario. Le sigue los mexicanos, con 417.500 millones, el 224% de su pasivo exterior. Después están los venezolanos, con 405.800 millones, nada menos que el 728% de la deuda externa. Y luego, los argentinos, con 399.100 millones, o el 308%.

De todos ellos, los que más hicieron rendir el dinero fueron los mexicanos, pues sus ganancias fuera equivalen al 113% de lo que retiraron de su país. Le siguen los argentinos, con el 105%, los venezolanos, con el 73%, y los brasileños, con el 68%.

También han fugado lo suyo a paraísos como Granada, Islas Vírgenes Británicas o Montserrat los millonarios chilenos: unos 105.000 millones (en este caso, entre 1975 y 2010), equivalentes al 122% de la deuda externa de su país. Después están los colombianos, con 47.900 millones (76% del pasivo exterior soberano); los panameños, con 37.600 millones (330%); los ecuatorianos, con 21.600 millones (146%); los bolivianos, con 18.400 millones  (349%); los uruguayos, con 13.300 millones (103%); los salvadoreños, con 11.200 millones (110%); los dominicanos, con 10.200 millones (78%) y los peruanos, con 8.100 millones (22%).

Los ricos de Perú y Ecuador fueron hábiles para multiplicar sus beneficios en los paraísos fiscales, un 353% y 205% por encima de lo que habían fugado de sus países. También fueron afortunados los de Panamá (161%) y Bolivia (122%). Detrás están los de Chile (17%), Colombia (63%), Uruguay (55%), República Dominicana (39%) y El Salvador (64%).

Si se hubieran gravado con un tipo del 30% la renta de aproximadamente 3% anual de los 21 billones no declarados, los estados del mundo hubiesen recaudado impuestos entre 190.000 millones y 280.000 millones, según TJN. Es decir, Latinoamérica podría haber recolectado por lo menos 19.000 millones, el equivalente a la economía boliviana, para mejorar la situación social de los 175 millones de pobres que la habitan.

James Henry, autor del estudio, dice que estos activos están "protegidos por un grupo diligente y bien pagado de agentes en la banca privada y en empresas legales, de contabilidad e inversiones que tienen ventajas crecientes en la economía mundial cada vez más sin fronteras ni fricciones".

Para James Henry, la difusión de la suma de dinero depositada en cuentas off shore muestra la magnitud de esta práctica entre las personas, empresas y bancos más poderosos del planeta, pero implica también una "buena noticia": "el mundo ha localizado una enorme suma de riqueza financiera a la que se puede recurrir para contribuir a la solución de nuestros problemas globales más urgentes".

Si usted piensa que la pírrica ganancia de sus ahorros (si es que ahorra con estas crisis), le son suficientes, piense entonces en las grandes ganancias que usted y sus futuras generaciones pagarán a esos ricos a quienes poco le importan la democracia, el desarrollo, el bienestar común, la educación, y un largo etcétera de necesidades que padece la Humanidad.

Para saber más:
– Rudolf Hilferding, “Das Finanzkapital” (1909)
– www.taxjustice.net
– www.diario colatino.com
– http://www.swissinfo.ch
– http://www.bbc.co.uk


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