Juan Antonio Chicas
(Licenciado en Sociología –UES-)
Es importante tener en cuenta que la historia, hasta hace poco, había sido escrita por los vencedores, ello ha implicado que en dicha “historia” se expresara únicamente lo que a la clase dominante le interesaba que apareciera y lo que, a la vez, le convenía que el grueso de la población supiera a través de la “enseñanza” académica, convirtiéndolo, así, en “la verdad” de lo sucedido.
De esa forma, en el caso de la llegada de los españoles a las tierras del “nuevo mundo”, hasta ahora se nos ha “enseñado” (y aun se sigue haciendo con nuestros niños) que ese hecho fue el “Descubrimiento de América”, concepto que, a la luz de recientes investigaciones de verdadero talante científico, debe ser corregido, al menos estudiando dicho acontecimiento desde estas tierras. Es decir, está bien que los europeos (y más específicamente los españoles) hablen de haber descubierto esta parte del mundo, pues ellos ignoraban su existencia (el mismo Cristóbal Colón murió creyendo que era al Este de Asia a donde había llegado), pero que nosotros, los habitantes de este continente, hablemos de haber sido “descubiertos”, es algo académicamente inaceptable.
¿Pero, por qué? Pues porque en estas tierras, como es ampliamente sabido, ya existían asentamientos humanos, es decir, ya habían sido descubiertas por quienes, por decirlo así, pueden ser considerados como los verdaderos dueños de ellas, que en el caso de nuestro país, serían los pipiles, lencas, etc. Quienes, por cierto, y como lo describen algunos pseudo-historiadores, no eran unos ignorantes, pues tenían su propia cosmovisión, su propia lengua y su propia estructura social, o dicho de otra manera, tenían su propia cultura.
Por otra parte, si a lo anterior le agregamos el hecho de que los españoles no les “transmitieron” su cultura a los nativos, sino más bien, se la impusieron a fuerza de espada, sangre y cruz (imposición ante la cual hubo una férrea resistencia que fue superada únicamente a costa de muchas vidas aborígenes, en algunos casos, inclusive, recurriendo al suicidio individual y colectivo) no se puede menos que deslegitimar dicha “historia”.
Entonces, ¿por qué seguir reproduciendo esa versión errónea de un hecho tan importante como lo fue la llegada de los españoles a este continente? La verdad, tarde o temprano, siempre debe de prevalecer por sobre las versiones mal intencionadas y, en el presente caso, con mucha más razón pues se trata del conocimiento de nuestro pasado, de nuestra historia, la cual debemos de empezar a enderezar.
Por las razones que, extremadamente sintetizadas, he expuesto, propongo que se cambie a nivel de todo el sistema educativo (libros de texto, orientación docente, etc.) el concepto de DESCUBRIMIENTO por otro más apegado a la realidad, el cual puede ser LLEGADA, u otro (dejo abierta la posibilidad a que otro conocedor del tema encuentre uno más apropiado); por lo que, en adelante, se dirá: “La llegada de los españoles”.
Estas mismas razones me permiten hacer otra propuesta (relacionada con el mismo suceso): Que el 12 de octubre deje de ser llamado “Día de la Raza”, como hasta ahora se ha hecho o, como otros le llaman, “Día de la hispanidad” u otros calificativos eufemísticos que lo único que pretenden es ocultar la verdad de los hechos. En consecuencia, que en adelante se le denomine con un nombre más apegado a la verdad, el cual pudiera ser (dejo también la posibilidad de ser cambiado) “Día de los pueblos nativos”. Esta segunda propuesta, sin embargo, antes de ser planteada a la población, considero que deberá estar antecedida de una campaña de divulgación de la verdad de los hechos para así evitar resistencias por parte de los grupos de poder (con conocimiento de causa) y (alienadamente) de quienes desconocen nuestra historia.
Finalmente, me permito sugerir bibliografía que puede ser consultada para reforzar lo aquí propuesto:
√ La patria del criollo –Severo Martínez Peláez–.
√ El Salvador, la tierra y el hombre –David Browning–
√ Historia común de Iberoamérica –Patricio Blas, José de la Puente y, otros–.
√ El Salvador (monografía) –Roque Dalton–.
√ Cómo conquisté a los aztecas –Hernán Cortés–.
Unificación en la forma de fechar los acontecimientos
En muchos textos, especialmente de historia, encontramos la frase: “de nuestra era”, en alusión a la era cristiana y en sustitución de “d.C. (después de Cristo)”. Esto se hace porque muchas investigaciones recientes coinciden, en primer lugar, en que Jesús no nació en el año cero, sino antes o después y, en segundo lugar, porque otras investigaciones llegan, incluso, a afirmar que Jesús (el Cristo) fue un personaje simbólico, no histórico (no existió), y por eso no se puede tomar como referencia.
En todo caso, esa modalidad “de nuestra era” también es incorrecta, pues, tomando en cuenta que no toda la humanidad es cristiana, se deduce que no todos están en la “era cristiana”, tal es el caso de musulmanes, budistas, etc. Por tanto, sería más adecuado decir: “del calendario Gregoriano (del c. G.)”, pues fue ese calendario (promulgado en el Vaticano en 1582) el que fijó la fecha de inicio del mismo.
Dicho de otra manera, todos los calendarios tienen una fecha de inicio, o año cero, la cual está determinada (en la mayoría de los casos) por un acontecimiento relevante sucedido en la civilización en la cual rige tal calendario y que fue establecida por quien lo elaboró; así, por ejemplo, el calendario judío inicia cuando (según ellos) se creó el mundo; el año cero del calendario gregoriano –o cristiano– es cuando (según la creencia) nació Cristo y; en el calendario islámico, el inicio del mismo lo marca la salida de Mahoma, de La Meca a Medina.
Entonces, una manera de unificar literariamente la fechación de los acontecimientos sería tomando cualquier calendario como un Plano Cartesiano, así:
-11 -10 -9 -8 -7 -6 -5 -4 -3 -2 -1 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
< I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I >
De esta manera, lo que marca el inicio de cualquier calendario se representará con el cero y los acontecimientos que sucedieron antes de esa fecha se colocarán a la izquierda y se marcarán con signo menos (-) y, por consiguiente, lo acontecido después se colocará a la derecha (sin signo, pues, por regla matemática el positivo no se escribe); a esto se le agregará la referencia (completa la primera vez y en siglas en las subsiguientes ocasiones) del calendario que se está utilizando.
Ejemplos (utilizando el calendario Gregoriano):
*Sócrates (que vivió entre -470 y -399 del calendario Gregoriano) fue un filósofo griego muy importante. Uno de sus discípulos fue Aristóteles (-384 al -322 del c. G.) quien tuvo una gran influencia en algunas corrientes filosóficas posteriores.
*Filón de Alejandría (-20 al 45 del c. G.) también llamado Filón el Judío, es uno de los \o “Filósofo” filósofos más renombrados del \o “Judaísmo” judaísmo helénico.



