Londres/dpa
La judoca Yanet Bermoy ganó la medalla de plata y aportó el primer podio para Cuba en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, un logro que no la dejó conforme porque aspiraba a lo más alto.
“Estaba para la medalla de oro. Me siento fuerte y bien preparada para eso”, dijo la judoca con rostro serio tras caer en la final de la categoría de hasta 52 kilogramos ante la norcoreana Kum Ae An, que se llevó el premio mayor.
Bermoy buscaba tomarse revancha de Pekín 2008, donde también se quedó con el segundo puesto pero en un peso inferior: “Tenía que haber dado un poquito más, explotar al máximo. Pero no funcionó”.
La jornada comenzó con sorpresas por la temprana eliminación de la japonesa Misato Nakamura, campeona en el Mundial de París 2011, y de la española Ana Carrascosa, tercera en la capital francesa también el año pasado.
Mientras las favoritas fueron quedando en el camino, Bermoy realizó un gran recorrido durante todo el torneo y accedió a la final con autoridad al vencer a la belga Ilse Heylen por un waza-ari.
Al terminar cada combate, la cubana se golpeaba el pecho para celebrar sus consecutivas victorias. Estaba decidida a ir por lo más alto. Sin embargo, en la definición no pudo ante la norcoreana de 32 años, que con un yuko en la prórroga se alzó con el oro. Así, Kum Ae superó su propio desempeño de cuatro años atrás, cuando conquistó la plata en Pekín 2008.
Pese a su bronca, para Bermoy no fue una sorpresa la actuación de su rival, a la que ya conocía y creía que podría vencer: “Sabía que sería duro. Esperaba un combate reñido por la calidad de mi contrincante. A ella la había derrotado antes por dos shido (amonestaciones)”.
Tras manifestar su frustración, las lágrimas aparecieron en el rostro de la cubana. Sus compañeros de delegación la felicitaban por haber conseguido la primera medalla de su país. Sin embargo, ella no podía escapar a su decepción.
Con la voz entrecortada, abandonó la conversación con la prensa para ir a la entrega de premios. Unos minutos después, apareció en el estadio con el rostro serio.
Así subió al segundo escalón del podio, que se completó con los bronces de la italiana Rosalba Forciniti, que venció a la luxemburguesa Marie Muller, y la francesa Priscilla Gneto, que batió a Heylen.
Bermoy volvió a sonreír recién al escuchar su nombre por los parlantes del estadio. Pero le duró solo unos segundos porque enseguida la norcoreana se colgó el oro en el cuello. La cubana seguía pensando en lo que había dicho unos minutos antes: “Tuve un pequeño descuido y se me escapó el oro”.



