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El Salvador, Martes 18 de Junio de 2013
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Viernes, 27 de Julio de 2012 / 11:17 h

Entierro de víctimas de masacre en Lomas de Angulo no pone fin al dolor de familiares

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Familiares y amistades sobrevivientes de las personas que fueron asesinadas en la masacre de Lomas de Angulo, el 30 de Octubre de 1980 a manos del ejército, colocan una lápida donde descansarán sus restos de las víctimas.



Bianca Segura
Redacción Diario Co Latino

Nelson Gómez recuerda el 30 de octubre de 1981, como si fuera ayer.  Su mente evoca el sonido de los cañonazos que alertaron a las familias de Lomas de Angulo cuando las tropas de ejército se acercaban a la zona.
“Nosotros estábamos listos para salir de la comunidad hacia el monte. Sin embargo, mi mamá dijo que se quedaría en la casa porque se quedaba su tía, una vecina y había llegado la hija de esa tía a la vivienda. Por eso nos quedamos. El resto de la comunidad huyó”, afirmó Gómez.
A las 9:00 a.m. del trágico día, Gómez recordó que jugaba con sus hermanos en el patio de su vivienda, cuando unos individuos vestidos con trajes militares aparecieron por el río, conocido como El Salamar. “ Eran de 15 a 20 sujetos. Recuerdo que le preguntaron varias cosas a los adultos de la comunidad”, aseguró.
Pronto, los individuos reunieron a la población, en su mayoría mujeres y niños, en una zona determinada de la comunidad y les pidieron que avanzaran en el camino, a orillas del río.  En el camino, los  sujetos dividieron al grupo en dos. “ En el río, hay una curva y el camino se divide en dos. Uno, conducía a una poza donde nos bañabamos, mientras que la otra llevaba a unos lavaderos que ocupábamos para la ropa.  Un grupo se fue por  el camino de los lavaderos y yo me fui camino a la poza”, relató.
 Al llegar a la poza, Gómez recordó que empezaron a disparar sin compasión a la gente, mientras que las personas del otro grupo fueron violadas y masacradas. “ En medio de la balacera, yo me cubrí en un bordo de piedras. Ahí, perdí el conocimiento”, narró.
Cuando despertó, Nelson escuchó los lamentos y los quejidos de las víctimas. Entre ellas, su tía que se quejaba del dolor por su brazo destrozado y se aferraba a uno de sus nieto que lloraba sin cesar . Mientras, una de las hermanas de Nelson deliraba cerca de la poza. “Hubo otras dos  niñas que quedaron ilesas de la balacera. Mi tía le entregó el niño a una de ellas y se fueron caminando. Cuando quise levantarme, no pude. Mis piernas estaban dormidas”, recordó.
Nelson,  que en ese tiempo era un niño de nueve años, fue alcanzado por una bala que dejó daños temporales en sus piernas. A gatas, Nelson regresó a su casa ante el miedo y la incertidumbre de no saber nada de sus familiares. “ Esa noche cayó una gran tormenta. Recuerdo que la niña de la vecina  no paraba de llorar hasta la madrugada. Después me contaron que la niña había muerto”, explicó.
Al segundo día, después de la masacre, un grupo de hombres llegó  a Lomas de Angulo para comprobar que el ejército ya había salido de la zona y que las familias que permanecían en el campo regresarán a sus hogares. En esa inspección, Nelson fue encontrado y llevado a una casa donde se encontraban otras personas. Después, un tío lo recogió para trasladarlo a la hacienda donde trabajaba, para curarles su herida.
A los días, el padre de Nelson regresó a la comunidad, luego de permanecer por varios días escondidos en campo abierto. El padre de Nelson llevó  a su hijo a un campamento  de la guerrilla en el Cerro El Chile para ser atendido por los brigadistas y los médicos hasta que recuperó la sensibilidad en sus piernas.
En la masacre, Gómez perdió a su madre, dos hermanos, dos hermanas, la tia de su mamá, la hija de ella y sus nietos. Después de 31 años , Nelson Gómez siente una mezcla de sentimientos, luego de  sepultar los restos de las víctimas que fueron exhumadas.
“ Es una mezcla de alegría, pero también tristeza. El dolor no se cura con nada.  A pesar del tiempo, no se puede olvidar. Para mi, las heridas siempre están igual: las vidas de ellos no se pueden recuperar”, insistió Gómez, con un nudo en la garganta.
Él es uno de los sobrevivientes de esa masacre que dejó a 23 personas asesinadas en la comunidad de Lomas de Angulo, municipio de Tecoluca, San Vicente. De ellas, solo fueron recuperados 10, porque otros cuerpos fueron arrastrados por el río. Sin embargo, los familiares continuarán con la búsqueda de los cadáveres.
El entierro de las víctimas de las masacre del 30 de octubre tuvo el apoyo del Centro para la Promoción de Derechos Humanos Madeleine Legadec, organización que ha logrado varias exhumaciones. “Son 130 exhumaciones que realizamos desde 1993, todas víctimas de las masacres en  el conflicto armado”, dijo Carolina Constanza, Coordinadora de la organización.
Constanza afirmó que las exhumaciones se realizan con apoyo de las instituciones internacionales.  Los restos de las víctimas de la masacre del 30 de octubre fueron  encontrados en 2010 y se entregó los restos a su familia a partir de este año.
Según la coordinadora, el caso no ha sido presentado a instancias judiciales, ya que los familiares son los únicos que pueden recurrir a la justicia. Sin embargo, la masacre de 25 de julio de 1981 si se encuentran en vías de investigación.
La masacre de 45 personas, entre mujeres y niños, todos habitantes de San Francisco Angulo, ocurrida el 25 de julio de 1981 fue perpetrada por un comando de la Fuerza Armada. No obstante, solo  31 víctimas fueron exhumadas y enterradas en la comunidad.
Constanza señaló que hubo más de 40 masacres en la zona de Lomas de Angulo, San Francisco Angulo y comunidades aledañas, calificados como crímenes de Lesa Humanidad del ejército militar porque afectaron a la población inocente durante el conflicto armado. No obstante, no han sido llevados a instancias internacionales de Derechos Humanos y no se tienen los nombres de los autores intelectuales de las masacres.
Mientras tanto, Gómez, como varios sobrevivientes y familiares de las víctimas, creen en Dios, como el único hacedor de justicia en el mundo. “ Los autores de esta masacre tienen leyes que les amparan  y protegen.
Ellos no pueden ser tocados, ni investigados, ni enjuiciados. Si pudieran hacerles algo, estaría bien”, declaró Gómez.
La exhumación pone fin a la incertidumbre de los sobrevivientes quienes tendrán un lugar para recordar y enflorar a sus difuntos.


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