José M. Tojeira
El FMLN anunció ya su candidato para las elecciones presidenciales del 2012. Este hecho ha generado diversos comentarios, algunos de los cuales irán, probablemente, adquiriendo mayor volumen a medida que se acerque la campaña electoral o vayan apareciendo los diversos candidatos en pugna. Hasta ahora los comentarios han adolecido de ausencia de consideraciones de fondo y se han concentrado en opiniones muy personalistas. Sin embargo, si queremos avanzar en democracia, bueno será que además de las opiniones sobre las personas, profundicemos un poco más en los programas y en la observación y comentarios de aquel o aquellos que acompañarán al candidato en el ejercicio del Gobierno en El Salvador.
Nuestra democracia sufre todavía de autoritarismo. Desde la tradición autoritaria tendemos a darle una excesiva importancia al Presidente de la República. Esperamos demasiado de tal cargo y con facilidad nos desencantamos de sus modos concretos de gobernar. Y trasladamos entonces las esperanzas hacia otros líderes o partidos, favoreciendo en ocasiones el autoritarismo de personas con vocación de caciques. Las asechanzas contra la actual Sala de lo Constitucional no pueden leerse sino desde la tendencia de los poderes constitucionalmente controlados a querer actuar arbitrariamente, prefiriendo la tradición autoritaria al control constitucional de una sociedad democrática moderna. Pero esa tradición autoritaria es cada día fuente de más fracasos. Un país como el nuestro, que necesita un profundo diálogo y una amplia participación ciudadana para construir y aceptar un proyecto de desarrollo de realización común, no puede funcionar bien desde el autoritarismo.
Por ello es necesario pasar de la consideración de los candidatos a la reflexión sobre los programas. Y en segundo lugar resulta imprescindible conocer al equipo básico con el que el candidato a la presidencia quiere gobernar el país. Pues es evidente que por más que el cargo máximo del ejecutivo tenga su aura autoritaria y su representación máxima del país, es evidente que los presidentes gobiernan cada día más a través de sus ministros. Ni saben ni pueden saberlo todo, y tienen que confiar en técnicos, especialistas y gestores de múltiples temas coordinados por personas eficaces y honestas. Los comentarios de quienes se centran en la persona más que en los programas y en el grupo que acompañará en el gobierno al presidente, cualquiera que sea, refuerzan esa tendencia al autoritarismo. Y favorecen las esperanzas absurdas de que un líder populista solucione todos los problemas salvadoreños.
Ante la designación de Sánchez Cerén como candidato del FMLN ha habido múltiples consideraciones, las más de ellas movidas por afectos o desafectos políticos personales. Por supuesto es válido ver el historial de la persona y reconocerle lo que indudablemente tiene: Experiencia política, honestidad y honradez personal, capacidad de diálogo. Especialmente la honradez no ha sido la cualidad más frecuente en los últimos presidentes que hemos tenido y, en ese sentido, es importante para la vida política del país que los candidatos la tengan. Pero más allá de las virtudes y defectos, es imprescindible ver programas. ¿Profundizará el FMLN los cambios que el actual Gobierno ha iniciado tímidamente? ¿De qué manera? Proyectos concretos como el avance hacia un servicio público único de salud, o el avance hacia un sistema de pensiones incluyente y universal debían debatirse y exponerse en público. Lo mismo podríamos decir de la educación. Si queremos realmente que el país se desarrolle debemos tener planes concretos de cómo mejorar la calidad educativa o cómo ampliar la cobertura de los bachilleratos hasta universalizarla en fechas más tempranas que tardías. Otro tanto podríamos decir de la vivienda, en la que el déficit de habitación digna es notable. Desde hace 10 años a veces se tiene la impresión que se preocupan más por la vivienda instituciones como el TECHO o FUNDASAL que las instituciones del Estado.
Y finalmente sería de máxima importancia conocer con quiénes quiere cada candidato impulsar los programas y planes de desarrollo. La costumbre de al final nombrar ministros, diciéndole a la ciudadanía quién va a acompañar al Presidente elegido en el Ejecutivo es poco democrática. Y en El Salvador, donde las promesas son numerosas y las realizaciones muy pequeñas (los famosos 20 años de ARENA lo demuestran), sería importante mencionar antes de las elecciones quiénes acompañarán al Presidente en la tarea de Gobernar. Así la ciudadanía podría juzgar mejor si las promesas son factibles o no. En ese sentido bueno sería que los candidatos, tanto de ARENA como del FMLN, mencionaran a su debido tiempo, y con tiempo suficiente antes de la fecha de elecciones, a aquellas personas que les acompañarán en el Ejecutivo. Por poner un ejemplo respecto al FMLN, nombres, entre otros, como los de Gerson Martínez, Hato Hasbún, Hugo Martínez, Óscar Ortiz, Luz Estrella Rodríguez, o Héctor Samour, que aunque no es militante del FMLN ha hecho un excelente papel en la Secretaría de Cultura, darían confianza a la ciudadanía de buena gestión en programas y proyectos. En ARENA la designación de nombres de ministros antes de las elecciones daría también una señal de hacia dónde quiere este instituto político dirigir su política. Menos promesas generales, más programas concretos y más visualización de colaboradores, sería un servicio importante a la ciudadanía antes de las próximas elecciones. El candidato a Presidente basta con que sea honrado, dialogante, rodeado de buenos colaboradores y sensato.



