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El Salvador, Sábado 25 de Mayo de 2013
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Martes, 26 de Junio de 2012 / 08:24 h

El día del maestro

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José M. Tojeira

En toda Reforma Educativa, y El Salvador sigue necesitándola, lo primero que se debe hacer es dignificar la profesión del maestro. Un docente que por presiones salariales tenga que tener doble jornada, que dé multitud de clases, que le quede poco tiempo para leer, difícilmente puede ser buen docente. En el caso de las maestras, si aun encima se le acumulan tareas hogareñas, la situación es más que difícil. Un docente no puede terminar su vida laboral ganando aproximadamente lo mismo que un recién egresado de la Universidad con un título de licenciado o ingeniero en su primer trabajo.


La mejora del salario tiene que ser notable, como tiene que serlo su mejor formación. Es imprescindible crear ya licenciaturas orientadas a la educación y en las diversas disciplinas, que permitan que a partir del séptimo grado los profesores sean todos licenciados. Una vez creada la ley, se puede empezar progresivamente, dando un plazo de cinco o seis años para que todos los profesores de bachillerato sean licenciados, y extender después en otro período la obligatoriedad de las licenciaturas para enseñar en los tres grados previos. Vincular las carreras de licenciatura con el sistema actual de tres años no sería difícil, de tal manera que también los profesores actuales pudieran en un plazo no largo obtener su licenciatura. Esto es necesario para educar con calidad, pues el sistema actual de tres años para obtener un profesorado no da la suficiente formación ni conocimientos como para dar una educación  competitiva en el mundo de hoy.


El maestro tiene que pasar de ser un repetidor de conocimiento a convertirse en un emprendedor de la inteligencia. En otras palabras, una persona que sepa despertar el gusto por las materias que expone, así como introducir a la lógica del pensamiento que está detrás de cada disciplina. La vieja idea griega del pedagogo, el conductor de jóvenes hacia su plena humanización a través del pensamiento y los valores, sigue teniendo su sentido. Universalizar valores y universalizar el bachillerato son dos proyectos que deben ir juntos. Aun con todos los avances habidos, las necesidades permanecen como multitud, y la urgencia de la multiplicación de más maestros y mejor adecuados a nuestra realidad es indiscutible.


En todos los niveles necesitamos mejor formación. Tenemos buenos abogados pero todavía predominan entre ellos las sanguijuelas, los codigueros sin ideas y los corruptos. Buenos médicos pero todavía abundan demasiado entre ellos los comerciantes. Buenos profesionales de múltiples carreras en una sociedad donde el interés egoísta y la corrupción dominan. Faltan, eso sí, profesionales que impulsen el gusto por la literatura, por el arte, por la historia, por la capacidad de enfrentar la realidad desde un pensamiento estructural y sistemático. Si nos quejamos de que estamos mal en matemáticas, más podríamos quejarnos de lo mal que estamos en cultura humanista. Protestamos con frecuencia contra la falta de visión de los políticos y sus modos maniobreros y tramposos de actuar. Son hijos e hijas de un país que necesita una reforma educativa que desde la educación y la cultura produzca políticos mejores y ciudadanos más críticos. Las mentes obtusas que ven la educación simplemente como un derivado de los negocios, e insisten en que sepamos matemáticas y computación, sólo añaden confusión a nuestro débil panorama educativo.


El día del maestro y la maestra debía hacernos reflexionar más sobre nuestra realidad educativa y dejar para el futuro esas frases melosas que les dedicamos una vez al año mientras los mantenemos en el pluriempleo y la formación deficiente. El país necesita maestros para el cambio social y el desarrollo, para la universalización de la cultura como pensamiento crítico y solidario al mismo tiempo. Y eso se consigue mejorando la formación del magisterio y dignificando su profesión. El propio magisterio, a través de sus gremiales, debería tener una voz más activa en estos aspectos. Pues de momento se contentan exclusivamente con buscar privilegios pequeños en medio de una situación inadecuada del magisterio, en vez de discutir una reforma educativa seria y una dignificación adecuada del docente. Todo lo que es mantener derechos adquiridos parece ser la prioridad, en vez de impulsar procesos que puedan llevar al magisterio a cuotas altas de respetabilidad y de eficacia en su servicio.


Invertir adecuadamente en educación es la mejor manera de responder al día del Maestro. Invertir en la dignificación educativa y salarial del maestro y universalizar la educación secundaria debería ser el objetivo inicial de una reforma educativa seria. Desde la obvia subida de la inversión en educación realizada tras el fin de nuestra guerra civil, el porcentaje de dinero invertido en educación  con respecto a nuestro producto interno bruto se ha mantenido prácticamente estático, con pequeños avances y retrocesos. Cambiar esa realidad es el único homenaje decente que le podemos hacer a los maestros y maestras.


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