Ernesto Alfonzo Buitrago
Comienzo por aclarar que los contenidos de los motes de este artículo no tiene ninguna relación entre sí, como el sagaz lector lo habrá captado, pero los he entrelazado por una elemental razón: la de aprovechar el espacio periodístico.
En efecto, aludiendo al primero, resulta que un día de estos concurrí al sepelio de un buen y estimado amigo quien fue inhumado en el que ahora, por variadas y múltiples razones entre ellas la capacidad, la “presunción” de un estatus social, etc., ya casi se ha excluido para los fines referidos, como es el Cementerio General de Los Ilustres. Pero al llegar casi todos los acompañantes tuvimos problemas al buscar estacionamientos: los comerciantes de llantas se han apropiado de las zonas hábiles para lo dicho, a tal grado que algunos se niegan a permitir el parqueo porque no son sus clientes u otros, de mala gana lo permiten, pero previo cobro de al menos un dólar.
Si partimos que el último de derecho de vida de todo ser humano es el de recibir cristiana sepultura, es inconcebible que bajo el amparo de la “necesidad de trabajo”, (lo cual es naturalmente aceptable) se abuse de las zonas destinadas a los estacionamientos y no se permitan ellos, o, como dije, se cobren, todo porque nadie ha señalada nada o, dándole el margen de alguna duda al titular del Municipio, éste o no ha reparado en ello, o, en el peor de los casos, como ya está pensando en que va a ocupar otra silla más elevada, la del primer cargo Ejecutivo de la Nación, les valemos poco o nada a los habitantes de San Salvador.
Por ello, hago un llamado el Sr. Alcalde que, en aras del “beneficio del pueblo”, mantenga más Agentes del CAM a efecto de que cuando llegue un sepelio o entierro, las personas que están abusando de sus puestos de trabajo, permitan o se les obligue a permitir, el estacionamiento de quienes llegan a darle el último adiós al fallecido. Espero que esta sugerencia sea atendida.
En cuanto al otro tema, ¡qué poca visión de las autoridades o qué gran importancia mantiene aún ciertos sectores de la población salvadoreña!
Digo lo anterior porque si a diario nos enteramos de que las cárceles policiales están más que saturadas de personas capturadas y los presidios desde hace tiempo han excedido su capacidad de recibir más detenidos –al parecer, solo para citar un ejemplo Mariona, se construyó para recibir una población reclusa que no pasaba de 800 ó 900, pero ahora, admirémonos, pasan de 2,500- la ciudadanía se pregunta, ¿cómo es posible ello? , ¿es que, aunque algunos sean tremendos delincuentes, crápulas sociales, acaso no son personas? ¿Cómo viven?, ¿Cómo animales? Etc.
Por lo mismo, muchos ciudadanos hemos opinado que, en lugar de tener vacíos los anteriores centros cuartelarios como la, gracias a Dios, extinguida GUARDIA NACIONAL Y/O LA POLICÍA DE HACIENDA, que los modifiquen, los remodelen y así los “pobres” presos ya tendrán, al menos… un espacio para respirar”!



