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El Salvador, Domingo 26 de Mayo de 2013
Última actualización : 24/07:39 h.

Martes, 19 de Junio de 2012 / 09:09 h

Opinando sin política No. 671

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Eduardo Badía Serra

¡Recursos hay! Hay agua en la Tierra. Hay ali mento en la Tierra. Hay energía en la Tierra.
Hay Sol en la Tierra. !Recursos hay! Esa idea  que circula de que se necesitan dos o tres Tierras para llenar las necesidades del hombre, es desafortunada, no sostenible, e incluso cae en el ámbito de lo absurdo. !Recursos hay! El problema no son los recursos, el problema es el hombre mismo, la forma en que este utiliza los recursos, desperdiciándolos en buena medida. Ese es el problema. El agua abunda en el mundo en las muy variadas formas en que se presentan sus fuentes, y la tecnología posibilita su uso mediante sistemas de tratamiento adecuados al uso que se le designe. Energía? !De sobra!, también en las muy variadas formas en que se presentan sus fuentes. Y el Sol, por cierto, está lejos de colapsar y convertirse en un enorme agujero negro que se tragará a todo lo que ose estar dentro de su “horizonte de sucesos” en ese preciso momento.
El asunto es el uso y el desperdicio de los recursos que hace el hombre como producto de esta sociedad de consumo alienada en la cosa. Mientras un ciudadano “normal” del mundo consume una unidad de recursos, un norteamericano consume trece o catorce unidades. Y hay países tan, pero tan alienados en el cosismo, que se acercan ya a los parámetros de estos que se dicen ser los más desarrollados del mundo. El Salvador es uno de ellos. En El Salvador hay un vehículo por cada nueve habitantes, (uno para cada ocho en los Estados Unidos); en El Salvador hay ya más de dos teléfonos celulares por persona, y el gasto en esta forma de comunicación es de los más altos en el presupuesto familiar. Nuestra ciudad capital es un claro ejemplo de reproducción de una estructura propia de un país del primer mundo. Sin embargo, nuestra ciudad capital no tiene agua y la trae desde el norte del país, depredando a sus vecinos; y no tiene un sistema propio de manejo de los desechos sólidos, por lo que los dispone también entre sus vecinos, depredándolos de la misma manera. Y, me pregunto, Qué produce San Salvador?, porque, insistiendo en ellos y volviendo a los chinos, los de antes porque los de ahora ya son más consumistas que los que más, “quien quiera comer arroz, tiene que producir arroz”. Es el problema típico de las ciudades. Son entes parásitos, viven de los otros y depredan lo que encuentran. Las ciudades debieran tener un límite para su crecimiento, definido en función de los recursos disponibles en sus alrededores. Los alcaldes de San Salvador buscan siempre su crecimiento y su complejidad. !Absurdo! Hablan de súper urbes, de construcción de “metros”, de sistemas de buses articulados, de bóvedas para conducir las corrientes naturales; y nuestros urbanistas plantean como solución el llamado “crecimiento vertical”, !verdadero sofisma técnico”, en un país caracterizado por su fuerte naturaleza sísmica, un país, y sobre todo su capital, en donde tiembla todos los días y sucede un terremoto cada quince o veinte años. La solución para mí es que se debe detener  el crecimiento de San Salvador, provocando una efectiva descentralización y oportunidades de desarrollo a nuestros pueblos y a nuestras pequeñas ciudades. Todo tiene un límite, menos, así parece al menos hasta ahora, el universo, que, por más entrópico que sea, tiene aun bastantes calorías para calentarnos.
Los antiguos comprendieron adecuadamente la importancia de vivir a la par de los ríos. Egipto y el Nilo, Roma y el Tíber, Florencia y el Arno, París y el Sena, Londres y el Támesis, Viena y el Danubio, y así.......el Po, y el Volga, y el Amazonas, y el Mississipi, y el Usumacinta, y el Colorado, .........Nosotros teníamos el Acelhuate y el Lempa, !y no es retórica!, ríos uno a la vera de nuestra ciudad, y el otro bañando más de la mitad del territorio con su cuenca. Y Qué hemos hecho de ellos? Las grandes civilizaciones se dieron a la vera de un río. Cómo entonces pretender el desarrollo de nuestra ciudad si tenemos que importar el agua desde Chalatenango y desde Nejapa, e ir a depositar nuestros desechos a esta última ciudad. San Salvador, le animo amigo lector a reflexionar sobre ello, es una ciudad parásita, sin oxígeno para respirar, sin agua para beber, sin energía para vivir. Solución? !Detengamos su crecimiento! Y debo decir que hasta hace unos cincuenta años, San Salvador era todavía una ciudad muy bonita, relativamente limpia, bastante sana, segura, con sus calles rectas a manera de cuadrícula, comenzando hacia los cuatro puntos cardinales en la cruz calle que forman la intercepción de las Avenidas Cuscatlán y España y las calles Arce y Delgado, albergando plazas agradables y amistosas como la Barrios, la  Bolívar, la Libertad, la Venustiano Carranza, con edificios señoriales como el del Telégrafo, el Palacio Nacional, etc. Qué hizo el desarrollo de nuestra capital? Qué hizo el crecimiento de nuestra capital?
Hay un principio básico en ingeniería sanitaria, y es el que las corrientes de agua se limpian solas. Dejemos de contaminar el Acelhuate y dejémoslo en paz. Esperemos un par de años.......!y les aseguro que tendremos río para rato!
Quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga entendedera para entender, que entienda.
Pueblo, !cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, !rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, !levántate y anda!
!Ya basta!
De política? !Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si CoLatino me lo permite.


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