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El Salvador, Lunes 20 de Mayo de 2013
Última actualización : 20/07:01 h.

Viernes, 15 de Junio de 2012 / 08:59 h

¿Fuero o Fuera? crónica de una golpiza diputadil anunciada

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Wilfredo Mármol Amaya.
 Psicólogo y escritor viroleño. 

Aún la frescura de la lluvia irradiaba con ternura el sueño prolongado y reparador, en esas horas donde la paz y la tranquilidad del seno familiar son el común denominador, la brisa hacía mecer pausadamente las cortinas, sus movimientos regalaban  frescura a toda la habitación,  que llegaba a instalarse en el cuerpo,  en medio de las sábanas aterciopeladas, almohadas de plumas de cisnes se amoldaban en los pliegues y en cada borde del cuerpo, piel delicada, la fragancia de las cremas nocturnas aun perduraban con la armonía del momento mágico que brinda la madrugada, cuando recién inicia el invierno. Era la madrugada del domingo 3 de junio, el rey de la casa, la cabeza del hogar llegó borracho y más escandaloso que nunca. Empezó a preguntar por su cartera y su dinero. Luego a levantar la voz, fue a la alcoba y terminó de sacudir a su esposa al caerle intempestivamente encima del cuerpo, luego de enredarse en la orilla de la alfombra. La esposa le repetía de manera reiterada, que no sabía donde estaría la cartera.  “… siempre haces lo mismo, la escondes y luego ni tú mismo recuerdas donde la pones… ”  le hizo entrever.


Sin mediar palabra, fue el justo momento cuando recibió el primer golpe directo al mentón,  seguido de la bofetada a puño cerrado en la mejilla derecha. Brotó la sangre y con ella el temor a seguir siendo golpeada, humillada, maltratada, como muchas veces anteriores. Las ventanas de la casa vecina, encendieron las luces debido a los gritos de la mujer, que cada vez se volvían más tenebrosos, llenos de angustia e impotencia.


La puerta principal  de la lujosa residencia se abrió, por donde salieron esparcidos objetos femeninos, lápiz labial, vanidades, celular, llaves, documentos de identidad y tarjetas de créditos, la cartera de la señora esposa se estrelló contra el asfalto de la calle, cuando el hombre descontrolado muy airado, que parecía endemoniado, echaba a la calle las cosas. De un portazo, el esposo estrepitosamente volvió a cerrar la puerta. Los lamentos de la esposa rogaban clemencia, por los golpes a puño y patada limpia, que el esposo totalmente despersonalizado propinaba al tórax, a las piernas y brazos de la joven esposa. La rubia melena se escudriñó en medio de sus dientes y boca teñida de sangre, saliva y congoja. El ojo derecho notaba el maltrato e cierta hinchazón. De momento quedaron atrás los días y noches de la no muy lejana luna de miel.


La empleada de la casa, una joven campesina, como pudo la tomó entre sus brazos, la incorporó del suelo y le ayudó cruzar la sala, abrió la puerta, ayudó a recoger  los documentos del suelo, llaves del carro; la señora lo encendió como rayo en medio de la oscuridad y en medio de un océano de zozobra, su fiel compañía, temblando todo su cuerpo, se dirigió a la policía,  y con los ovarios en la mano se atrevió a denunciar a su esposo, mostrando los golpes, sangre y laceraciones.


El corazón, el dolor interior y  sentimientos no fueron vistos por los agentes encargados de tomar la declaración, pues estas secuelas no están a la vista del ojo humano. Informó que días antes, se había hecho presente de manera decidida al Tribunal de Familia de la jurisdicción de su domicilio, pero esa nada fácil decisión había quedado en el deposito de la basura, fue desechada como delito de violencia intrafamiliar, pues según la aplicadora de justicia era totalmente improcedente, debido a la calidad de alto funcionario del señor esposo, pues gozaba de fuero, estaba blindado, protegido contra toda posibilidad de ser juzgado como cualquier mortal, de menor categoría. En esa ocasión se le dictaminó: petición fuera de orden, y con ello el ánimo de la esposa se tornó frustración, desencanto, desesperanza aprendida con el agravante, que en esta oportunidad fue alimentada desde la ley misma.


En esos días la esposa anduvo deambulando en su mente el principio constitucional “todos somos iguales ante la ley” incluso estuvo leyendo en silencio y encerrada en si misma, uno de los últimos articulados de la reciente ley en beneficio de la mujer, que declara improcedente las  posibilidades de conciliación en casos de violencia intrafamiliar y de violación sexual, pues no hay fuero que valga. El policía que tomó esa madrugada la denuncia a la golpeada esposa, se dio cuenta que la ignorancia intención, al igual  de los cientos de feminicidios en el país,  expuso a una mujer más a ser vilmente asesinada, nada más ni nada menos que por el ser que juró cuidarla y protegerla, en las malas y en las buenas por toda la vida, su esposo. Policía, un muchacho con apenas 21 años de edad, recién concluía sus estudios en la Academia Nacional de Seguridad,  constató de manera directa, porqué la violencia contra las mujeres, en este paisito nuestro llamado irónicamente El Salvador, se le considera normal, natural, pues llegó a la conclusión que aun persiste la idea que la mujer es propiedad del hombre,  como años atrás, lo había anunciado de manera pública, un tristemente célebre diputado, de cuyo nombre no quiso acordarse, pero si de su apellido Marroquín, “el lugar de la mujer es la cocina”.


Mientras tanto, “ el problema no grave” como fue calificado por la defensa y el alto funcionario, agresor esposo y con una enfermedad que según la Organización Mundial de la Salud, OMS, se denomina alcoholismo, se discernirá al interior de las paredes de vidrio, que deberían denotar la transparencia de cómo se trata al ser humano más apreciado del mundo,  como lo enfatizan los medios de comunicación social en las ofertas del 10 de mayo, pero sólo reflejan la fragilidad de un órgano del Estado, llamado Asamblea Legislativa.  Los casos escandalosos de padres de la patria alcohólicos no es cosa nueva, incluyendo  francotiradores, narcotraficantes y vulgares buseros.


Suele la joven esposa quedarse sumergida en sus pensamientos, mientras familiares y amigos le animan a no desistir, a seguir adelante, a no quedarse anclada en la tristeza y el llanto. Sus pensamientos cuestionan todos los días y noches, desde la fatídica madrugada, ¿Fuero o Fuera?, la historia develará a nuestros nietos y nietas como se resolvió este acto de violencia contra la integridad física y moral, por el único hecho de ser mujer.


Llegó el día en que la joven esposa se hizo presente a las instalaciones de la fiscalía para ampliar sus alegatos sufridos en la madrugada del primer domingo de junio; el joven policía la mira mientras espera en los pasillos,  bajo el acoso de las cámaras amarillas, el hombre de uniforme reflexiona, que mientras esto sucede en el edificio de la fiscalía, a lo largo y ancho del país,  miles de mujeres les es arrebatado el sueño, sin importar la frescura de la lluvia que irradia ternura al sueño prolongado, cuando la paz y la tranquilidad del seno familiar son el común denominador.


Levanta su rostro joven, vuelve la mirada al fiscal asignado y llega a la conclusión, que la mujer es un ser humano y que sus derechos también son inalienables.  Se dice a sí mismo; ¡Basta ya!


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