Alirio Montoya
alimontoya75@gmail.com
Las finanzas públicas son simplemente todos aquellos fondos que maneja el Estado provenientes más que todo de nuestros impuestos y otros ingresos. No soy muy lego en el tema de las finanzas públicas; no obstante, cursé una materia que precisamente así se llamaba: Finanzas Públicas. Y es que en verdad no comprendo las cuestiones que tengan que ver mucho con los números, por supuesto que ello no me hace un analfabeto en materia de finanzas públicas, y por esa razón es que no he sido presa de la campaña que se ha montado en los medios de comunicación de derecha con relación al tema de las finanzas del Estado. He seguido de cerca lo que estos medios de comunicación publican y lo he ido cotejando con ciertas consultas efectuadas. Es verdad que me entiendo mejor con las letras que con los números, pero como decía mi profesor de Economía I y II, “a los números hay que hacerlos hablar”. Al escuchar lo que dicen los traductores de números me he podido percatar que todo es una campaña que esconde algo en su seno que es más ideológico que financiero.
En los medios de comunicación conservadores se ha logrado percibir una poderosa campaña de desprestigio, en el entendido que si en efecto hay una crisis fiscal, estos medios de comunicación y el partido de la oligarquía salvadoreña, es decir ARENA, lo han planteado como un tema que ha llegado a la insostenibilidad, cosa que no es cierta. Antes de entrar en detalles he de aclarar nuevamente que he sido un crítico de las políticas económicas del gobierno, por cuanto, no pretendo defenderlo, pero sí trataré que al menos con lo poco que conozco de finanzas públicas, dejar al descubierto que todo es una campaña no para dañar al presidente Mauricio Funes, sino al FMLN de cara a las elecciones presidenciales de 2014. En ese sentido mi análisis apunta hacia esa realidad que no se puede traslapar.
Es cierto que las finanzas atraviesan un momento delicado pero es producto de ciertos factores que son propios del sistema capitalista y de las malas políticas de endeudamiento de los anteriores gobiernos con relación a las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). El asunto es que el actual gobierno no ha encontrado la estrategia y en consecuencia ni el tacto para desconectarse de esas políticas de endeudamiento no solamente con el FMI sino con el Banco Mundial. Se sabe que tradicionalmente la tendencia ha sido que los gastos del Estado han sido mayores que sus ingresos, razón por la cual los gobiernos naturalmente recurren al endeudamiento. El asunto es cuando el acreedor, en este caso el FMI, impone sus políticas financieras a los países de la periferia como el nuestro, a los cuales no les queda otra opción que aceptar esas cláusulas de adhesión que le imponen estos organismos multisectoriales. Es interesante echar una mirada a la historia de nuestras finanzas públicas para percatarnos que, en verdad, hemos transcurrido por periodos críticos pero que al final han sido superados hasta llegar a obtener unas finanzas públicas balanceadas. Sin la menor duda este ciclo no ha de ser la excepción.
No podemos negar que hay un déficit de caja que ronda por los $400 millones y eso ha puesto al Ejecutivo en serios aprietos. Sin embargo, ante tal situación, el gobierno no debe ceder a lo que yo llamaría un chantaje del FMI relacionado con un monto precautorio de $790 millones en caso de un posible desplome financiero. Lo que debería hacer este gobierno es negociar las deudas con países como Venezuela. Tenemos el ejemplo concreto de Brasil y Argentina quienes negociaron las deudas totales o parciales con Venezuela, y solamente de esa manera pudieron desprenderse de las políticas de endeudamiento del Banco Mundial y del FMI. Así de simple. Esto entraría en el marco de una renegociación de la deuda que según ciertos datos que tengo a mano nuestra deuda asciende a los 13 mil millones de dólares, lo cual es un escenario en el que la deuda se vuelve impagable; por tanto, es urgente que nuestro país busque muy rápidamente desconectarse de las políticas de los países del Norte y buscar una alianza con el Sur; es decir, con Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador, y quien quita que sea muy probablemente con países asiáticos como China.
Por supuesto que ARENA y la oligarquía cuando escuchan la palabra “Sur” les provocan una temblequera y una paranoia porque a lo mejor se ven amenazados sus intereses mezquinos, en el entendido que la riqueza ya no estaría concentrada en pocas manos. Eso es en un primer momento. En otro orden de ideas renegociar la deuda con Venezuela estaríamos evitando que entremos en un desastre financiero y una crisis social como la que está viviendo Grecia, Portugal, España e Irlanda. Es necesario que impere antes que nada la sensatez frente a cuestiones meramente ideológicas por el bien del país, porque ya se escuchan voces estrepitosas que bullen en delirantes e irrisorias consignas alrededor de eso que llaman nuestro “sistema de libertades”, el cual entraría en “peligro” si negociamos con Venezuela. Eso es falso, son falacias que provienen de los voceros de la oligarquía como la ANEP y Cámara de Comercio. No sé realmente a qué libertades se refieren cuando la riqueza nacional está concentrada en pocas manos y los índices de desempleo y pobreza van en aumento. Todo ello alrededor de nuestras finanzas obedece a una siniestra herencia que nos han dejado los gobiernos anteriores.
Naturalmente, ahora que la crisis del sistema capitalista se ve más amenazante y blandiendo su látigo sobre nuestro país, eso es producto de nuestra cercanía no solamente geográfica con los Estados Unidos, sino por lo que yo llamaría un servilismo neocolonial; prueba de ello es que los gobiernos de ARENA dolarizaron la economía y firmaron un TLC con esa nación del Norte que nos dejó en una evidente desventaja competitiva. Todo eso fue un duro golpe para los hogares de las mayorías populares. En esa direccionalidad, el Ejecutivo lo que ha hecho es darle continuidad a esa relación con los Estados Unidos, la cual no ha sido la más correcta. Debe ser una relación natural de cooperación y respeto entre ambas naciones, no así de sometimiento.
A manera de conclusión podemos decir que en verdad estamos ante una crisis normal en el ciclo de las finanzas públicas, lo cual se ha demostrado que es superable, pero que en esta ocasión tenemos la gran oportunidad de desconectarnos de las políticas de los países del Norte y buscar una pronta alianza con el Sur; es decir, esa necesaria relación Centro-Sur. El asunto es que si continuamos adhiriéndonos a esas políticas del FMI y del Banco Mundial jamás lograremos salir de ese círculo pernicioso de endeudamiento y más endeudamiento. Como diría Lenin, equivocadamente pensamos que menos tres es más que menos dos; la política –dice Lenin- se parece más al álgebra que a la aritmética, y mucho más a las matemáticas superiores que a las matemáticas simples.



