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El Salvador, Miércoles 19 de Junio de 2013
Última actualización : 13/07:21 h.

Jueves, 31 de Mayo de 2012 / 07:36 h

Chambala, el producto del trabajo en colectivo

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Texto Zoraya Urbina
Fotografía Karla Miranda y Zoraya Urbina
Redacción Diario Co Latino

En uno de los cerros del municipio de Chinameca, en San Miguel, está el cantón Chambala, considerado una zona de riesgo por ser proclive a los deslizamientos, en un suelo vulnerable a las lluvias.

Chambala acoge cinco caseríos en los que habitan alrededor de 800 personas, quienes saben que el trabajo conjunto es la única manera de proteger su territorio, asegurar su alimentación y tener ingresos económicos.

Uno de los líderes comunitarios, Miguel Ángel Ulloa, quien tiene la responsabilidad de coordinar la ADESCO (Asociación de DesarrolloComunal) del lugar;  la  Cooperativa “Altos del Imbo”, que es la propietaria de las tierras de Chambala, y la Comisión Comunal de Protección Civil, explica que, desde hace doce años, se capacitan y trabajan para cambiar la historia de vulnerabilidad ante los embates de la naturaleza.

“Aquí somos pequeños productores, antes se producía maíz, frijol y cebolla, pero las tierras se lavaban en cada invierno y perdían su fertilidad y causaba daño en la zona baja, o sea, en (municipio) San Jorge, el cantón Hacienda Nueva, en Concepción Batres”, indica.

Con el apoyo de Oikos Solidaridad y TROCAIRE(Agencia Católica Irlandesa de Cooperación) comenzaron a trabajar en el manejo de suelo y la diversificación agrícola, construyeron más de 46 mil metros de acequia de barrera, sembraron árboles, hicieron más de 200 consumideros, que son huecos en la tierra que recogen el agua lluvia que baja del cerro a la calle para evitar alguna inundación, ilustra.

Guillermo Rivera, de Oikos, explica: “tenemos 12 años trabajando en diversos procesos: gestión de riesgo, con enfoque preventivo, lo que se ha hecho por medio de la reforestación, el manejo integral de cuencas, la construcción de obras de conservación de suelo y  de agua”.

Esto se ha logrado con la construcción de barreras vivas  y barreras muertas, es decir, muros de retención construidos con piedras. Las acequias de infiltración, pozos de infiltración, que sirven para prevenir el riesgo y reducir la vulnerabilidad de esos terrenos que antes fueron desforestados por las malas prácticas de los agricultores, asegura Rivera.

“Se ha rehabilitado el suelo y capacitado  a los agricultores y se han sensibilizado y han puesto en práctica lo aprendido, la vida les ha enseñado la utilidad de estos conocimientos”, añade.

Los  cinco caseríos: Chambalita, Arias, Villegas, Ramírez y Guevara, también se preparan en  el tema de seguridad alimentaria. “Hemos combinado las obras de conservación de suelo;  las terrazas con la diversificación de cultivos”, indica Rivera.

La diversificación consiste en sembrar varios tipos de plantas para aprovechar el suelo y tener más opciones de cosecha. En el lugar, se siembra la  papaya, maracuyá, plátano, piña, entre otros.

Rivera afirma que  es una ventaja para los pobladores “porque si se tienen las tierras manejadas y tratadas, en el caso de una sequía se podrán reducir los efectos adversos a la población, porque se les enseña a aprovechar la lluvia y con los cultivos diversificados se
contribuye en la dieta alimenticia”.

En el cantón, además del maíz y del frijol y de los otros cultivos ya citados, se produce cebolla, que antes la sembraba sin conocimiento de ninguna técnica; con los proyectos que se hacen a través de TROCAIRE se construyeron terrazas para sembrarla, “aunque la cebolla degrada los suelos, con estas prácticas ya  no, al contrario se han mantenido”, asegura.

Además, los pobladores comercializan las cebollas, que antes los compradores no querían pagar, pues les decían que no pagaban “cebolla chulona”, añade el líder comunal.

 “Ahora han aprendido al secado y manejo de esta, las venden  y les dan el valor que tienen, se les enseñó a curarla y a secarla y la venden. Se cumple otra parte de los objetivos que tenemos con los cultivos: la producción, acopio, transformación y comercialización del
producto”, expresa Rivera.

Las mujeres de la comunidad también han sido beneficiadas porque producen encurtidos de cebollas, los que, por el momento, comercializan en el mercado local, aunque Rivera dice que el sueño es que la venta les permita la autonomía económica.

PRODEMORO (Proyecto de modernización y desarrollo rural de la región oriental), una institución gubernamental  que  toma proyectos que ya estén en ejecución, también ha apoyado a a la comunidad. Contribuyó a la legalización de la cooperativa, gestionado capacitación, entre otras actividades.

Miguel Ángel señala las ventajas del proceso: “trae buenos resultados, ya protegiendo la tierra, no solamente porque no se inunda sino que llena los mantos acuíferos para abastecer a la gente, ahora hay nueve cantones que tienen agua potable, la que abastece a más de 3 mil
familias, pues aquí  siempre hemos tenido problemas con el abastecimiento”.

Isaías Cuadra, otro de los pobladores, narra que estas prácticas les ayudarán para tener mayores ingresos. “Todos trabajan en equipo para estar más seguros y más protegidos; la gente colabora, lo ve como buena iniciativa de ayuda. La buena organización es fundamental porque el trabajo lo hacen a nivel organizativa, por eso, porque hay unidad”,
concluye.

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