La enfermedad del presidente Chávez, descubre el morboso regocijo de los que no han podido disfrutar por un Presidente Castro postrado. Éste, durante más de sesenta años y el de Venezuela durante diez, han amargado a la más retrógada derecha latinoamericana; seiscientos atentados al primero, y hasta la vida truncada a que la derecha salvadoreña ha condenado al muchacho que mandaron a poner bombas a la Habana, han sido algunos de los actos democráticos de los cubanos miamenses y de los cantores de “sudores sanguinolentos”. Recordemos como nuestra derecha reconoció inmediatamente el gobierno golpista en Venezuela que duró unas horas; máxima metida de pata.
Ahora, usando su prensa sensacionalista y sesgada, están al acecho y manifiestan sus malsanas esperanzas de que el Chávez — que ayudó tanto en Comasagua, que alarga su mano para aliviar en lo que se puede, los altos costos del combustible e incluso en un programa de alimentos — esperan decimos, que la ciencia médica no sea suficiente para curar su enfermedad.
Esperan que pronto no esté ya, quien da las ganancias del petróleo venezolano a programas de salud, de educación, de vivienda; ansían enfermizos, ver que ese dinero quede en manos de las transnacionales. Pero Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, son los países “populistas” donde se gobierna para dejar las ganancias de sus recursos a millones de su población, o Cuba que marca caminos en la educación; pero la derecha clama para acabar con ellos y llevar la democracia de la crisis que da salvataje a los financistas y despide a millones en Europa y USA. Por eso América del Sur se blinda para consolidar un sistema solidario, y si se diera la falta de Chávez, la derecha vería como el modelo no perdería fuerza, sino fructificaría más robusto de esa semilla entregada al bienestar venezolano.



