Archivo     |   Búsqueda    |   DiarioCoLatino FB    |  DiarioCoLatino Twitter

DiarioCoLatino.com
El Salvador, Jueves 23 de Mayo de 2013
Última actualización : 23/07:13 h.

Lunes, 14 de Mayo de 2012 / 08:41 h

Sociedad de convivencia: alternativa a comunidad gay

  Versión para Imprimir

Aura Jarquín
Antropóloga Política
auricjar@gmail.com

Amaos los unos a los otros” debió ser traducido con más precisión para que los no-iluminados gozáramos de la misma claridad que ha guiado a los diputados de las legislaturas 2006-2012 para estar convencidos que sólo se pueden amar “los unos a las otras… es decir, ‘hombre y mujeres’ así nacidos”, para favorecer la ratificación de la reforma constitucional que impide a toda costa la unión legal entre parejas del mismo sexo.


Si reflexionamos un minuto, en que la administración del Presidente Funes se convirtió en el PRIMER gobierno salvadoreño y el último del continente, que en nombre del estado RECONOCIÓ OFICIALMENTE la existencia de los pueblos indígenas en territorio nacional, podríamos deducir que falta muchísimo tiempo antes que el mismo estado reconozca la diversidad sexual y todavía un poco más, para que respete sus legítimos derechos.


Desde mi fe católica, apostólica y romana, creyente y practicante de algunas partes del evangelio más que de otras, no veo problema alguno en que el matrimonio civil y/o religioso como base legal y moral de la familia también sea permitido a parejas del mismo sexo.


Puesto que todos somos hijos de Dios, que nos ama por igual, y de manera muy especial a los que nos hemos salido del redil en muchos momentos. Me resulta obvio que el Señor ama todavía un poco más a los hijos pródigos, desviados o “enfermos” como etiquetan a los homosexuales las personas mezquinas, ignorantes e intolerantes, con doble moral hacia el prójimo y que buscan mandar en vidas ajenas a falta de valor para hacerlo en las propias.


En el mismo sentido, tampoco veo impedimento legal puesto que la Constitución asegura que todos los salvadoreños somos iguales ante la ley y que gozamos de los mismos derechos y obligaciones, hasta que seamos vencidos en juicio y perdamos la libertad ambulatoria o el derecho de votar.


Entonces, sin importar, el color de piel, estatura, profesión, vicios, lugar de residencia, identidad o preferencia sexual: todos tenemos derecho a unir nuestra vida con otra persona para formar un hogar común ya sea por amor, pasión, ambición, compromiso, tradición o por el qué dirán.
Ahora bien, si como sociedad hemos permitido que muchos se beneficien con que la mayoría de hogares sean jefaturados por madres solteras que terminan apoyándose en abuelas, tías, hermanas, primas o comadres para la sobrevivencia y la crianza de sus hijos. Que de raro tiene, como diría Vicente Fernández, que dos mujeres quieran casarse para formar una familia y criar juntas un par de ‘bichos’ como lo vienen haciendo desde tiempos memoriales. Y no es muy distinto el caso de padres ejemplares que han topado a madres irresponsables en la Procuraduría.


Gracias a Dios los homofóbicos organizados “con la verdad en la mano” y bajo la sombrilla del machismo, si están de acuerdo con la unión libre, aunque no con la adopción y menos con el matrimonio religioso, cómo si todos los que buscan tener el acceso al seguro médico de su pareja o a un mancomunado crédito hipotecario, productivo o de consumo, necesitarán la bendición de una iglesia que les desprecia en el nombre de Dios.


Pero como no es mi objetivo convencer de lo contrario a las personas que discriminan desde la tradición o el miedo, más bien me propongo traer a cuenta una vieja alternativa que ha sido exitosa en muchos países como un paso previo a la legalización del matrimonio entre homosexuales y la adopción de niños para esta clase de parejas.


Pues si las pandillas crían a sus “hijos”, sin que nadie se atreva a cuestionarles y menos, a intentar arrebatárselos para garantizarles una vida “digna”. Por qué habría un trato distinto a un par de personas, que al igual que los heterosexuales, serían investigadas bajo los mismos criterios que exige un lento proceso de adopción.


Aquellos que desean seguir pensando que en El Salvador la familia sigue constituida por “mamá, papá e hijos”, olvida a los pequeños que arrastran ‘ma/padrastros’ tras los divorcios, a los abuelos que cuidan nietos mientras los padres trabajan o tíos que crían cuando los hermanos  migran… ahh la familia, definitivamente ya no es como la dibujaban en los libros de la Madre Guillermina o como lo sugiere el logo del Seguro Social.


Por eso creo pertinente que consideremos a la Sociedad de Convivencia que no es un matrimonio (que sólo existe legalmente cuando es celebrado delante de un notario o en el registro civil) y tampoco se trata de una unión en concubinato, que según nuestra legislación solamente existe cuando una mujer y un hombre han vivido juntos cierto número de años.


Más bien esta especie de contrato es un recurso legal para que 2 personas que viven juntas le den rango jurídico al hecho de formar un hogar común, donde podrían establecerse derechos de alimento y sustento, sucesión testamentaria, tutela y relaciones patrimoniales, entre muchos otros.


No olvidemos que los homosexuales al igual que los heterosexuales también son ciudadanos, pagan impuestos, eligen a sus gobernantes y hasta gobiernan, así que veremos quién es el padre o madre de la Patria que se atreve a representarlos dignamente en su curul, sabiéndolos parte de “Juan Pueblo”.


  Versión para Imprimir


Opiniones

14/08:41 | Viva la impunidad para los asesinos de los jesuitas  

14/08:41 | Independencia de la Asamblea está amenazada  Licenciada Norma Guevara de Ramirios

14/08:41 | Alta hora de la noche, una novela para leer  Dagoberto Gutiérrez



publicidad