Isabel Melara y Angel Martínez, se dedican a cultivar su jardín en la entrada del pasaje de su casa. También se dedican a la sastrería. Foto Diario Co Latino/Rosa Campos
Zoraya Urbina
Redacción Diario Co Latino
Cada día, Ángel Martínez y su esposa, Isabel Melara, se levantan antes que el sol y después de una caminata y los quehaceres domésticos, abren su taller de costura, que al frente tiene un florido jardín, y sacan dos bancas en las que ordenan más plantas que se agregan al espacio verde.
“La jardinería me relaja, no siento que pasa el tiempo, cuando siembro plantas paso entretenido y me distraigo de cualquier problema”, dice este sastre, quien aprendió el oficio hace 40 años, cuando recién cumplía los 16. “Lo aprendí por necesidad, a mi no me gustaba”, recuerda.
A los 22 años, una tía le enseñó a Isabel que con tijeras, agujas y habilidad podía ganarse la vida. Ahora, tiene su taller de costura junto a la sastrería de su esposo, con quien lleva 24 años de vida común, tiempo en el que procrearon cuatro hijos y cinco nietos.
Hace un año, ambos descubrieron, casi sin querer, su pasión por las plantas. “Compramos una planta, la cuidamos y nos gustó”, esto trajo más, hasta la fecha tienen más de cien, entre begonias, pelucas, chile de navidad, corazones, claveles, rosas, geranios, orquídeas, monja blanca, centavito.
El matrimonio tiene su improvisado jardín en la acera frente a su casa y taller, es decir “en la calle”, por eso cada noche, entran las dos bancas con varias de sus macetas. Las canastas y los tiestos más grandes quedan afuera, porque, hasta el momento, los vecinos y transeúntes son respetuosos de su vergel.
Para mantener y reproducir las diversas plantas, la pareja recicla todo lo que sirva para colocar tierra, un poco de abono y sus “plantitas”. El deseo de ampliar el improvisado jardín y los pocos recursos, afloraron la creatividad.
Según Ángel, “de repente, ya no había en qué sembrar de tantas que se nos hicieron y buscando ideas, un día vimos que la basura un ventilador, botellas desechables y comenzamos a hacer macetas”.
Todo se aprovecha, pelotas plásticas, llantas, latas, botellas desechables, vasos de durapax, depósitos para sorbetes.
“Él arma las canastas con alambres que encuentra en la basura, aquí todo nos sirve”, indica Isabel.
Por el momento, no venden las plantas, “la gente que pasa, ya varias veces me ha preguntado si las vendo, pero no se me había ocurrido, a saber, tal vez más adelante me animo”, explica.
“Para mi esto es muy recomendable, da una sensación agradable, de tranquilidad, cuando tengo sueño, yo me pongo a sembrar, a abonar, a remover la tierra, cortar la hojarasca, un corazón se me había roto y no lo quería cortar, así que le puse tirro a la hoja para que no se siguiera rompiendo y ahora ahí está, bien recuperada”, dice Ángel.
El sitio de Internet Jardinería.pro asegura que “los trabajos de jardinería son una práctica muy saludable que elevan el autoestima, relajan y mejoran la concentración, la motivación y la tolerancia al trabajo”.
Asimismo, que “estar en contacto con las plantas estimula los lazos con la naturaleza y por este medio vigoriza el equilibrio biológico, psíquico y espiritual, aspectos que se reflejan en una mejor calidad de vida en las personas”.
Además, el reciclaje permite que se puedan re utilizar artículos para funciones diferentes de las que fueron creados. De otra manera, serían basura.
Ricardo Navarro, del Centro de Tecnología Apropiada (CESTA), ha indicado en sendas ocasiones a Diario Co Latino que “se deben realizar cambios culturales a través de políticas y leyes enfocadas a reducir la producción de basura en El Salvador y a incentivar el reciclaje”.
En tanto, Ángel e Isabel, con pocos recursos e información, reciclan y se entretienen cuidando de su jardín, con el que embellecen, no sólo su casa, sino la colonia en la que viven, pues sus plantas son un verdadero colirio para la vista de las personas que pasan.



