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El Salvador, Miércoles 22 de Mayo de 2013
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Martes, 28 de Febrero de 2012 / 08:24 h

“El Estilo de La Palma” y la importancia del mural

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Ricardo García O’Meany
Artista Plástico salvadoreño residee en Los Angeles, CA


Ante la ausencia de documentación que apunten al origen y desarrollo de corrientes artísticas autóctonas, ya sea de Chalatenango u otras regiones de El Salvador que hayan influido en el desarrollo del trabajo del maestro Llort, y sin el afán de proponer que el arte originado fuera del país tenga mayor importancia o contundencia histórica, podría concluirse que las imágenes que ahora son  identificadas como “Estilo de La Palma” parecieran ser una fusión, en forma y colorido, del arte Wixarika de México y el arte Mola de los indios Kuna de Panamá con las figuras de cerámica policromadas de Ilobasco. No obstante que lo anterior ya merezca todo el respeto del mundo, su procedencia podría ser más intrincada.

Hay que entender que el arte de Fernando Llort tiene la facultad de no ser lo mismo que la artesanía de La Palma pero que simultáneamente por sus orígenes o influencias son indivisibles. Una es la creación y expresión plástica de un artista  y la otra la de un producto autentico de arte popular para consumo decorativo o utilitario, sin mas  pretensiones que la de ser vendido.

Bajo cualquier lupa, el trabajo del artista Fernando Llort no es naive, en todo caso, ingenuo seria quien haya mandado a destruir su obra en catedral, si es que no hubiese una razón para ello más que la simple ignorancia.

Salvo las coincidencias que son comunes en arte, el “Estilo de La Palma”, se habría nutrido de diversas fuentes que podrían situarse viendo hacia el sureste, por contraposición a la visión del arte del norte y de occidente.

Por semejanza gráfica y no en contenidos, sus orígenes más bien sugieren el arte popular chileno que en los murales de la Brigada Ramona Parra se expresa con gran vigor desde finales de los años 60. Tal brigada que lleva el nombre de una muchacha de 19 años asesinada por el régimen en turno en 1946, fueron integradas por jóvenes, en su mayoría estudiantes que impulsaron un movimiento muralista a lo largo y ancho de Chile como forma de contrarrestar la propaganda de los medios de difusión masiva en manos de quienes ostentaban el poder. Por trabajar con gran premura y bajo constante persecución y hostigamiento, crearon un tipo de arte en el que las figuras, carentes de volumen, fueron pintadas con una gama limitada de colores, en su mayoría primarios, definiendo su contorno con una línea negra.

Esto marcó el nacimiento de un estilo que también se empleo en la producción de carteles, esencialmente políticos, con el trabajo propagandístico de la candidatura a la presidencia y durante el gobierno del Dr. Salvador Allende.  Al mismo tiempo tal estilo fue implementado en la ilustración comercial para portadas de discos y libros con una mezcla de tipografía “psicodélicas” proveniente del movimiento de “contracultura”  en oposición a la guerra en Vietnam, llegadas desde el norte del continente. 

Otras influencias podrían ubicarse en la obra del pintor uruguayo de origen lituano José Gurvich en la que las figuras sin narrativa explícita, de gran colorido y simple trazo también son definidas por líneas negras.

Posiblemente la mas importante sea  la del  maestro y creador de la “Escuela del Sur” Joaquín Torres García  quien a su vez, influenciado por las concepciones artísticas del holandés Piet Mondrian y el arte nativo-americano, produce la corriente estética que llamo “Universalismo Constructivo” que propone, se produzca un arte que exprese la comunión del ser humano con el orden cósmico mediante la simplificación de las formas hasta llegar a signos para transmitir, a través de ellos, lecturas libres de subjetividad.

Tal como Fernando Llort, el Maestro Torres García era de padre catalán y paso parte de su vida en Europa. Regresó a su natal Uruguay con la intención de dar identidad a su país por medio del arte, y además creyó  que su concepción artística se expandiría por todo el continente, dándole a este una identidad de arte panamericano.

El trabajo pictórico desarrollado por Fernando Llort, esta preñado de la vivencia, de la flora, la fauna, el clima,  luz y  cultura del habitante del pueblo de La Palma. Por lo gráfico y unitonalidad de sus colores, no es difícil concluir que aunado a las habilidades y las necesidades de trabajo de la población, facilitaron la creación de talleres con un estilo propio del lugar.

Por obra del maestro Llort y de todos los trabajadores del arte de La Palma  hoy hay un sello de identidad  que  esta presente en todas partes del mundo donde hay salvadoreños, una especie de cordón umbilical pictórico con el país, mismo que conectaba con la catedral de San Salvador y que fue roto a martillazos de la manera mas grotesca y despreciable.

Ya hay historia de esto en otras partes de América en que la ignorancia y la soberbia destruyeron obras que le pertenecían a la humanidad, afortunadamente también hay historia de recuperaciones como los murales “El primer gol del pueblo de Chile” de Roberto Matta junto a la Brigada Ramona Parra, el de Diego Rivera en el Rockefeller Center de Nueva York o el “América Tropical” de David Alfaro Siqueiros en Los Angeles.

En El Salvador, un país al que el neoliberalismo arrastra al analfabetismo histórico con la inclusión de nuevas tecnologías donde reina el entretenimiento y donde los jóvenes son hipnotizados por los espectáculos del extranjero en detrimento de su propia historia, la memoria puesta al alcance de la vista se vuelve de vital importancia.

Con la destrucción del mural “Armonía de mi Pueblo”, no solo se elimina la huella de la mano creadora de los salvadoreños en el más central de los templos del país. Ahí donde la impunidad de crímenes de lesa humanidad es envuelta con los llamador al perdón y al olvido, también se elimina la razón de su existencia que fue la celebración de un hecho histórico, los acuerdos de paz, por consiguiente, su demolición se lee como un intento de borrar, en términos simbólicos, que ahí hubo una  guerra y por lo tanto las razones que la ocasionaron. Al mismo tiempo, se evidencia la intención de desprenderse de cualquier imagen que vincule a la iglesia con la “Opción Preferencial por los Pobres” que fuera expresión de fe en la acción y que se manifiesta en la practica cooperativa que produjo el “Estilo de la Palma”.

El Salvador de este tiempo requiere, no solo que se restaure el mural destruido en catedral, sino que pide a gritos que se multiplique el arte publico, que se creen cientos, miles de murales, de esculturas, de monumentos; no para complacer a turistas sino para que el pueblo humilde y desposeído se vea retratado desde su propia perspectiva, que se cuente sus logros, sus esperanzas, su historia desnuda en las paredes, sin cubrir la realidad con falsas alegrías. Se necesita contar la verdad de su pueblo, a los jóvenes y a los niños, antes de que se los trague toda la basura del mundo.


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Trazos Culturales



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