René Martínez Pineda*
Coordinador del M-PROUES
Patria estatua, desde el sentimiento sanguíneo empotrado en las espaldas de las plazas públicas hediondas a orines neoliberales y a caca de golondrinas nacionalistas, rehechas a imagen y semejanza del patrón demagógico; desde cualquier sueño de mármol sifilítico; desde cualquier agonía asfáltica; desde la malevolencia festiva de los muros que sucumben al primer escrutinio de los inviernos telúricos. Desde siempre. Desde la noble justeza de las encarnizadas y necias luchas populares que acabaron regadas en el mediodía de tus calles ambiguas y desmemoriadas, y que sólo han servido para cambiar el nombre de los dictadores y ladrones burocráticos… marca la bandera o marca la foto… total, siete años de mala suerte pasan rápido; desde la tortilla con sal y los “frijoles en bala” que, a fuerza de balas y cárceles de máxima inseguridad, son expropiados por las voraces hipotecas que nos sustentan en el campo; desde la fosforescencia de las cicatrices de ocote que nadie reivindica, ni convierte en faro de futuro, ni troca en hoguera, aún siendo tan proféticas como la sed unánime y la desmembración de la familia que amamos; desde el grito -ahogado en la fuente luminosa del centro comercial y en el pozo de los intereses bancarios- que se desahoga de injusticia en la celda, el estadio, la discoteca, el carnaval; desde el vientre oscuro de las montañas que se quedaron vestidas y alborotadas en las gradas del triunfo definitivo ¡eso ya lo dije!... desde siempre, como siempre, nos esperas como se espera el regreso del hijo malo.
Patria himno, patria poema, patria metáfora, desde cualquier canto sin venidera esperanza; desde la palabra del publicista criollo que nos silencia la boca con su hostia de dominical ignorancia consumista; desde cualquier tonada infantil que minimiza la miseria y dolor del niño descalzo que mendiga bajo nuestras narices, en lugar de sacarnos a latigazos porque no somos sus héroes… fuera de mi país santuario, hijos de puta cobardes; desde las rimas estúpidas de los poetas nuevos, que colorean la vieja agonía para ganarse el derecho a publicar libros de dos páginas; desde los gritos carcomidos de las huelgas de brazos caídos que, desde 1944, se acostumbraron a ser tales; desde siempre... hasta la última estrofa de ese siempre, siempre incierto, que revelará lo inmensa que fue la convicción fundada en la oralidad y el trabajo de hormiga; que revelará lo indecible de las cenizas de la ternura de quienes sólo poseen sentimientos, sudores, temores… y una bandera roja.
Patria imagen, patria espejismo, patria oasis, patria tatuaje indeleble, desde cualquier símbolo expropiador de ideas, tradiciones, trastes viejos y lunas; desde cualquier color que siempre es negro en la cama y en el comedor de los cesados y las putas tristes; desde cualquier santo inocuo y cualquier rezo moribundo que nos consuela y nos acusa; desde cualquier fotografía que nos muestra lo que no es; desde la alegría fugaz de los barrios pobres en los primeros días de agosto; desde la huelga de hambre de los piojos y ladillas que denuncian, con su raquitismo crónico, la anemia centenaria de nuestros niños y nuestros jóvenes... desde siempre, tenemos ya cinco siglos de ver tu gesto frío y tus cadenas condenatorias deambulando por el pasillo de un progreso que no nos pertenece: te has convertido en una... mejor guardo silencio, mejor ni lo pienso.
Patria historia, patria leyenda, desde cualquier mentira repetida cien mil veces en las aulas sin letrinas y en los púlpitos mercantiles y electorales; desde toda fábula social inventada, con lujo de detalles tecnológicos, para justificar el derramamiento de la sangre de muchos y la riqueza de unos pocos; desde cualquier memoria sin recuerdos natales; desde el hielo eterno de los cuerpos perdidos que -haciendo malabares indecibles con seis naranjas podridas y tres latas de Coca Cola- se retuercen en el sueño maldito que tiene miedo de despertar; desplegando sus sonrisas truncas y sacándole la lengua a tu acta de independencia; desde cualquier basurero privatizado que está matando de hambre a los perros callejeros, porque hoy se disputan la comida con nosotros; desde la mirada de las abuelas que fueron degolladas por el ejército porque no aprendieron canciones de cuna en inglés, pues siguen empecinadas en hacer las cuentas con reales y cuartillos y colones... no con dólares.
Patria mercancía, juguemos un rato: dame el dolor obligatorio de tu cuerpo que vende nuestros cuerpos en los mercados del norte; dame tu rostro de prócer extranjero y tus recias cadenas de traiciones comerciales... y yo te daré el mar soberano de mis ojos para que desahogues tu pesar y laves tus heridas; dame las negras noches de tus sueños secretos conmigo, y yo te daré mis travesuras visuales con la compañerita de labios deliciosos de mi infancia escolar, para que aprendas a vivir la aventura sin remordimiento; dame la sangre que colorea tu boca que profetiza mentiras, y yo te daré mis puños incondicionales y sin tierra; dame el oasis y el edén de la proliferación de tu pueblo, y yo te daré el aroma mágico de las tortillas calientes que nos mantienen vivos de milagro.
Patria tratado, soñemos un rato: dame el engaño de tu corazón de cristal líquido -ese animal amatorio de sangre fría- y yo te daré la verdad de mi sosa conformidad para que la entierres en tu vientre; dame el último centímetro que cubre tu mirada hermosa, y yo te daré mi ombligo y mis recuerdos tumultuarios; dame la caricia de tu piel encendida bajo el sol de las jornadas sin fin, y yo te daré la piel de barro que se esconde bajo mi piel de plástico.
Patria soberana, madre patria, hagamos un pacto: dame tus amaneceres de ayunos, y yo te daré el beso de las buenas noches para que sueñes con que los angelitos le tienden la cama y le sirven el desayuno a toditos tus niños; dame el mapa de los laberintos y tesoros minerales que te dejas robar, y yo te daré la razón por la que vivo, la razón por la que no puedo morir, aunque tú mueras sin pronunciar las veinticinco letras de mi nombre; aunque muera sin que tus pies lindos, como dos panes desnudos, hagan coincidir sus huellas con mi boca.
Patria estatua, himno, mercancía, tratado, soberana... patria sin patrimonio para sus hijos legítimos… a estas horas de la nostalgia uno no sabe si morir de amor por ti… o simplemente salir huyendo de tu embrujo milenario.



