Pese a que en América Latinano ha habido una tradición o experiencias ejemplares de medios públicos, El Salvador ha iniciado su proceso en esa dirección.
Lo primero que han tenido que hacer es rescatar el remedo de medios nacionales que los gobiernos de derecha convirtieron el canal 10 y la Radio Nacional.
Y es que tanto la radio como la televisión nacional, a puras penas tenían cobertura en un tercio del territorio nacional y no digamos su audiencia por sus contenidos.
Hoy, tanto el canal como la radio, tienen una cobertura de casi el 97% del territorio nacional.
El gobierno del Presidente Mauricio Funes, a través del Secretario de Comunicaciones, David Rivas, y su equipo de colaboradores, le han impregnado un verdadero sentido de medios a los dos únicos medios nacionales.
La mira de Rivas es convertir al canal 10 de televisión y a la Radio Nacional, en medios públicos, o por lo menos, dejar las bases para pasar de medios de gobierno a medios de estados, es decir públicos.
Generalmente, la radio y la televisión nacional han sido instrumentos para difundir el quehacer del gobierno de turno, aunque, los gobiernos de derecha, prefirieron reducirlos a su mínima expresión. Un medio público busca servir no a un gobierno, sino al Estado, a toda la sociedad. En alguna medida, tiene independencia. Por eso es que los medios públicos necesitan también de la publicidad, tanto del gobierno como del sector privado, independientemente del presupuesto gubernamental. Obviamente, la independencia de un medio no se fundamenta en la publicidad, pero, sí contribuye de forma sustancial.
Recientemente, ha sido punto de controversia, de parte de la Asociación de Radiodifusores, el hecho de que la radio y la televisión nacional admitan publicidad.
Por cierto, en el Diario Oficial, tomo 393, de fecha 9 de diciembre de 2011, el Ministerio de Hacienda, a solicitud de la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia, publica el acuerdo por medio del cual se autorizan los precios para la “venta y prestación de servicios proporcionados por medio del Fondo de Actividades Especiales del Sistema Nacional de Medios Públicos”.
Según la Asociación de Radiodifusores, el hecho de que los medios del Estado permitan publicidad “es una competencia desleal”, como si la publicidad fuera exclusiva para el sector privado.
Tanto los medios públicos como los medios comunitarios, deben implantar como política la publicidad, pues eso les garantiza no solo la subsistencia a los segundos, sino también cierta independencia.
Ni la asociación de radiodifusores, ni la empresa privada en general, pueden oponerse a que los medios públicos o gubernamentales acepten publicidad, pues ésta no es exclusividad de los privados. Tampoco pueden quejarse de que los medios públicos o gubernamentales sean competitivos, pues eso va en beneficio de la sociedad.
Y es que en la medida en que la televisión y la radio nacional sean competitivas, en esa medida desarrollarán una labor a favor de la sociedad. Si los medios nacionales o públicos, son fuertes y de buen contenido, obligarán a los medios privados a ser mejores.
Hasta hoy, el medio privado ha estado solo en el mercado, y por eso ha hecho lo que le viene en gana. Los medios públicos están obligados a competir con los privados, no desde la lógica de los privados, sino desde la lógica de la ciudadanía, y esa es la visión de la radio y la televisión nacional bajo la conducción de la Secretaría de Comunicación de la Presidencia.



