El fantasma
Cuento de Néstor Martínez
La sombra se deslizó sobre los rojos ladrillos del viejo muro sobre el cual se recostaban dos amantes de la noche tardía. Confundida su sombra con las sombras, solo el presentimiento hizo que él volteara su cabeza en la dirección que nuestro fantasma llegaba. Tras mirar a su amado, ella también dirigió su vista a las quietas sombras. No es nada, dijo él, ella sonrió, lo miró amante para seguir en el devaneo amoroso.
El fantasma avanzó pegado a la sombra del muro, lo suficiente para escuchar, si pudiera, el jadeo del éxtasis. Entonces fue ella quien fijo su mirada sobre el fantasma, aunque era una sola sombra con la del muro. ¿Qué sucede?, preguntó él. Allí, nos mira... le dijo al oído. Él volvió a mirar. No veo nada, dijo, sin quitar la vista de la sombra. Lo presiento... vámonos. Al momento el fantasma quiso evitar la huida de los amantes y la sombra de su mano emergió de la cuadrada del muro... ambos amantes retrocedieron asustados... es él, susurraron a coro... no se movieron... entonces salió completa la sombra de cuerpo para caer de rodillas ante ellos… tras la sorpresa por el gesto, ella extendió su mano, la que al caer bajo la penumbra sintió el frío de la muerte... quiere decirnos algo, dijo... pero el fantasma no tiene voz, tampoco sus manos pueden aprisionar, solo está de rodillas con la sombra de un brazo extendida... entonces ella recordó, es el hombre que murió de amor... el de esa historia que contaba mi abuela Lia, dijo. Al conjuro del nombre la sombra se alzó, juntó los dedos pulgares e índice para formar un corazón... ¡es él! dijo ella, la historia es cierta... es el hombre que juró amar a mi abuela, que la esperaría hasta la muerte de ella… entonces la sombra empezó a desvanecerse... fue la hora en que la abuela Lia dijo adiós a sus familiares con una sonrisa de amor.



