Estudiantes y miembros de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), participan en una protesta contra el proyecto legal conocido como Ley Hinzpeter, cuyo fin, según el gobierno, es resguardar el orden público, en la ciudad de Santiago, capital de Chile, el pasado enero. (Foto Diario Co Latino/Xinhua/Jorge Villegas)
Por Roser Toll
Santiago/AFP
La nueva ley de inscripción automática y voto voluntario sumará unos cuatro millones de jóvenes al padrón electoral chileno, un país en el que los jóvenes mostraron el año pasado su desencanto hacia la clase política en multitudinarias manifestaciones pero cuya participación en las urnas es una incógnita.
"No me inscribí nunca porque no me dio el tiempo, y luego, pudiendo hacerlo, por decepción del sistema político. Ahora (con la inscripción automática), si me interesa algún candidato para la próxima elección, voy a ir", explica a la AFP Mónica Figueroa, estudiante de 25 años.
"La política no me llama la atención. ¿Por qué me voy a meter en algo que en realidad no entiendo?", asegura por su parte Daniel Barcur, de 18 años.
La nueva ley, promulgada el pasado mes de enero, elimina el trámite que debía hacerse para inscribirse en el padrón electoral -algo que hacía desistir a muchos- y convierte en automática la presencia de los mayores de 18 años en las listas del censo electoral, que había sufrido un envejecimiento profundo.
Además, el voto ya no será obligatorio sino voluntario, con lo que aquéllos que no quieran o no puedan votar no serán sancionados con multas, como pasaba antes.
El actual padrón electoral alcanza a los ocho millones de votantes, y con las reformas aumentará a unos 12,5 millones, el 80% de ellos menores de 35 años, según datos oficiales.
Ahora los políticos "tendrán que jugársela por ganar mi voto", agrega Barcur.
Miles de jóvenes estudiantes como Figueroa y Barcur salieron en 2011 a las calles en las protestas más importantes registradas desde la llegada de la democracia, para pedir un cambio en el sistema educativo heredado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), con más de 40 marchas, tomas de colegios y caceroleos que derivaron en enfrentamientos con la policía.
Pero ahora cabrá ver si esa capacidad de unión y de lucha por sus derechos se traducirán en una mayor participación de los jóvenes en la vida política, conscientes de que son el futuro de Chile.
"Los jóvenes tienen más interés en la política que antes, pero esto no implica que vayan a votar. Hay un rechazo a los políticos, no a la política", describe Miguel Crispi, coordinador general del recién nacido movimiento Revolución Democrática, que agrupa a jóvenes en busca de una regeneración de la democracia chilena.
"Lo que sucedió el año pasado fue que se recuperó la fe y el valor en los proyectos colectivos, la posibilidad de generar cambios, no 'con' sino 'a pesar de' las instituciones", que no ayudaron a canalizar las demandas, explica a la AFP, Noam Titelman, presidente de los estudiantes de la
Universidad Católica de Chile (FEUC).
Ya en las manifestaciones pudo verse una división de posturas entre los que priorizaban la negociación con el gobierno y los que rechazaban frontalmente cualquier diálogo con la clase dirigente, a la que culpaban de los males del sistema.
Algunos líderes de las protestas, como la popular Camila Vallejo o Camilo Ballesteros, de la Universidad de Santiago de Chile, pretenden seguir adelante con sus demandas sin dejar atrás su afiliación al Partido Comunista chileno, al que representarán en los próximos comicios municipales.
Otros, como el ex dirigente de la Universidad Católica, Giorgio Jackson, optaron por participar de nuevos movimientos, como Revolución Democrática, que con 2.500 integrantes está dando los primeros pasos para convertirse en un partido.
"Tenemos que dar el salto desde el involucramiento de los jóvenes para que todas las cosas por las que nos movilizamos puedan llegar a la realidad y no quedarse solamente en las calles de nuestro país", asegura Jackson a la AFP.
Para las próximas elecciones municipales, previstas para fin de año, y de las presidenciales del 2013, el movimiento estudiantil no ha decidido aún si va a llamar a los jóvenes a votar.
"Es un tema sobre el cual aun falta una mayor discusión en el movimiento, donde hay distintas posturas. La heterogeneidad ha sido nuestro sello", señala Titelman.
"Votar en sí mismo no es el problema, sino que haya transformaciones en la oferta política. Es importante preguntarse por qué la gente no ha votado. Y es porque la oferta es escasa y no atrae", agrega por su parte Miguel Crispi.
De momento, los partidos tradicionales se preparan para conquistar estos nuevos votantes potenciales.
"Va a ser una oportunidad para que sin hacer un trámite, puedas opinar. Y te permite hacerlo de forma libre y cuando tu quieras", señala por su parte Sandra Gonzalez, de 22 años.



