Ramón D. Rivas
El encabezado de este artículo es el nombre de la exposición que ayer se ha inaugurado en el Museo Universitario de Antropología de la UTEC. Se trata de una magistral exposición que estará expuesta por tres meses en su sala temporal y que la misma no solo es rica en objetos museográficos que ofrece sino que lleva a la reflexión sobre la historia y la importancia de tan importante herramienta como instrumento regulador del intercambio, necesario en toda sociedad. Muy pocas veces los salvadoreños tenemos oportunidades como estas para conocer sobre nuestra historia económica, sobre sus implicaciones en la sociedad y sobre todo en la política. En lo personal, conocer el origen de la moneda no solo debe basarse en aspectos ligeros como el uso del cacao como primera moneda de intercambio, el acuñamiento de los reales por parte de los españoles o grupos de poder, o la introducción del metal como mecanismo estandarizado de la moneda con un valor intrínseco. El ejercicio en la actualidad debe consistir en saber cómo ha influido el uso de la moneda en las relaciones interpersonales e intergrupales. ¿Cómo el dinero propició el surgimiento de los grupos de poder económico? ¿Cómo la sociedad misma ha evolucionado junto a la moneda?, entre otros aspectos socioeconómicos más. Antes de responder a estas interrogantes haré un breve resumen del origen de la moneda en el mundo y en El Salvador, misma que se puede encontrar fácilmente en la web o en la Sala permanente sobre la Historia de la Moneda en El Salvador la cual se encuentra montada en el Museo Regional de Occidente. Me referiré a algunos aspectos que los considero importantes. LA HISTORIA económica nos enseña que en los tiempos prehispánicos el cambio de productos se hacía mediante el trueque individual. Mientras las necesidades eran reducidas y escasas las mercaderías cambiadas, el trueque se desarrolló sin inconvenientes; pero con la ampliación de los mercados dichas transacciones resultaban de realización difícil, porque exigían que existiera una coincidencia en los deseos de las personas que realizaban el trueque. Cuando el producto ofrecido no era el que necesitaba el otro interesado, había que encontrar una tercera persona que estuviera dispuesta a canjear ese artículo por otro que fuera del beneplácito del operador original. El ejercicio continuado del trueque hizo que algunos productos fueran más demandados que otros, como sucedió con las conchas, flechas y anzuelos en el período de la caza y la pesca; con el ganado vacuno y ovino en el período pastoril, y los granos y tabaco en la etapa agrícola. Si observan en este aspecto el mercado está en su fase embrionaria y el poder empieza a concentrarse en aquellos que tienen excedentes de productos. Años más tarde se empezó a generalizar en diferentes partes del planeta un bien común de cambio entre todos los seres humanos. Nos referimos al oro y la plata, el primero de ellos se ha mantenido desde década pasadas dado que entre otras condiciones reúne la de no sufrir desgaste con el tiempo y tener un valor importante en un pequeño volumen, lo que permite su conservación y transporte. Si intentamos definir el concepto MONEDA podemos referirla como a los artículos que son comúnmente aceptados en pago de mercaderías o servicios y en cancelación de deudas y que se expresan como múltiplos o fracciones de alguna unidad que se considera como el común denominador o medida del valor de las cosas en general. Al tener un factor común entre los grupos o personas, el intercambio de productos y servicios le da vida al mercado mismo y por ende a los mercaderes y consumidores que entran en un juego de poder y que de una u otra forma van consolidando las relaciones de oferta y demanda, teniéndose entre estos concepto a la moneda como el factor determinante para hacer cualquier operación dentro del mercado. En otras palabras, la moneda facilita el cambio de bienes y servicios. Para que sus funciones se cumplan sin tropiezos es necesario que actúe como medio de pago, como común denominador de los valores, como patrón de pagos diferidos y como reserva de valor. Para que sirva como medio de pago, la moneda debe ser aceptada sin inconvenientes. Durante la historia del ser humano se han descubierto aproximadamente 50.000 tipos de dinero primitivo de todo el mundo entre los que se cuentan con pepitas de cacao, conchas marinas, y de tortuga, pájaros, cabelleras, brazaletes, piedras, etc. Pasado el tiempo, los seres humanos empiezan a hacer cosas que habrían de usarse específicamente como dinero, está el caso de China, que se hicieron ladrillos de té que los mercaderes llevaban consigo en sus viajes. El té era un medio de intercambio muy aceptado en todo el Oriente y estas pastillas de té prensado, duraban mucho tiempo. Como todo dinero bueno, se podía dividir en fracciones más pequeñas para poder comprar cosas más pequeñas también. Para ir cerrando nuestro resumen sobre la moneda, podemos asegurar que en nuestra región centroamericana, específicamente los pueblos del territorio salvadoreño, antes de la llegada de los españoles, usaron el cacao como «moneda», puesto que el Chocolate era considerado la «bebida de los dioses». A la llegada de los españoles, quienes introdujeron la moneda metálica, los ahora llamados indígenas continuaron utilizando el cacao como moneda de intercambio, lo que podría decirse que fue el primer momento del “BIMONETARISMO”, en el cual se introduce el dinero extranjero frente a la moneda propia de la región.
Nuestros antepasados utilizaron a razón de ciento sesenta almendras por un Real para hacer sus transacciones comerciales. Todas las monedas utilizadas en América fueron acuñadas en España, hasta que en 1731 se fundó la Casa de la Moneda en Guatemala. En 1883, bajo la presidencia del doctor Rafael Zaldívar, se decretó la Primera Ley Monetaria, adoptándose en El Salvador el «Peso» como unidad monetaria, descartándose el sistema español de división en 8 reales. La nueva ley ocupó como base el sistema métrico decimal, donde el peso equivalía a 10 reales.
El primer banco emisor de moneda fue el Banco Internacional, fundado en 1880; a este banco se le otorgó de manera exclusiva la emisión de billetes, aunque después perdió la exclusividad ante las autorizaciones al Banco Occidental y al Banco Agrícola Comercial. Bajo la presidencia de Carlos Ezeta, se inauguró la Casa de la Moneda el 28 de agosto de 1892; años después, el 1 de octubre del mismo año, como homenaje a Cristóbal Colón en el IV Centenario del Descubrimiento de América, la Asamblea Legislativa reformó la ley monetaria y le dio el nombre de «Colón».
Más sobre la historia de la moneda puede ser leído en el sitio web del Banco Central de Reserva y el documentos elaborado por historiadores que han dedicado tiempo y esfuerzo para poder rescatar los elementos que constituyeron el sistema monetario de nuestro país.
Continuará…



