Incluso a personas de la derecha, se les está escuchando sus temores de que en El Salvador volvamos al militarismo.
Aunque la derecha se aprovechó de sus Gobiernos para continuar engordando la bolsa, no pueden esconder sus recelos a estar expuestos al autoritarismo que de nuevo, además de imponer terror a los sospechosos de crímenes comunes, traerá el bozal a los contrarios al gobierno y – lo que atemoriza a esa derecha — pondrá orden en la desaforada rapiña, permitiéndola selectivamente y no en el desorden actual, en que todo “político” está libre de recetarse sueldos y no hacer su trabajo, darse viajes, viáticos, vehículos de lujo e incluso comidas a precio de hotel, como las muchas veces denunciadas en la Asamblea Legislativa; se les terminará la piñata de darle empleo a sus parientes. Son todas gangas que antes administró la cúpula militar y que no estaban en manos de la “indisciplinada” civilidad; ese temor a perder poder civil desordenado ante el poder militar “disciplinado”, es el que hace expresar reservas a la misma derecha. Pero para quienes optamos por la democracia, el fundado temor es volver a la imposición militarista, tan irresponsablemente aceptada por grandes mayorías de la gente que prefiere recibir órdenes y no tener sus propias opciones.
No es ligereza lo que nos hace temer la vuelta de la militarización. Las señales se multiplican: se piden estados de excepción que facilitan la represión y la arbitrariedad (ya estamos viendo “cateos” donde los policías van con sus pistolas desenfundadas corriendo y atemorizando a los habitantes de colonias pobres). Se piden jueces especiales seguramente con la intención de “legalizar” arbitrariedades; es la negación autoritaria de lo acordado en los Acuerdos de Paz. La Policía Nacional Civil que fue torpedeada primero y luego infiltrada por la derecha, volverá a ser la policía apaleadora con que los militares impusieron su ley e impusieron a sus gobiernos.
Y lo dicho, son tres los factores que harían posible la militarización y aunque pequemos de repetitivos, volvamos a puntualizarlos.
Primero; la angustia que viven los sectores más pobres y que creen que una mortal apaleada al hijo marero del vecino resolverá la delincuencia y quizá su estado de miseria.
Segundo; el interés de USA para mantener bajo el autoritarismo militar el contagio independentista de América del Sur, que amenaza su hegemonía en el continente.
Tercero; el acomodamiento al poder fáctico de la derecha, que hace olvidar irresponsablemente que todos los daños que sufrimos se originan en una propiedad “mal habida”, en la negación de educación y salud, en el aprovechamiento de la pobreza para generarse mano de obra semi gratuita.
El autoritarismo militar es el fértil campo en que medra el egoísmo de la derecha.



