Alberto Romero de Urbiztondo
Escuchamos con frecuencia que nuestra sociedad salvadoreña es profundamente religiosa, con firmes principios cristianos y que, por tanto, las políticas públicas, en especial las de educación y salud sexual y reproductiva, deberían definirse con base a normas y principios morales dictados por las iglesias, ya que se supone que son compartidos por la mayoría de la población. Sin embargo, hay datos que ponen en cuestión estas afirmaciones.
Un diario del país ha publicado “El perfil de la mujer salvadoreña”, que muestra opiniones interesantes. Al preguntar a las mujeres: ¿Qué les da tranquilidad en la vida? Solo el 12.8% dice que Dios y la religión, frente a un 45.0% que dice no tener una vida tranquila. Solo el 3.3% prefiere ver programas religiosos en la TV.
Al preguntar la principal característica que desean que tenga un esposo, solo el 1.5% contesta que sea cristiano. Apenas el 1.3% piensa que una familia debería tener los hijos que Dios quiera. Es especialmente interesante esta afirmación, en un tema en el cual las iglesias intentan imponer sus normas morales en las políticas públicas.
La mayor parte de mujeres, al tomar decisiones sobre su sexualidad y capacidad reproductiva, no se rige por criterios religiosos, como ya señalaba el Informe Nacional de FESAL 2008, en el que el 70.8% de las mujeres católicas en edad fértil afirman usar métodos de planificación, pero de ellas solo el 8.2% utiliza los llamados métodos naturales, únicos permitidos por las jerarquías eclesiásticas, el resto usan otros métodos prohibidos por estas jerarquías.
Comportamiento similar al de las mujeres evangélicas y no religiosas. Y además, las mujeres que no utilizan métodos de planificación, solo en el 2.8% de casos lo hace por razones religiosas.
Vemos que en aspectos muy importantes de la vida personal, como el ejercicio de su capacidad reproductiva, las mujeres toman decisiones con base a criterios no religiosos; por tanto, es un grave error que normas morales religiosas se impongan en políticas públicas de salud o educación, pues no responden a los criterios mayoritariamente aplicados por la sociedad. Una mayoría de la sociedad salvadoreña no se identifica con algunas normas morales defendidas por las jerarquías eclesiásticas y actúa en base a criterios de salud, conocimiento científico, responsabilidad y principios éticos que considera responden mejor a la evolución del conocimiento y al libre ejercicio de su ciudadanía.



