Luis Armando González
La campaña electoral ha comenzado a dominar el debate público. A diferencia de otras jornadas electorales, en las que con una marcada anticipación, la publicidad política se hacía presente en los espacios mediáticos, en calles, avenidas y plazas, la campaña para las elecciones de marzo de 2012 ha tenido un arranque tardío (aunque ceñido a los tiempos legalmente establecidos) y pobre en términos de inversión partidaria en publicidad.
Esto último no deja de llamar la atención, pues institutos políticos que hasta hace poco no dudaban en gastar sumas extraordinarias en propaganda ahora parecieran estar al límite de sus posibilidades financieras.
En este proceso electoral, pareciera que en ARENA no hay suficiente dinero
para sostener el predominio
publicitario de antaño.
En el partido ARENA esto es particularmente llamativo, pues una de sus ventajas históricas –respecto de los demás partidos— fue la enorme disponibilidad de recursos de los que hizo gala en el pasado reciente, lo cual le permitió iniciar con sobrada anticipación sus campañas políticas.
En este proceso electoral, pareciera que en ARENA no hay suficiente dinero para sostener el predominio publicitario de antaño. Así las cosas, su campaña se asemeja en recursos a la de los demás partidos, ninguno de los cuales ha tenido (piénsese en el FMLN, en el ex PDC y el ex PCN, pero también en los nuevos partidos como el PP, el PNL o el FPS) la capacidad financiera de ARENA. Ni siquiera GANA –que a ojos de muchos se perfila como una opción partidaria de la derecha salvadoreña— está gastando de manera extraordinaria en publicidad.
Una relativa modestia económica, pues, caracteriza a esta campaña –por lo menos a estas alturas de enero—. No se sabe si esto cambiará en estas semanas, pero por ahora la moderación en los gastos –con una que otra excepción— es una de las notas características de la actual campaña electoral.
Al igual que está resultando barato al alcalde de San Salvador, Norman Quijano, asociar su nombre con el Salvador del Mundo.
Otra cosa llamativa es la disminución de la pinta y pega de lemas y banderas en postes, cunetas y muros. Están ganando preponderancia los afiches desmontables de plástico y tela en los que, por cierto –y a tono con los cambios electorales recientes— tienen primacía las fotografías con los rostros de los candidatos.
Este tipo de campaña tiene la ventaja de ensuciar menos, además de permitir a los ciudadanos por lo menos conocer el rostro de los candidatos a alcaldes y diputados. No son pocos los candidatos que, ante la escasez de recursos y la necesidad de que la gente los conozca, se han lanzado a campañas directas, de visita casa por casa y visita a los lugares de trabajo. Más cansado, pero más barato.
Al igual que está resultando barato al alcalde de San Salvador, Norman Quijano, asociar su nombre con el Salvador del Mundo. Quiere matar dos pájaros de un tiro: ahorrar dinero, pues los afiches religiosos asociados con él no son caros, y convertir el voto de los capitalinos en un voto religioso. Se trata de una manipulación artera de la fe y de la Iglesia, pero eso sucede a plena luz del día con una complicidad eclesial ciertamente pasmosa.
No obstante, los medios más poderosos no son ajenos a la campaña, de tal suerte que, como en otras coyunturas, están irrumpiendo con sus sondeos de opinión en los cuales, como siempre, ARENA lleva la ventaja sobre el resto de contrincantes, especialmente el FMLN.
Como quiera que sea, los pocos recursos disponibles y los cambios en la forma de votación han dado lugar, de cara a marzo de 2012, a cambios en las campañas de los distintos partidos políticos.
Algunos han apostado más por la promoción de los rostros, en vallas y afiches, de sus candidatos; otros por la campaña en el terreno. El uso de espacios mediáticos, sin haber desaparecido del todo, no es en estos momentos la apuesta principal.
No obstante, los medios más poderosos no son ajenos a la campaña, de tal suerte que, como en otras coyunturas, están irrumpiendo con sus sondeos de opinión en los cuales, como siempre, ARENA lleva la ventaja sobre el resto
de contrincantes, especialmente
el FMLN.
No es este el lugar para un estudio técnico de esas encuestas; sí lo es para decir que las mismas no sólo son parte de la campaña, sino que no les es ajena la propensión a querer orientar el voto ciudadano a partir de los resultados obtenidos en el sondeo.
Esa propensión no es nueva ni extraña en los sondeos que se hacen con una lógica de marketing. Aplicada a las elecciones, la idea es que la gente se identifique con –consuma la marca del— candidato ganador en las encuestas. Si es ganador, es porque la mayoría lo prefiere… Y es mejor estar con el ganador que con el perdedor. Es una lógica burda pero eficaz, como bien lo saben todos los promotores de marcas. Así es que varias de las encuestas que proliferan en época electoral deben interesar no como trabajo científico, sino como trabajo de campaña.
Así está la situación en la actual coyuntura electoral. Hay poca claridad acerca de las tendencias electorales reales. Y quien diga que tiene certidumbre sobre los mismos no es digno del mayor crédito. Quizás a medida que se acerque el día de la votación esas tendencias se hagan más claras. Por ahora, los distintos partidos y sus candidatos están posicionándose en el imaginario colectivo.



